{"id":2624,"date":"2013-08-12T18:49:50","date_gmt":"2013-08-12T18:49:50","guid":{"rendered":"http:\/\/periodicoelamanecer.wordpress.com\/?p=2624"},"modified":"2013-08-12T18:49:50","modified_gmt":"2013-08-12T18:49:50","slug":"quien-mato-a-ned-ludd","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elamanecer.noblogs.org\/?p=2624","title":{"rendered":"\u00bfQuien mat\u00f3 a Ned Ludd?"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align:justify\"><a href=\"http:\/\/periodicoelamanecer.files.wordpress.com\/2013\/08\/ned-ludd.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-2625\" alt=\"Ned Ludd\" src=\"http:\/\/periodicoelamanecer.files.wordpress.com\/2013\/08\/ned-ludd.jpg?w=210\" width=\"210\" height=\"300\" \/><\/a>En Inglaterra, primera naci\u00f3n industrial, la primera y m\u00e1s importante empresa del capital, que iniciaba sus pasos en el ramo del textil, surgi\u00f3 el movimiento revolucionario extendido ampliamente entre 1810 y 1820 y conocido bajo el nombre de <em>luddismo<\/em>. La lucha contra el levantamiento de los ludditas -y su derrota- fue de gran importancia para la evoluci\u00f3n ulterior de la sociedad moderna. La destrucci\u00f3n de las m\u00e1quinas, arma esencial, anuncia -desde luego certeramente- estos sucesos a lo largo de todo el siglo XVIII. Por supuesto, este levantamiento no fue exclusivo de los obreros del textil ni de Inglaterra. Los obreros agr\u00edcolas, los mineros, los molineros y muchos otros coincidieron en la destrucci\u00f3n de las m\u00e1quinas, a menudo en contra de lo que se suele denominar sus propios \u00abintereses econ\u00f3micos\u00bb. De la misma manera, como recuerda Fulop Miller, los obreros de Eurpen y Aix la Chapelle destruyeron las importantes f\u00e1bricas de Cockerill, los tejedores de Schmollen y Crimmitschau arrasaron las f\u00e1bricas de estas ciudades y muchos otros hicieron lo mismo en los comienzos de la revoluci\u00f3n industrial.<!--more--><br \/>\nAhora bien, fueron los obreros ingleses del ramo textil -calceteros, tejedores, hilanderos y dem\u00e1s- quienes iniciaron un movimiento tal que, como Thompson escribe, \u00abla simple violencia revolucionaria rara vez ha estado tan extendida en la historia inglesa\u00bb, afirmaci\u00f3n que seguramente est\u00e1 por debajo de la realidad. Generalmente este levantamiento ha sido caracterizado como ciego, desorganizado, reaccionario, limitado e ineficaz, pero la rebeli\u00f3n espont\u00e1nea durante un tiempo contra el nuevo orden econ\u00f3mico tuvo mucho \u00e9xito y fines revolucionarios. El Times del 2 de febrero de 1812 describe \u00abla aparici\u00f3n de una guerra abierta\u00bb en Inglaterra m\u00e1s encarnizada en las zonas m\u00e1s desarrolladas y particularmente en el centro y norte. El comandante Wood escribe el 17 de junio de 1812 a Fitzwilliam, miembro del gobierno, que \u00absalvo lugares determinados que est\u00e1n ocupados por soldados, el pa\u00eds est\u00e1 pr\u00e1cticamente en manos de los rebeldes\u00bb. Los ludditas fueron verdaderamente irresistibles en varias etapas de la segunda d\u00e9cada del siglo y desarrollaron una conciencia propia y una moral elevada. Como escriben Cole y Postgate, \u00abla verdad es que no se pod\u00eda detener a los ludditas; las tropas corr\u00edan en todas direcciones, impotentes, ridiculizadas por el silencio y la confabulaci\u00f3n de los trabajadores\u00bb. Un examen posterior de partes de prensa, cartas y octavillas demuestra que la insurrecci\u00f3n estaba claramente orientada; por ejemplo, \u00abtodos los nobles y los tiranos deben ser derrocados\u00bb, declara una octavilla distribuida en Leeds. Los preparativos para una revoluci\u00f3n general expl\u00edcita eran evidentes, por ejemplo en Yorkshire y Lancashire, ya en 1812.