{"id":2099,"date":"2012-11-09T01:48:41","date_gmt":"2012-11-09T01:48:41","guid":{"rendered":"http:\/\/periodicoelamanecer.wordpress.com\/?p=2099"},"modified":"2012-11-09T01:48:41","modified_gmt":"2012-11-09T01:48:41","slug":"antipsiquiatria-deconstruccion-del-concepto-de-enfermedad-mental","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elamanecer.noblogs.org\/?p=2099","title":{"rendered":"Antipsiquiatr\u00eda: Deconstrucci\u00f3n del concepto de enfermedad mental"},"content":{"rendered":"<div style=\"text-align:justify\"><figure id=\"attachment_2100\" aria-describedby=\"caption-attachment-2100\" style=\"width: 345px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"http:\/\/periodicoelamanecer.wordpress.com\/2012\/12\/09\/antipsiquiatria-deconstruccion-del-concepto-de-enfermedad-mental\/antipsiquiatria\/\" rel=\"attachment wp-att-2100\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-2100\" alt=\"Seg\u00fan Thomas Szasz, la Psiquiatr\u00eda Institucional se ha convertido en una agencia represiva de control social.\" src=\"http:\/\/periodicoelamanecer.files.wordpress.com\/2012\/12\/antipsiquiatrc3ada.jpg\" height=\"234\" width=\"345\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-2100\" class=\"wp-caption-text\">Seg\u00fan Thomas Szasz, la Psiquiatr\u00eda Institucional se ha convertido en una agencia represiva de control social.<\/figcaption><\/figure><\/p>\n<p><strong>El discurso de la psiquiatr\u00eda<\/strong><\/p>\n<p>Caracteriza a las disciplinas, cuando se consolidan, el poseer un lenguaje propio, un lenguaje que las constituye y funda. Tal lenguaje se consolida a partir de la interacci\u00f3n, entre el lenguaje \u201cnatural\u201d o corriente\u201d y el discurso cient\u00edfico.<\/p>\n<p>Lo que llamamos \u201cdiscurso cient\u00edfico\u201d es un espacio de representaci\u00f3n colectiva en el cual se da la ciencia como actividad humana. El trabajo de la ciencia consiste en una permanente reformulaci\u00f3n de sus objetos. <!--more-->De hecho, las disciplinas cient\u00edficas pueden caracterizarse como discursos que crean y re-crean los objetos de los cuales \u201cfabrican\u201d enunciados. Estos arte-factos se convierten, cuando el di\u00e1logo y la pol\u00e9mica fructifican, en factos. Los \u201chechos\u201d de la naturaleza suelen ser el resultado de disputas zanjadas. Las \u201cverdades\u201d de la ciencia no son el fundamento de las comunidades cient\u00edficas. Las comunidades cient\u00edficas son comunidades de problemas y, sobre todo, de ret\u00f3ricas. Una f\u00edsico reconoce a otro f\u00edsico por su modo de concebir y desarrollar enunciados veros\u00edmiles sobre alg\u00fan inter\u00e9s com\u00fan.<\/p>\n<p>Es necesario pues, estudiar el discurso cient\u00edfico en tanto que discurso, hay que reflexionar sobre sus or\u00edgenes y modo de constituci\u00f3n, hay que aceptar que no es s\u00f3lo un producto sino una fuerza productiva. La realidad es una narrativa exitosa. Es aquello que se hace hablando en una comunidad de reconstrucciones de objetos que s\u00f3lo existen en tanto se habla de ellos de una determinada manera.<br \/>\nEl discurso del especialista no es m\u00e1s que una diferenciaci\u00f3n, a veces deformada, del lenguaje corriente. Especialmente en las disciplinas cuya formalizaci\u00f3n discursiva no es de orden matem\u00e1tico y que basan su progreso m\u00e1s bien en la acumulaci\u00f3n y ordenamiento de enunciados con contenido emp\u00edrico. La verosimilitud, que no es precisamente la verdad sino una narrativa exitosa, es el logro al que aspira la ciencia. Sus instrumentos se perfeccionan en direcci\u00f3n a una ret\u00f3rica convincente, el argumento que da cuenta del m\u00e1ximo n\u00famero de fen\u00f3menos, que a la vez resulta econ\u00f3mico y elegante por su precisi\u00f3n. Tal es el caso del discurso de la psiquiatr\u00eda.<\/p>\n<p>Puede ser que la psiquiatr\u00eda y otras disciplinas de car\u00e1cter antropol\u00f3gico-m\u00e9dico no sean comparables a las ciencias que la tradici\u00f3n considera fundamentales, dado que en ella son evidentes ciertos rasgos de mutabilidad y obsolescencia que el historicismo ha considerado inherentes a la realidad social. Es innegable el impacto de la cultura y la \u00e9poca en la constituci\u00f3n de un vocabulario t\u00e9cnico y de su repertorio de conceptos. No son pocos los ejemplos en los que una afortunada expresi\u00f3n abri\u00f3 insospechados caminos a la investigaci\u00f3n y la pr\u00e1ctica. No son escasos, tampoco, aquellos en que una palabra, por ese proceso que Luk\u00e1cs llam\u00f3 \u201creificaci\u00f3n\u201d, se convirti\u00f3 en cosa, creando un espejismo, un pseudo problema en torno al cual se articul\u00f3 un modo de hablar y se fundaron subdisciplinas y especialidades completas, hasta el punto de hacer pensar -c\u00e1ndidamente- que se avanzaba en las profundidades de la realidad natural. Un claro ejemplo de estos t\u00e9rminos desorientadores que se son extra\u00f1amente fruct\u00edferos fue la voz esquizofrenia.<\/p>\n<p>Ahora bien, otro problema referido al estatuto del saber psiqui\u00e1trico es el del discurso inquisidor, la forma en que emplaza sus constructos como dispositivos del poder, de modo tal que una misma expresi\u00f3n en boca de un profano carece del peso -o las consecuencias en el orden m\u00e9dico-jur\u00eddico- que tiene si es dicha por un perito psiqui\u00e1trico. Supongamos que alguien rotula a un individuo de \u201cdemente\u201d.<\/p>\n<p>Obviamente, la \u201cverdad\u201d no interesa para poner en marcha, por ejemplo, el sistema de atenci\u00f3n m\u00e9dica. S\u00f3lo la reconstrucci\u00f3n t\u00e9cnica de lo designado por el vocablo es v\u00e1lida socialmente. Y ello, en virtud de ser el t\u00e9rmino usado por alguien que \u201csabe\u201d. Saber, en este caso, supone que el instrumental ling\u00fc\u00edstico ha sido previamente \u201csocializado\u201d en usos y contextos espec\u00edficos por parte de qui\u00e9n profiere la expresi\u00f3n. Participar, en rigor, de una tradici\u00f3n que valida el uso.<br \/>\nAs\u00ed el trabajo de investigaci\u00f3n, en cualquier disciplina, consiste en construir significados o, lo que es casi id\u00e9ntico, inventar objetos para hablar de ellos. El lenguaje es la realidad constitutiva esencial de toda ciencia y tambi\u00e9n de toda pr\u00e1ctica social. Una y otra se perpet\u00faan por la ense\u00f1anza, que es la reconstrucci\u00f3n perenne de los significados sociales.<\/p>\n<p>Hacer del discurso de la psiquiatr\u00eda el punto central de la indagaci\u00f3n, estudiarlo en sus mutaciones y en sus permanencias, no significa otra cosa que detenerse en su opacidad.<\/p>\n<p>Los usos determinan el pensar. Muchos usos de la ciencia psiqui\u00e1trica de frontera no son ajenos. Se han gestado en otras realidades, responden a distintos desaf\u00edos. Su impronta en el lenguaje nos obliga a veces a decir lo que no queremos, o a querer, lo que no decimos. Espera, en embri\u00f3n, una psiquiatr\u00eda latinoamericana que no sea simple recuerdo ni tampoco soberbia ignorancia y pintoresco localismo. Esa \u201cciencia solitaria \u201dno se basar\u00e1 en la negaci\u00f3n de s\u00ed ni en negaci\u00f3n de otras. Debe basarse sobre un di\u00e1logo de permanente reconstrucci\u00f3n. Para hacerla, es fundamental detenerse en el discurso, que la expresa y constituye.<\/p>\n<p><strong>El concepto de enfermedad mental<\/strong><\/p>\n<p>La teor\u00eda de la enfermedad mental es cient\u00edficamente imprecisa y su estatuto esta a\u00fan por definirse. La psiquiatr\u00eda como instituci\u00f3n represora es incompatible con los principios de una sociedad democr\u00e1tica y libre, y debe ser abolida. Al negar la validez cient\u00edfica de la teor\u00eda de la enfermedad no se esta negando la realidad de las enfermedades neurol\u00f3gicas, la locura, el crimen, el consumo de drogas y los conflictos sociales.<\/p>\n<p>El concepto de enfermedad mental tuvo su utilidad hist\u00f3rica pero en la actualidad, es cient\u00edfica m\u00e9dica y jur\u00eddicamente inapropiado, as\u00ed como moral y pol\u00edticamente incorrecto por las razones que veremos en este art\u00edculo.<\/p>\n<p><strong>El mito de la enfermedad mental y la fabricaci\u00f3n de la locura.<\/strong><\/p>\n<p>En 1961, Thomas Szasz, m\u00e9dico psiquiatra, psicoanalista y actualmente Profesor Em\u00e9rito de la Universidad del Estado de New York, public\u00f3 El mito de la enfermedad mental, que inici\u00f3 un debate mundial sobre los denominados trastornos mentales. Szasz anota que la mente no es un \u00f3rgano anat\u00f3mico como el coraz\u00f3n o el h\u00edgado; por lo tanto, no puede haber, literalmente hablando, enfermedad mental. Cuando hablamos de enfermedad mental estamos hablando en sentido figurado, como cuando alguien declara que la econom\u00eda del pa\u00eds est\u00e1 enferma. Los diagn\u00f3sticos psiqui\u00e1tricos son etiquetas estigmatizadoras aplicadas a personas cuyas conductas molestan o ofenden a la sociedad. Si no hay enfermedad mental, tampoco puede haber hospitalizaci\u00f3n o tratamiento para ella. Desde luego, las personas pueden cambiar de comportamiento, y si el cambio va en la direcci\u00f3n aprobada por la sociedad es llamado cura o recuperaci\u00f3n.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, lo que la gente llama enfermedad mental como tal, no existe. Lo que hay son conductas, conductas anormales. Enfermedades son cosas como el c\u00e1ncer y la hipertensi\u00f3n, por ejemplo.