<br \/>\nSe destruyeron enormes cantidades de bienes, entre los que se contaban numeros\u00edsimos telares para hacer medias que hab\u00edan sido readaptados para una producci\u00f3n de calidad inferior. De hecho, el movimiento extrajo su nombre del joven Ned Ludd, que, antes de producir las chapuzas que se le solicitaban, destroz\u00f3 el telar a martillazos. Controlar los instrumentos de producci\u00f3n o destruirlos; esta idea exaltaba la imaginaci\u00f3n popular y proporcionaba a los ludditas un apoyo un\u00e1nime. Hobsbawn afirma que \u00ablos que destrozaban las m\u00e1quinas encontraban una simpat\u00eda desbordante en todas las capas de la poblaci\u00f3n\u00bb, lo que para Churchill, en 1813, supon\u00eda \u00abla inexistencia total de medios para mantener el orden p\u00fablico\u00bb. Los obreros que destrozaban telares llevaron a cabo una ofensiva importante en 1812 y hubo que oponerles efectivos cada vez m\u00e1s numerosos, que llegaron a sobrepasar en n\u00famero a las tropas que Wellington tuvo a sus \u00f3rdenes contra Napole\u00f3n. Mas el ej\u00e9rcito no s\u00f3lo era d\u00e9bil por ser disperso, sino que adem\u00e1s no era seguro, pues se sospechaba que simpatizaba con el enemigo a causa de la presencia de muchos ludditas enrolados en sus filas. Adem\u00e1s, apenas se pod\u00eda contar con los magistrados y los polic\u00edas locales, y el empleo sistem\u00e1tico de esp\u00edas era ineficaz frente a la clara solidaridad del pueblo. Como era de suponer, la milicia voluntaria regida por el <em>Watch and Ward Act<\/em> (Ley de Guarda y Tutela) s\u00f3lo serv\u00eda para \u00abarmar a los que eran m\u00e1s violentos en su desacuerdo\u00bb (seg\u00fan Hammonds), de modo que bajo el gobierno de Peel hubo de instituirse el sistema moderno de polic\u00eda profesional.<br \/>\nIntervenciones de esta naturaleza apenas pod\u00edan bastar teniendo en cuenta el camino seguido por el luddismo, que a cada acontecimiento parec\u00eda m\u00e1s revolucionario. Cole y Postgate, por ejemplo, describieron a los ludditas posteriores a 1815 como m\u00e1s radicales que sus predecesores y llegaron a la conclusi\u00f3n de que \u00abse pon\u00edan en contra del sistema de f\u00e1bricas en general\u00bb. Thompson observa tambi\u00e9n que incluso en 1819 todav\u00eda parec\u00eda abierta la v\u00eda a una insurrecci\u00f3n general victoriosa.<br \/>\nContra lo que Mathias llamaba \u00abla tentativa de destruir la nueva sociedad\u00bb, hacia falta un arma mucho m\u00e1s cercana al punto de producci\u00f3n y especialmente la b\u00fasqueda de una aceptaci\u00f3n del orden fundamental a trav\u00e9s del sindicalismo. Aunque est\u00e9 claro que la ascensi\u00f3n del sindicalismo fue consecuencia tanto del luddismo como de la creaci\u00f3n de una polic\u00eda moderna, debemos tambi\u00e9n comprender que antes de las sublevaciones ludditas hab\u00eda existido entre los obreros textiles y otros una tradici\u00f3n, por mucho tiempo tolerada, de sindicalismo. De ah\u00ed, como Morton y Tate se\u00f1alan casi en solitario, que la destrucci\u00f3n de las m\u00e1quinas en este per\u00edodo no pueda considerarse como la explosi\u00f3n desesperanzada de los obreros faltos de otra salida. A pesar de las Combinations Acts, que fueron una prohibici\u00f3n reforzada de los sindicatos entre 1799 y 1824, el luddismo no se movi\u00f3 en el vac\u00edo, sino que durante cierto tiempo se opuso eficazmente al rechazo de un aparato sindical extensivo que buscaba un compromiso con el capital. De hecho, la elecci\u00f3n entre ambos era posible y los sindicatos fueron dejados de lado en provecho de una organizaci\u00f3n directa de los trabajadores que serv\u00eda a sus fines radicales.<br \/>\nDurante el per\u00edodo en cuesti\u00f3n, est\u00e1 perfectamente claro que se consideraba al sindicalismo como fundamentalmente distinto del luddismo y, precisamente por ello, era estimulado con la esperanza de que absorbiera la autonom\u00eda de los ludditas. Contrariamente a las disposiciones de las Combinations Acts, en ocasiones los sindicatos eran considerados legales por los tribunales y cuando los sindicalistas eran perseguidos s\u00f3lo recib\u00edan castigos ligeros o no los recib\u00edan, mientras que los ludditas habitualmente eran ahorcados. Algunos miembros del Parlamento acusaban abiertamente a los propietarios del desbarajuste social de no utilizar plenamente la v\u00eda sindical para resolverlo. Esto no quiere decir que los objetivos de los sindicatos y su control fueran tan claros y bien definidos como hoy, pero la indispensable funci\u00f3n de los sindicatos frente al capital se clarificaba, iluminada por la crisis existente y por la necesidad que se experimentaba de tener aliados para la pacificaci\u00f3n de los trabajadores. Los diputados de los condados de las Midlands presionaban a Gravenor Henson, l\u00edder del sindicato de la corporaci\u00f3n de tejedores, para que combatiera el luddismo, como si tal cosa fuera necesaria. Su m\u00e9todo de est\u00edmulo de la represi\u00f3n era, naturalmente, su infatigable propaganda en pro de la fuerza del sindicato. El comit\u00e9 sindical de la corporaci\u00f3n de tejedores, seg\u00fan el estudio de Church sobre Nottingham, \u00abdaba a los trabajadores instrucciones precisas de no estropear los telares\u00bb. Y el sindicato de Nottingham, la principal fuerza del sindicato general industrial, se opon\u00eda tambi\u00e9n al luddismo y no emple\u00f3 nunca la violencia.<br \/>\nSi bien los sindicatos apenas fueron aliados de los ludditas, puede decirse que fueron el estadio siguiente al luddismo en el sentido de que el sindicalismo tuvo una participaci\u00f3n esencial en su derrota por medio de las divisiones, la confusi\u00f3n y el agotamiento de energ\u00edas que produjeron los sindicatos. El sindicalismo \u00abreemplaz\u00f3\u00bb al luddismo del mismo modo que salv\u00f3 a los empresarios de los insultos de los ni\u00f1os en plena calle y del poder directo de los productores. El reconocimiento pleno de los sindicatos por la anulaci\u00f3n en 1824 y 1825 de las Combinations Acts \u00abtuvo un efecto moderado sobre el descontento popular\u00bb, en palabras de Darvall. La campa\u00f1a en pro de su anulaci\u00f3n, llevada a cabo por Place y Hume, triunf\u00f3 f\u00e1cilmente en el Parlamento, sin modificar y con el testimonio favorable tanto de patronos como de sindicalistas, con s\u00f3lo la oposici\u00f3n de un pu\u00f1ado de reaccionarios. De hecho, mientras entre los argumentos conservadores de Place y Hume figuraba la predicci\u00f3n de un n\u00famero menor de huelgas despu\u00e9s de la anulaci\u00f3n, muchos patronos comprend\u00edan el papel cat\u00e1rtico y pacificador de las huelgas y apenas se conmovieron ante la ola de huelgas que sigui\u00f3 a la anulaci\u00f3n. El decreto de anulaci\u00f3n relegaba al sindicalismo, por supuesto, a sus tradicionales tareas marginales referidas a los salarios y el tiempo de trabajo. Una legalidad de la cual deriva la presencia universal de cl\u00e1usulas sobre los \u00abderechos de direcci\u00f3n\u00bb en los convenios colectivos laborales de hoy.