<\/p>\n<p>En la mayor\u00eda de las as\u00ed llamadas enfermedades mentales, no hay un correlato org\u00e1nico, una lesi\u00f3n neurol\u00f3gica, un trastorno qu\u00edmico, no hay un gen de la locura. ; salvo en situaciones excepcionales como la depresi\u00f3n end\u00f3gena, donde hay un problema a nivel de neurotransmisores (serotonina), pero si es una enfermedad es una como cualquier otra, no constituye una categor\u00eda aparte, ella -como cualquier otra- puede ser medicada, lo que es distinto a ser sedada, mantener en un estado de semi-inconsciencia; y si puede ser tratada a\u00fan cuando sea cr\u00f3nica, como la diabetes, no se justifica que existan Hospitales especiales -segregados- como el Psiqui\u00e1trico, la Cl\u00ednica, etc. , la locura no es contagiosa.<\/p>\n<p>Existen diferencias pol\u00edtico-religiosas entre ayudar a alguien con su consentimiento y tratar a alguien con drogas a la fuerza. El psiquiatra dice que el paciente est\u00e1 enfermo y que est\u00e1 sufriendo, mientras el enfermo pide que lo dejen en paz.<\/p>\n<p>Thomas Szasz dirige pues el combate contra los internamientos psiqui\u00e1tricos- se\u00f1ala, como se ha anotado que la enfermedad mental no existe y que los \u201clocos\u201d tratan de decirnos cosas inc\u00f3modas, lo que no queremos o\u00edr. La sociedad cuenta con los psiquiatras para silenciarlos. Esta conspiraci\u00f3n de silencio es lo que denuncia Szasz. Lo que se denomina enfermedades mentales son los comportamientos de individuos que nos perturban. La esencia de la locura es el disturbio social y el tratamiento que se aplica a aquellos que la \u201cpadecen\u201d se asimila al de un cargo pol\u00edtico en el marco de un Estado totalitario, el de disidencia. As\u00ed la psiquiatr\u00eda es tambi\u00e9n un emplazamiento de lo que se ha dado en denominar el Estado Terap\u00e9utico, caracterizado por una excesiva sociedad excesivamente medicalizada y una cultura que tiene como correlato el crecimiento desmedido de la industria farmac\u00e9utica y sus obscenas ganancias, llegando a constituir una de las \u00e1reas de actividad econ\u00f3mica m\u00e1s rentables y pujantes.<br \/>\nSi la esquizofrenia es una enfermedad del cerebro como, digamos, la enfermedad de Parkinson, o la enfermedad de Alzheimer, o la esclerosis m\u00faltiple, \u00bfc\u00f3mo es que en muchos pa\u00edses hay leyes especiales de salud mental que obligan al internamiento o al tratamiento forzado de los llamados esquizofr\u00e9nicos? Pero se sabe que no hay leyes especiales para el tratamiento coercitivo de las pacientes con Parkinson, Alzheimer y esclerosis m\u00faltiple.<\/p>\n<p>Al se\u00f1alar que la esquizofrenia es parte del mito moderno de la enfermedad mental, no se intenta negar la existencia de la locura. De hecho, la locura abunda dentro y fuera de los manicomios (ahora llamados hospitales mentales). Lo que estoy cuestionando es la veracidad cient\u00edfica de categorizar lay tratarla como una enfermedad leg\u00edtima tan curable como una apendicitis o una neumon\u00eda. La locura, en su sentido cl\u00e1sico y literario, es m\u00e1s bien un asunto personal (anormalidad) o pol\u00edtico (desacato o disidencia).<\/p>\n<p>La Psiquiatr\u00eda Institucional comprende todas las intervenciones impuestas a las personas por los dem\u00e1s. Estas intervenciones se caracterizan por la completa p\u00e9rdida, por parte del denominado paciente, del control de la relaci\u00f3n con el psiquiatra. Su aspecto econ\u00f3mico m\u00e1s importante es que el psiquiatra es un empleado pagado por una entidad privada o p\u00fablica. Su caracter\u00edstica social m\u00e1s destacada es el uso de la fuerza o del enga\u00f1o.<\/p>\n<p>Ahora bien, Szasz no es el \u00fanico, pero ha sido uno de los primeros en denunciar la represi\u00f3n de la locura con su cortejo de camisas de fuerza, encierros, electroshocks, lobotom\u00edas y embrutecimientos qu\u00edmicos. Michel Foucault lo hizo en Francia con su c\u00e9lebre Historia de la locura, y Ronald Laing prosigue un combate parecido en Gran Breta\u00f1a. \u201cEstoy al lado de Foucault -dice- en cuanto a denunciar la opresi\u00f3n psiqui\u00e1trica, pero me separo totalmente de \u00e9l en el an\u00e1lisis y las soluciones. \u201dFoucault ve\u00eda en los asilos un instrumento de represi\u00f3n de la burgues\u00eda contra las \u201cclases peligrosas\u201d. Esto es hist\u00f3ricamente falso, se\u00f1ala Szasz.<\/p>\n<p>Los primeros asilos fueron creados en Gran Breta\u00f1a por la aristocracia para impedir que sus miembros \u201cdesviados\u201d disiparan su fortuna. El diagnostico de locura ha sido, y sigue siendo, un medio para desembarazarse de los que molestan. El loco es el que perturba, cuestiona, acusa. La locura no puede, por otra parte, ser definida con ning\u00fan criterio objetivo.<\/p>\n<p>Tomemos la esquizofrenia: es el diagn\u00f3stico de \u201clocura\u201d m\u00e1s corriente. Los psiquiatras tratan de hacernos creer que existe con el mismo t\u00edtulo que el c\u00e1ncer o una \u00falcera. En la mayor\u00eda de casos, lo que se llama esquizofrenia no se corresponde con ning\u00fan desarreglo org\u00e1nico. Debe dejarse de afirmar que, detr\u00e1s de cada pensamiento torcido, hay una neurona torcida. Si \u00e9ste fuera el caso, precisa Szasz, habr\u00eda que tratar la esquizofrenia como cualquier otra. Otros exig\u00edan medidas m\u00e1s dr\u00e1sticas, especialmente los paladines de lo que se llam\u00f3 \u201cmovimiento antipsiqui\u00e1trico\u201d, el cual tuvo mucho reconocimiento en las d\u00e9cadas de 1960 y 1970. Sus principios eran variados y controvertidos: la enfermedad mental no era una realidad objetiva de comportamiento o bioqu\u00edmica sino una etiqueta negativa o una estrategia para lidiar con un mundo loco; la locura ten\u00eda su propia verdad y la psicosis, en tanto que proceso de curaci\u00f3n, no deber\u00eda ser suprimida farmacol\u00f3gicamente.<\/p>\n<p>No existe siquiera un m\u00e9todo objetivo para describir o dar a conocer los descubrimientos cl\u00ednicos sin recurrir a la interpretaci\u00f3n subjetiva y tampoco se cuenta con una terminolog\u00eda uniforme y precisa que comunique exactamente lo mismo a todos. Por consiguiente, se tienen profundas divergencias en el diagn\u00f3stico, hay un influjo continuo de nuevos t\u00e9rminos y una nomenclatura que no deja de cambiar, as\u00ed como un exceso de hip\u00f3tesis que tienden a ser presentadas como hechos. Adem\u00e1s, la etiolog\u00eda sigue siendo especulativa, la patog\u00e9nesis sumamente oscura, las clasificaciones predominantemente sintom\u00e1ticas y, por tal, arbitrarias o posiblemente ef\u00edmeras; el tratamiento f\u00edsico es emp\u00edrico y est\u00e1 sujeto a modas mientras que la psicoterapia se halla a\u00fan en pa\u00f1ales y suele ser doctrinaria e ideol\u00f3gica.<\/p>\n<p><strong>Antipsiquiatr\u00eda y derecho<\/strong><\/p>\n<p><em>La psiquiatrizaci\u00f3n del crimen y la humanizaci\u00f3n de la pena.<\/em><\/p>\n<p>Esta psiquiatrizaci\u00f3n del crimen ha dado origen al mito del paciente mental peligroso: con bastante frecuencia los medios masivos de comunicaci\u00f3n informan sobre un crimen al que, enseguida y tras la entrevista a un psiquiatra o psic\u00f3logo, se le endilga el calificativo de trastorno mental. Aunque no hay ninguna evidencia de que los llamados pacientes psiqui\u00e1tricos son m\u00e1s peligrosos que los normales (la situaci\u00f3n actual apunta m\u00e1s bien a todo lo contrario), el mito del paciente mental peligroso se resiste a morir.<\/p>\n<p>El consumo de drogas legales e ilegales. Aunque la humanidad ha usado (y abusado de) drogas tales como el alcohol, la coca, la marihuana, el opio y sus derivados, y el tabaco durante siglos, el llamado problema de la droga, o drogadicci\u00f3n, o farmacodependencia, o abuso de drogas fue una creaci\u00f3n del siglo XX con la promulgaci\u00f3n de las primeras leyes antidrogas , y la inclusi\u00f3n del uso de ciertas drogas en la lista oficial de trastornos mentales de la Asociaci\u00f3n Psiqui\u00e1trica Americana. Hasta ese entonces, no ten\u00edamos el llamado problema de la droga, ni la palabra drogadicci\u00f3n ten\u00eda la connotaci\u00f3n peyorativa que hoy tiene.<br \/>\nD\u00e9cadas m\u00e1s tarde, la guerra antidrogas, supuestamente ejecutada para erradicar el consumo, es llevada a cabo con tanta insensatez y ferocidad que sus terribles consecuencias (un ambiente de persecuci\u00f3n inquisitorial, criminalidad, corrupci\u00f3n, da\u00f1o ecol\u00f3gico y toxicidad agregada por la impureza) han terminado por afectar a toda la sociedad.<\/p>\n<p>La historia de la ciencia est\u00e1 llena de teor\u00edas y modelos que fueron descartados una vez que se lograron avances que permitieron un conocimiento preciso de los fen\u00f3menos. No veo por qu\u00e9 no va a ocurrir lo mismo con la teor\u00eda de la enfermedad mental. Nos corresponde a los cient\u00edficos la responsabilidad social de revisar cr\u00edtica y constantemente el estado de nuestros conocimientos para as\u00ed ponernos al d\u00eda en nuestra labor.