<br \/>\nLa campa\u00f1a de mitad de la d\u00e9cada de 1830 contra los sindicatos llevada a cabo por algunos patronos s\u00f3lo subray\u00f3, a su manera, el papel central de los sindicatos: esta campa\u00f1a era posible por que los sindicatos hab\u00edan conseguido romper el radicalismo de los obreros del per\u00edodo anterior, que recurr\u00edan a la acci\u00f3n directa. Lecky ten\u00eda, pues, toda la raz\u00f3n al decir un poco m\u00e1s tarde \u00abque no cab\u00eda la menor duda de que los sindicatos m\u00e1s grandes, m\u00e1s ricos y mejor organizados hab\u00edan hecho mucho en favor de la disminuci\u00f3n de conflictos de trabajo\u00bb; del mismo modo, los Webbs reconocieron que en el siglo XIX hubo muchas m\u00e1s revueltas laborales mientras el sindicalismo no constituy\u00f3 una regla.<br \/>\nPero volviendo a los ludditas, no encontramos al respecto m\u00e1s que unos cuantos relatos en primera persona y una tradici\u00f3n pr\u00e1cticamente secreta, principalmente por que se proyectaron a s\u00ed mismos en sus actos y no en una ideolog\u00eda. Pero \u00bfesto es todo?. Stearns, quiz\u00e1 el comentarista m\u00e1s cercano a los hechos, escribi\u00f3: \u00ablos ludditas desarrollaron una doctrina basada en las supuestas virtudes de los m\u00e9todos manuales\u00bb. Casi les llama con condescendencia \u00ablos miserables retrasados\u00bb, y hay seguramente algo de verdad en esta afirmaci\u00f3n. El ataque de los ludditas no estaba ocasionado por la introducci\u00f3n de m\u00e1quinas nuevas, como suele creerse, puesto que no hay ninguna evidencia de ello en 1811 y 1812, cuando el luddismo comenz\u00f3 a actuar. La destrucci\u00f3n se practicaba sobretodo contra los nuevos m\u00e9todos de producci\u00f3n chapucera, dictados para hacer funcionar las nuevas m\u00e1quinas. No era un ataque contra la producci\u00f3n sobre bases econ\u00f3micas, sino que era ante todo la respuesta violenta de los obreros textiles (pronto secundados por otros) a las tentativas de degradaci\u00f3n en forma de un trabajo inferior: baratijas, piezas montadas deprisa y corriendo, eran por lo general las causas principales.<br \/>\nLas ofensivas ludditas generalmente correspondieron a per\u00edodos de depresi\u00f3n econ\u00f3mica; el motivo es que los patronos aprovecharon en ocasiones tales per\u00edodos para introducir nuevos m\u00e9todos de producci\u00f3n. Pero tambi\u00e9n es cierto que no todos los per\u00edodos de pobreza engendraron luddismo, pues este aparec\u00eda en zonas no especialmente empobrecidas. Leicestershire, por ejemplo, fue el peor punto en los malos momentos y era una zona productora de manufacturas laneras de la mejor calidad; Leicestershire fue un poderoso n\u00facleo luddita.<br \/>\nPreguntarse qu\u00e9 pod\u00eda tener de radical un movimiento que al parecer \u00abse limitaba\u00bb a pedir el abandono de las labores fraudulentas es no captar la \u00edntima verdad de un supuesto acertado, que ambas partes asumieron entonces: la relaci\u00f3n entre la destrucci\u00f3n de maquinaria y la sedici\u00f3n. Como si la lucha del productor por la integridad de su trabajo vital pudiera llevarse a cabo sin poner en tela de juicio el capitalismo entero. La petici\u00f3n del abandono de labores fraudulentas supone necesariamente un desastre y, en la medida en que se exija, una batalla de derrota total o victoria total. Lo cual afecta directamente al n\u00facleo de las relaciones capitalistas y a su din\u00e1mica.