<\/p>\n<p>La teor\u00eda de la enfermedad mental tuvo, pues, su utilidad hist\u00f3rica hasta el siglo pasado pero es, en la actualidad, cient\u00edfica y m\u00e9dicamente anticuada pues permite diagnosticar y tratar como enfermos mentales a pacientes con enfermedades cerebrales o de otro tipo que cursan con trastornos involuntarios de conducta; y es moral y pol\u00edticamente da\u00f1ina porque se ha vuelto una cortina de humo para toda una serie de problemas econ\u00f3micos, existenciales, morales y pol\u00edticos que, estrictamente hablando, no requieren terapias m\u00e9dicas sino alternativas econ\u00f3micas, existenciales, morales y pol\u00edticas.<\/p>\n<p>En Gran Breta\u00f1a el l\u00edder de la antipsiquiatr\u00eda fue el igualmente carism\u00e1tico Ronald Laing (1027-1989), un psiquiatra de Glasgow inspirado por la filosof\u00eda existencialista de Sartre. \u00c9ste advierte, con un aforismo t\u00edpico, que \u201cla locura no es necesariamente s\u00f3lo colapso sino tambi\u00e9n descubrimiento. Es una liberaci\u00f3n potencial y una renovaci\u00f3n lo mismo que esclavitud y muerte existencial\u201d. En 1965 fund\u00f3 el Kingsley Hall, una comunidad (se evitaba el t\u00e9rmino \u201chospital\u201d) en un barrio obrero al este de Londres donde los residentes y los psiquiatras viv\u00edan bajo el mismo techo, estos \u00faltimos estaban all\u00ed para \u201cayudar\u201d a los pacientes a superar las largas regresiones que caracterizan a la esquizofrenia. Laing fue un brillante escritor que se granje\u00f3 un circulo de seguidores durante el tiempo de la contracultura y las protestas estudiantiles contra la guerra de Vietnam. Pel\u00edculas como Family Life (1971) y Atrapado sin salida (One Flew Over the Cuckoos Nest, 1975) suscitaron opiniones en contra de los asilos crueles y el papel polic\u00edaco y normativo de la psiquiatr\u00eda.<\/p>\n<p>Se ha hablado de una \u201cfabricaci\u00f3n de locura\u201d para designar aquella pr\u00e1ctica que consiste en asignar etiquetas psiqui\u00e1tricas -rotular- a personas que son extra\u00f1as, que plantean un desaf\u00edo o que representan una supuesta plaga social. En este desenfreno estigmatizador, los psiquiatras org\u00e1nicos no son menos culpables que Freud y sus seguidores, cuya invenci\u00f3n del inconsciente -seg\u00fan alega Szasz- prest\u00f3 nuevos br\u00edos a difuntas metaf\u00edsicas de la mente y teolog\u00edas del alma.<br \/>\nLa antipsiquiatr\u00eda, asociada fundamentalmente con pol\u00edticas de izquierda, reclamaba la desinstitucionalizaci\u00f3n de las pr\u00e1cticas psiqui\u00e1tricas. Al mismo tiempo y desde un \u00e1ngulo totalmente diferente, los pol\u00edticos de la extrema derecha, incluyendo a Ronald Reagan en los Estados Unidos y Margaret Tatcher en el Reino Unido, dieron su apoyo a la \u201casistencia comunitaria\u201d ya que se opon\u00edan a la idea de un Estado benefactor y les interesaba eliminar esas costosas camas de los hospitales psiqui\u00e1tricos. Enfermedad, y no hacer de los enfermos mentales una categor\u00eda aparte, a los que se encierra y se cuida de manera imperativa.<\/p>\n<p><strong>El psiquiatra es el inquisidor del siglo XX<\/strong><\/p>\n<p>\u201cPara comprender el papel de la enfermedad mental en nuestra sociedad, conviene saber que nos encontramos en presencia de un fen\u00f3meno religioso, no cient\u00edfico. \u201d El diagn\u00f3stico de \u201clocura\u201d, a\u00f1ade Szasz, ha sucedido, en nuestra civilizaci\u00f3n occidental, a la \u201cposesi\u00f3n\u201d. La bruja, los pose\u00eddos, molestaban, y eran, por tanto, eliminados por los inquisidores en nombre de la verdadera fe. Hoy, los psiquiatras son los nuevos inquisidores, y proceden a una eliminaci\u00f3n semejante, pero ahora en nombre de la \u201cverdadera\u201d ciencia. Anta\u00f1o se cre\u00eda en la religi\u00f3n; hoy en la ciencia.<\/p>\n<p>Una prueba adicional, seg\u00fan Szasz, del car\u00e1cter pseudo-cient\u00edfico de la enfermedad mental es la evoluci\u00f3n de los diagn\u00f3sticos seg\u00fan las costumbres y las variantes culturales. A fines del siglo XIX, los psiquiatras trataban sobre todo a los hist\u00e9ricos y epil\u00e9pticos. La hist\u00e9rica, como la bruja de la Edad Media, era generalmente una joven. De hecho, explica Szasz, la histeria no es otra cosa que una categor\u00eda verbal inventada por Charcot, el maestro de Freud, para medicalizar los conflictos que surgen entre las mujeres j\u00f3venes y su entorno. Hoy, la histeria ha desaparecido pr\u00e1cticamente -y sin tratamiento-, como diagn\u00f3stico a ca\u00eddo en desuso. Ha sido reemplazada por la esquizofrenia y la paranoia. La conclusi\u00f3n de Szasz es que \u201clo que nos molesta ha evolucionado\u201d. Ahora bien, los pretendidos enfermos mentales buscan precisamente incomodarnos: \u201cLa enfermedad mental es la mayor\u00eda de las veces una representaci\u00f3n destinada al p\u00fablico. \u201d La esencia de la locura es el disturbio social. Pero los \u201clocos\u201d hacen algo m\u00e1s que molestarnos. A pesar suyo, nos prestan tambi\u00e9n eminentes servicios. El concepto de \u201cenfermedad mental\u201d nos permite acomodar comportamientos que nos cuesta aceptar que puedan ser normales y ello porque atentan contra nuestro narcisismo primario. Conductas como, por ejemplo, el \u201ccrimen\u201d. Hoy \u201clos criminales ya no son ejecutados; sino son tratados\u201d , este es uno de los alegatos de la antipsiquiatr\u00eda.<\/p>\n<p>El concepto de \u201cenfermedad mental\u201d puede llegar a ser \u00fatil, -para gente interesada-\/ nos presta eminentes servicios. El concepto de \u201cenfermedad mental\u201d nos permite acomodar comportamientos que nos cuesta aceptar que puedan ser normales. Por ejemplo, el \u201ccrimen\u201d.<\/p>\n<p>Un ejemplo: En el estado de Florida, un condenado a muerte no puede ser ejecutado porque los psiquiatras de la prisi\u00f3n lo encuentran demasiado loco para sufrir su pena \u00bfHay que curarle, para poder ejecutarlo? pregunta Szasz<br \/>\nLos criminales ya no son ejecutados, sino que so tratados. La gente busca la enfermedad mental o la locura detr\u00e1s del crimen; pero en la mayor\u00eda de los casos el criminal es normal y lo bastante inteligente para hacer cr\u00edmenes complejos.<br \/>\n\u00bfPor qu\u00e9 no aceptar que en el hombre hay, como dir\u00e1 Freud, pulsiones Thanaticas; destructivas y autodestructivas; y que puede ser un animal asesino. La resistencia a reconocer todo esto responde a nuestro narcisismo primario, como a la excesiva medicalizaci\u00f3n de nuestra sociedad, la que ha conducido a considerar la apelaci\u00f3n a la locura como un atenuante en lo que se ha dado en llamar la humanizaci\u00f3n de la pena.<\/p>\n<p>Pero lo cierto es que en la historia han existido muchos asesinos y nadie ha dicho que eran \u201cenfermos\u201d, nadie dijo que Ca\u00edn estaba enfermo cuando mat\u00f3 a Abel. Hitler que mat\u00f3 a millones de jud\u00edos, era de hecho un personaje popular, el l\u00edder de Alemania, aclamado en los m\u00edtines; despu\u00e9s, mucho m\u00e1s tarde, se dijo que estaba loco; lo cual vendr\u00eda a ser un atenuante para tanta atrocidad.<\/p>\n<p>A este respecto consideremos el caso de un condenado a muerte, en Florida, no puede ser ejecutado porque los psiquiatras de la prisi\u00f3n lo encuentran demasiado loco para sufrir su pena. \u00bfHay que curarle, para poder ejecutarlo?, pregunta Szasz. El tribunal Supremo de los Estados Unidos tiene la palabra.<\/p>\n<p>Pero \u00bfpor qu\u00e9 se obstina hoy la gente en buscar la enfermedad mental detr\u00e1s del crimen?\u00bfEs por humanidad? Todo lo contrario, responde Szasz. Si reconocemos que un hombre es capaz de cometer a sabiendas un crimen espantoso, es porque la naturaleza humana puede ser absolutamente malvada. Y ocurre que lo que deseamos es que la naturaleza humana sea buena. No queremos admitir que el libre albedr\u00edo pueda conducir al crimen. Por tanto, el crimen no debe ser el resultado del libre albedr\u00edo, sino el de la enfermedad mental.<\/p>\n<p>Hasta el siglo XVIII, el Mal era interpretado como una posesi\u00f3n por el diablo. Hoy, el Mal es necesariamente el signo de un trastorno gen\u00e9tico y qu\u00edmico. Todo esto, seg\u00fan Szasz, tiene relaci\u00f3n con el pensamiento m\u00edtico, no con la ciencia. Por otra parte, a\u00f1ade, si verdaderamente el comportamiento puede analizarse a partir de la observaci\u00f3n del cerebro, \u00bfpor qu\u00e9 no tratamos de averiguar las causas qu\u00edmicas de una buena acci\u00f3n, y nos interesamos s\u00f3lo por las malas?\u201cEn realidad, la mayor parte de los criminales es normal, e incluso suficientemente inteligente para llevar a cabo cr\u00edmenes muy complejos. \u201d<\/p>\n<p>Una de las conclusiones de la antipsiquiatr\u00eda es que nada, seg\u00fan el conocimiento actual del funcionamiento del cerebro, permite explicar nuestras elecciones. El libre albedr\u00edo no es un fen\u00f3meno qu\u00edmico o el\u00e9ctrico. Es imposible leer nuestros pensamientos en el cerebro. Si bien es exacto que ciertos pensamientos desencadenan ciertas reacciones qu\u00edmicas, la causa de la reacci\u00f3n es el pensamiento libre.<\/p>\n<p>Pero, precisa Szasz, la transformaci\u00f3n de los criminales en enfermos mentales no es m\u00e1s que la punta del iceberg. Es s\u00f3lo la expresi\u00f3n caricaturesca de un profundo movimiento de medicalizaci\u00f3n de la sociedad moderna, as\u00ed como de la negativa a considerar al hombre como un individuo libre y responsable.