<br \/>\nOtro aspecto del fen\u00f3meno luddita generalmente considerado con condescendencia a base de ignorarlo por completo, es el aspecto organizativo. Los ludditas, como ya sabemos, golpeaban salvaje y ciegamente, mientras que s\u00f3lo los sindicatos proporcionaban formas de organizaci\u00f3n a los trabajadores. Pero, de hecho, los ludditas se organizaron local e incluso federalmente agrupando a los obreros de todos los ramos con una coordinaci\u00f3n sorprendente. Evitando cualquier estructura alienante, su organizaci\u00f3n, sabiamente, no era formal ni permanente. Su tradici\u00f3n de revuelta carec\u00eda de n\u00facleo y prevaleci\u00f3 durante largo tiempo a modo de \u00abc\u00f3digo no escrito\u00bb; la suya era una comunidad no manipulable, una organizaci\u00f3n que se sustentaba en s\u00ed misma. Todo lo cual, desde luego, result\u00f3 esencial para la aparici\u00f3n del luddismo y para su enraizamiento. En la pr\u00e1ctica, \u00abning\u00fan nivel de actividad de los magistrados ni la ampliaci\u00f3n de los contingentes militares extirp\u00f3 el luddismo. Todos sus ataques revelaban un plan y un m\u00e9todo\u00bb, constata Thompson, que da cr\u00e9dito tambi\u00e9n a su \u00abaltiva seguridad y a sus comunicaciones\u00bb. Un oficial de la armada comprendi\u00f3 en Yorkshire que estaban en posesi\u00f3n de \u00abun nivel extraordinario de acuerdo y de organizaci\u00f3n\u00bb. William Cobbett comentaba en 1812, en relaci\u00f3n con un informe al gobierno: \u00abY tal es la circunstancia que m\u00e1s ha de inquietar al gobierno. No se pueden encontrar agitadores. Es un movimiento del pueblo mismo\u00bb.<br \/>\nNo obstante, y a pesar de las afirmaciones de Cobbett, los l\u00edderes ludditas colaboraron con las autoridades. No se trataba de un movimiento totalmente igualitario, aunque estuvieran m\u00e1s cerca de ello de lo que cabe suponer sopesando su inter\u00e9s por evitar el liderazgo y el corto n\u00famero de quienes lo soslayaron. Como es natural, el \u00abrefinamiento pol\u00edtico\u00bb surgi\u00f3 por entonces m\u00e1s eficazmente de entre los l\u00edderes, del mismo modo que a partir de ellos se desarrollaron en algunos casos los cuadros sindicales.<br \/>\nEn los tiempos \u00abpre-pol\u00edticos\u00bb de los ludditas -como en nuestros tiempos \u00abpost-pol\u00edticos\u00bb- el pueblo detestaba abiertamente a los dirigentes. La muerte de Pitt, en 1806, les alegr\u00f3; y, todav\u00eda en mayor medida el asesinato de Perceval en 1812. Tales manifestaciones ante la muerte de los primeros ministros evidencian la debilidad de las mediaciones entre dirigentes y dirigidos, la falta de integraci\u00f3n entre ambos. La definici\u00f3n pol\u00edtica de los trabajadores era, desde luego, menos importante que su definici\u00f3n o integraci\u00f3n industrial por la v\u00eda sindical; por tal motivo aquella sobrevino m\u00e1s lentamente. De todos modos, hubo una poderosa arma pacificadora: los intensos esfuerzos realizados para interesar al pueblo en las actividades jur\u00eddicas, especialmente con vistas a ampliar la base electoral del Parlamento. Cobbett, generalmente considerado el m\u00e1s en\u00e9rgico panfletista de la historia inglesa, anim\u00f3 a muchos a unirse a los Hampdon Clubs en pro de la reforma electoral y se caracteriz\u00f3 tambi\u00e9n, en palabras de Davis, por su \u00abcondena sin paliativos de los ludditas\u00bb. Los efectos perniciosos de esta campa\u00f1a de reforma y divisi\u00f3n pueden medirse hasta cierto punto comparando las en\u00e9rgicas manifestaciones previas antigubernamentales de los Gordon Riots (1780) y los atropellos al rey en Londres (1795) con masacres y fiascos como los levantamientos de Pentridge y Peterloo, m\u00e1s o menos coincidentes con la derrota del luddismo, poco antes de 1820.