<\/p>\n<p>Por tanto, el psicoan\u00e1lisis, como la psiquiatr\u00eda, s\u00f3lo servir\u00eda para negar el libre albedr\u00edo y para disminuir la responsabilidad individual. \u00bfPor ejemplo? Los ladrones, explica Szasz, eran anta\u00f1o considerados responsable de sus actos, y castigados como tales. Pero a partir del momento en que el ladr\u00f3n se convierte en un \u201cclept\u00f3mano\u201d, ya no es responsable del robo; es \u201coperado\u201d desde el exterior por pulsiones que escapan a su voluntad y que \u00e9l ignora. Este razonamiento se aplica actualmente al incendiario, que se ha transformado en un pir\u00f3mano, al violador, al jugador, al juerguista o al fumador. La ilustraci\u00f3n m\u00e1s reciente citada por Szasz es la del fumador inveterado que, ante los tribunales, acaba de obtener indemnizaci\u00f3n econ\u00f3mica de un fabricante de cigarrillos americano. La agresiva publicidad del fabricante le habr\u00eda incitado inconscientemente a fumar y arruinar su salud.<\/p>\n<p>Ahora bien, las intervenciones psiqui\u00e1tricas deben ser definidas con claridad como voluntarias o involuntarias (este es un criterio de demarcaci\u00f3n con una importancia pol\u00edtica, \u00e9tica y religiosa). En las voluntarias, la persona busca la ayuda del profesional movida por sus problemas. T\u00edpicamente, el individuo es un beneficiario de la intervenci\u00f3n del psiquiatra. En las involuntarias, la sociedad impone la intervenci\u00f3n. T\u00edpicamente, el individuo es una v\u00edctima de la acci\u00f3n del psiquiatra, en tanto que la sociedad (la familia) es la beneficiaria. La psiquiatr\u00eda involuntaria es incompatible con los principios de una sociedad democr\u00e1tica y libre, y debe ser abolida.<\/p>\n<p>En 1970, Szasz public\u00f3 La fabricaci\u00f3n de la locura: Estudio comparado de la Inquisici\u00f3n y el Movimiento de la Salud Mental, un monumental estudio hist\u00f3rico dedicado a demostrar que-con el declinar de la cosmovisi\u00f3n teol\u00f3gica y del poder del Estado Teocr\u00e1tico(la alianza del Estado y la Religi\u00f3n), y el ascenso de la cosmovisi\u00f3n cient\u00edfica y del poder del EstadoTerap\u00e9utico(la alianza del Estado y la Medicina y, en particular, la Psiquiatr\u00eda-, el mito teol\u00f3gico de la herej\u00eda fue remplazado por el mito cient\u00edfico de la enfermedad mental, la persecuci\u00f3n de brujas y herejes por la persecuci\u00f3n de pacientes mentales y drogadictos, y la poderosa burocracia papal de la Inquisici\u00f3n por la poderosa burocracia estatal de la Psiquiatr\u00eda Institucional.<\/p>\n<p>En esta obra, que dio inicio a la nueva disciplina de la historia cr\u00edtica de la psiquiatr\u00eda (junto con la Historia de la locura en la Era Cl\u00e1sica, de Michel Foucault), Szasz define tambi\u00e9n los dos tipos de psiquiatr\u00eda: la institucional y la contractual.<\/p>\n<p>La Psiquiatr\u00eda Institucional comprende todas las intervenciones impuestas a las personas por los dem\u00e1s. Estas intervenciones se caracterizan por la completa p\u00e9rdida, por parte del denominado paciente, del control de la relaci\u00f3n con elpsiquiatra. Su aspecto econ\u00f3mico m\u00e1s importante es que el psiquiatra es un empleado pagado por una entidad privada o p\u00fablica. Su caracter\u00edstica social m\u00e1s destacada es el uso de la fuerza o del enga\u00f1o.<\/p>\n<p>La Psiquiatr\u00eda Contractual comprende todas las intervenciones psiqui\u00e1tricas buscadas por las personas, motivadas por sus dificultades o problemas. Estas intervenciones se caracterizan por la completa retenci\u00f3n, por parte del llamado paciente, del control de la relaci\u00f3n con el psiquiatra. Su aspecto econ\u00f3mico m\u00e1s importante es que el psiquiatra es un profesional privado pagado por la propia persona (en nuestros d\u00edas, la situaci\u00f3n se complica por la existencia de los seguros m\u00e9dicos). Su caracter\u00edstica social m\u00e1s notoria es la evitaci\u00f3n de la coacci\u00f3n o del enga\u00f1o.<\/p>\n<p>Al se\u00f1alar que la esquizofrenia es parte del mito moderno de la enfermedad mental, tampoco se est\u00e1 negando la existencia de la locura. De hecho, la locura abunda dentro y fuera de los manicomios( ahora llamados hospitales mentales). Lo que estoy cuestionando es la veracidad cient\u00edfica de categorizarla y tratarla como una enfermedad leg\u00edtima tan curable como una apendicitis o una neumon\u00eda. La locura, en su sentido cl\u00e1sico y literario, es m\u00e1s bien un asunto personal (locura individual) o pol\u00edtico (locura colectiva).<\/p>\n<p>El concepto psiqui\u00e1trico del crimen surgi\u00f3 en el siglo XX con la publicaci\u00f3n de El criminal, el juez y el p\u00fablico (1929), de F. Alexander y H. Staub. Para estos autores, hab\u00eda dos clases de criminales: el normal y el anormal. Para el normal la penalidad tradicional era suficiente, en tanto que, para el anormal, Alexander y Staub recomendaban la abolici\u00f3n de los castigos y la implantaci\u00f3n de tratamientos psiqui\u00e1tricos.<\/p>\n<p>Es importante tener en cuenta que esta tesis naci\u00f3 en la \u00e9poca del ascenso al poder de las ideolog\u00edas totalitarias de la Italia fascista, la Alemania nazi y la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica comunista, en las que los psiquiatras estaban dispuestos a cooperar con gobiernos dictatoriales en la represi\u00f3n de los ciudadanos.<\/p>\n<p>Por su parte, Thomas Szasz, desde la publicaci\u00f3n de El derecho, la libertad y la psiquiatr\u00eda (1963), ha advertido que la Psiquiatr\u00eda Institucional se ha convertido en una agencia represiva de control social.<\/p>\n<p><strong>Las met\u00e1foras de la enfermedad<\/strong><\/p>\n<p><em>\u00bfQu\u00e9 entendemos por enfermedad mental?<\/em><\/p>\n<p>Esta psiquiatrizaci\u00f3n del crimen ha dado origen al mito del paciente mental peligroso: con bastante frecuencia los medios masivos de comunicaci\u00f3n informan sobre un crimen al que, enseguida y tras la entrevista a un psiquiatra o psic\u00f3logo, se le endilga el calificativo de trastorno mental. Aunque no hay ninguna evidencia de que los llamados pacientes psiqui\u00e1tricos son m\u00e1s peligrosos que los normales (la situaci\u00f3n actual apunta m\u00e1s bien a todo lo contrario), el mito del paciente mental peligroso se resiste a morir.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, cuando seguimos hablando de trastornos mentales, tenemos en mente otro tipos de hechos: los conflictos personales e interpersonales tales como la angustia, la ambici\u00f3n, las dificultades o desviaciones sexuales, la desavenencias familiares, las fobias, las inhibiciones y dem\u00e1s problemas propios de la fragilidad humana. Se piensa entonces que la vida es arm\u00f3nica y que los conflictos son causados por psicopatolog\u00edas subyacentes que es preciso curar para ser felices. Esta es la versi\u00f3n pseudocient\u00edfica actual de la psiquiatr\u00eda y la psicolog\u00eda cl\u00ednica convencionales. No obstante, parece m\u00e1s realista aceptar que la vida es, en s\u00ed, una ardua construcci\u00f3n, y que lo que llamamos salud mental es-con m\u00e1s propiedad- la virtud o sanidad espiritual, la que no se logra mediante un arduo y tortuoso camino de aprendizaje, sino m\u00e1s bien con aquella higiene del alma que es la fe, la cual opera mediante la renovaci\u00f3n del esp\u00edritu de nuestra mente.<\/p>\n<p>La historia de la ciencia est\u00e1 llena de teor\u00edas y modelos que fueron descartados una vez que se lograron avances que permitieron un conocimiento preciso de los fen\u00f3menos. No hay raz\u00f3n para pensar que no va a ocurrir lo mismo con la teor\u00eda de la enfermedad mental. Aqu\u00ed cabe una gran responsabilidad social y espiritual a los cient\u00edficos y profesionales m\u00e9dicos, a saber, la de revisar su concepci\u00f3n del hombre para promover no s\u00f3lo estilos de vida y de pensar saludables, sino tambi\u00e9n de aspirar a una salud integral que abarque al hombre interior y exterior, aquello que desde el entronque de la antropolog\u00eda hebrea y la moderna medicina psicosom\u00e1tica aparece como el verdadero ser del hombre, su unidad psico-biol\u00f3gica indisociable.<\/p>\n<p>La teor\u00eda de la enfermedad mental tuvo, pues, su utilidad hist\u00f3rica hasta el siglo pasado pero en la actualidad se encuentra cient\u00edfica y m\u00e9dicamente desfasada pues arriesga diagnosticar y tratar como enfermos mentales a pacientes con enfermedades cerebrales o de otro tipo que padecen trastornos involuntarios de conducta; y es moral y pol\u00edticamente nociva porque ha pretendido ser explicaci\u00f3n de la infelicidad humana, cuyas manifestaciones fenom\u00e9nicas pueden aparecer -biogr\u00e1ficamente- bajo la forma de problemas econ\u00f3micos, existenciales, morales o pol\u00edticos, pero que, estrictamente hablando, no requieren terapias m\u00e9dicas ni s\u00f3lo alternativas econ\u00f3micas o pol\u00edticas, sino una respuesta a la radical separatividad humana , a nuestra tristeza de no ser santos.<\/p><\/div>\n<p style=\"text-align:right\"><strong>Adolfo V\u00e1squez Rocca es doctor en Psiquiatr\u00eda.<\/strong><br \/>\n<em>Extra\u00eddo desde: <a href=\"http:\/\/www.webislam.com\/articulos\/35539-antipsiquiatria_deconstruccion_del_concepto_de_enfermedad_mental.html\">WebIslam<\/a><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El discurso de la psiquiatr\u00eda Caracteriza a las disciplinas, cuando se consolidan, el poseer un lenguaje propio, un lenguaje que las constituye y funda. 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