<br \/>\nVolviendo, para concluir, a mecanismos m\u00e1s fundamentales, confrontaremos de nuevo los problemas del trabajo y el sindicalismo. Este \u00faltimo ha de reconocerse que lleg\u00f3 a ser permanente debido al divorcio invariable entre los trabajadores y el control de los medios de producci\u00f3n; y, desde luego, como hemos visto, el sindicalismo contribuy\u00f3 sustancialmente a este divorcio. Algunos, entre los que se cuentan, claro est\u00e1, los marxistas, vieron esta derrota y sus formas y la victoria del sistema fabril como salidas inevitables y deseables, por m\u00e1s que tuvieran que admitir que una parte significativa de la direcci\u00f3n de las operaciones industriales, incluso en la actualidad, depende de la realizaci\u00f3n del trabajo. Un siglo despu\u00e9s de Marx, Galbraith considera que el mantenimiento del sistema de productividad en contra del de creatividad reside en la b\u00e1sica renuncia sindical a toda reivindicaci\u00f3n relacionada con el trabajo. Mas el trabajo, seg\u00fan todos los ide\u00f3logos, es un \u00e1rea cerrada e inmune a la falsificaci\u00f3n. Las actividades laborales son un n\u00facleo impenetrable a intromisiones de la ideolog\u00eda y de sus formas tales como la mediaci\u00f3n y la representaci\u00f3n. As\u00ed pues, los ide\u00f3logos ignoran la incesante y universal reclamaci\u00f3n luddita del control del proceso productivo. En consecuencia, la lucha de clases es algo totalmente diferente para el trabajador que para el ide\u00f3logo.<br \/>\nEn los primeros tiempos del movimiento de las Trade Unions hubo altas dosis de democracia. Por ejemplo, estaba muy extendida la pr\u00e1ctica de nombrar delegados por rotaci\u00f3n o sorteo. Pero no puede ser leg\u00edtimamente considerada democr\u00e1tica la derrota que se halla en la base del \u00e9xito de los sindicatos, derrota que hac\u00eda de \u00e9stos una organizaci\u00f3n c\u00f3mplice, una caricatura de la comunidad. A este nivel no se pod\u00eda disimular que el sindicalismo era el agente de la aceptaci\u00f3n y mantenimiento de un mundo grotesco.<br \/>\nEl balance marxiano considera que la productividad es el bien supremo; igualmente, los izquierdistas ignoran la verdadera historia de los ludditas (el final del poder real de los trabajadores) llegando as\u00ed, por incre\u00edble que parezca, a considerar que los sindicatos es lo mejor que pueden desear los trabajadores desprotegidos. El oportunismo y el elitismo de todas las internacionales, as\u00ed como la historia del izquierdismo, abocan finalmente al fascismo cuando las represiones acumuladas dan su fruto: cuando el fascismo puede apelar con resultados positivos a los trabajadores present\u00e1ndose como dispersador de inhibiciones, como \u00absocialismo de acci\u00f3n\u00bb, etc; en resumen, como revolucionario. Ha de quedar bien claro cu\u00e1nto se perdi\u00f3 con el luddismo y qu\u00e9 terrible anti-historia empezaba entonces.<br \/>\nHay quienes vuelven a fijar la etiqueta de \u00ab\u00e9poca de transici\u00f3n\u00bb a la creciente crisis actual, esperando tranquilamente que todo se resuelva con otra derrota de los ludditas. Vemos hoy la misma necesidad de reforzar la disciplina en el trabajo, como en los viejos tiempos, e id\u00e9ntica conciencia popular del sentido del progreso. Pero es muy posible que hoy podamos reconocer a nuestros enemigos con mayor claridad de modo que esta vez la transici\u00f3n est\u00e9 en manos de los creadores.<\/p>\n<p style=\"text-align:right\"><em><strong>Escrito por John y Paula Zerzan.<\/strong><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En Inglaterra, primera naci\u00f3n industrial, la primera y m\u00e1s importante empresa del capital, que iniciaba sus pasos en el ramo del textil, surgi\u00f3 el movimiento revolucionario extendido ampliamente entre 1810 y 1820 y conocido bajo el nombre de luddismo. 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