{"id":2851,"date":"2014-02-22T23:49:41","date_gmt":"2014-02-22T23:49:41","guid":{"rendered":"http:\/\/periodicoelamanecer.wordpress.com\/?p=2851"},"modified":"2014-02-22T23:49:41","modified_gmt":"2014-02-22T23:49:41","slug":"hombres-maquina-modo-de-empleo-tiqqun","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elamanecer.noblogs.org\/?p=2851","title":{"rendered":"Hombres-m\u00e1quina: modo de empleo, Tiqqun"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/periodicoelamanecer.files.wordpress.com\/2014\/02\/tiqqun.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/periodicoelamanecer.files.wordpress.com\/2014\/02\/tiqqun.jpg\" alt=\"tiqqun\" width=\"640\" height=\"440\" class=\"aligncenter size-full wp-image-2852\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align:center\">ADVERTENCIA<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">El Esp\u00edritu se proletariza. Cierto prestigio que todav\u00eda se asignaba a la \u201ccultura\u201d acaba de romperse en pedazos. Una determinada l\u00f3gica publicitaria de corto aliento quiere que se contin\u00fae hablando de \u201cpoetas\u201d, de \u201cfil\u00f3sofos\u201d y, a partir de ahora con cualquier pretexto, de \u201cartistas\u201d, cuando desde hace mucho tiempo no hay, en esos roles de figuraci\u00f3n, sino Bloom que producen mercanc\u00edas culturales en cantidades inflacionistas.<!--more--> La proliferaci\u00f3n contempor\u00e1nea de escritos y \u201cobras\u201d da la medida de la insignificancia a la que se ha reducido el g\u00e9nero y el gesto. En esta grotesca carrera, las mejores ventas se consiguen regularmente con libros considerados, seg\u00fan diversos grados de falsificaci\u00f3n, como \u201ccr\u00edtica social\u201d. Todo sucede como si, habiendo ca\u00eddo el curso de las palabras al nivel m\u00e1s bajo, la virulencia y el qui\u00e9n-da-m\u00e1s pudieran compensar por s\u00ed solos esta usura. Poco a poco, la \u201cconsciencia cr\u00edtica\u201d va ocupando un lugar en la econom\u00eda general de la sumisi\u00f3n, en la que ha tomado el relevo de los antiguos signos de distinci\u00f3n social, que se han vuelto tan desmesuradamente obscenos. En estas condiciones, las circunstancias necesitan un sistema de dominaci\u00f3n m\u00e1s pr\u00f3spero que nunca y en el que cada sujeto se declarar\u00eda en su fuero interno, y en proporci\u00f3n a su excelencia, hostil a la \u201cglobalizaci\u00f3n\u201d, al \u201cneoliberalismo\u201d o, m\u00e1s espont\u00e1neamente, a \u201cesta sociedad repugnante\u201d; un orden que se mantendr\u00eda por un perpetuo proceso de autoimplosi\u00f3n. Es tan cierto que las sociedades no existen tanto por aquellos que parecen excluir, como por aquellos que dicen cuestionarlas.<br \/>\nUn cierto r\u00e9gimen de la verdad ha pasado; es decir, todo discurso que no elucida con claridad la relaci\u00f3n en la que est\u00e1 con la vida, tanto del que lo enuncia como del que lo recibe, todo discurso que pretende permanecer en la ignorancia de la pr\u00e1ctica del mundo en la que necesariamente toma lugar, se reduce a una forma de charlataner\u00eda y es como tal exasperante. La publicaci\u00f3n del texto \u201cHombres-m\u00e1quina, modo de empleo\u201d en el marco del primer n\u00famero de Tiqqun, \u00f3rgano consciente del Partido Imaginario, no dejaba apenas lugar para el equ\u00edvoco en cuanto a la perspectiva que en \u00e9l se expresaba. Su publicaci\u00f3n por separado ha hecho necesario un cierto n\u00famero de a\u00f1adidos, para que esta perspectiva no se pierda completamente.<br \/>\nNosotros, metaf\u00edsicos-cr\u00edticos, somos un contagio cuyo objetivo es el de extenderse siempre m\u00e1s lejos, bajo formas m\u00e1s irreconocibles. No consentir\u00edamos en escribir si no fuera para encontrar hermanos. Nuestros textos esbozan la base sobre la que el encuentro, la amistad y la cooperaci\u00f3n vuelven a ser, m\u00e1s all\u00e1 de toda mutilaci\u00f3n, posibles. El anonimato es el m\u00e1s ordinario de los medios que utilizamos para desbaratar las insospechadas tentativas de dominaci\u00f3n desplegadas contra nosotros. Otro consiste en el rechazo constante del rol de rebelde o de sublevado, que en nuestros d\u00edas se distribuye tan complacientemente. Por regla general, al Partido Imaginario le repugna considerar a esta \u201csociedad\u201d como un enemigo a su altura, por la buena raz\u00f3n de que esta \u201csociedad\u201d no existe. Como mucho, es un ectoplasma producido por la doble conminaci\u00f3n del biopoder a integrarse o cuestionarla. La fracci\u00f3n consciente del Partido Imaginario que formamos no est\u00e1 ni \u201ca favor\u201d ni \u201cen contra\u201d de esta \u201csociedad\u201d, ni dentro ni fuera de ella: trabaja en las fronteras para extender el contagio. Sin embargo, si tuvi\u00e9ramos que designar un enemigo \u2014pues a buen seguro hay uno\u2014, ser\u00eda la dominaci\u00f3n mercantil, definida como relaci\u00f3n de complicidad entre dominantes y dominados mediada por la mercanc\u00eda. En otras palabras, nos hemos establecido en la implosi\u00f3n de todas las relaciones sociales. Y es en este espacio peligroso donde nos es preciso construir con nuestros hermanos el Contra-Mundo, el \u201cmundo de verdad\u201d, cuya sola existencia anular\u00e1 por corrosi\u00f3n este \u201cmundo de mentiras\u201d, volviendo insostenible la menor veleidad de participaci\u00f3n en su nada. Dejando aparte toda cobard\u00eda, no hay por qu\u00e9 \u201cbuscar una alternativa al capitalismo\u201d \u2014vivimos siempre-ya en la \u00fanica alternativa al capitalismo que es su infatigable modernizaci\u00f3n\u2014, sino que hay que edificar hic et nunc el mundo del que somos portadores. Como se ve bastante bien, nuestra perspectiva es puramente pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">La Asombrosa Hip\u00f3tesis1<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">\u201cLa \u2018Asombrosa Hip\u00f3tesis\u2019 consiste en que \u2018ustedes\u2019, sus alegr\u00edas y penas, sus recuerdos y ambiciones, su sentido de la identidad y el libre albedr\u00edo, todo esto no es en realidad m\u00e1s que el comportamiento de una vasta reuni\u00f3n de c\u00e9lulas nerviosas y de las mol\u00e9culas que est\u00e1n asociadas a ellas. Como habr\u00eda podido no m\u00e1s de seis meses, por la persona amada durante al menos cuatro horas al d\u00eda y que no la han conocido b\u00edblicamente\u201d. El resultado de estos an\u00e1lisis viene a asentar definitivamente la evidencia de que los enamorados no son m\u00e1s que una subespecie ignorada de los obsesos compulsivos: ambos grupos tendr\u00edan un porcentaje de serotonina un 40% inferior a la norma.<br \/>\nHabr\u00e1 hecho falta la conjunci\u00f3n de un analfabetismo emocional en adelante general y de una pobreza de mundo que se endurece a\u00f1o tras a\u00f1o para que los hombres lleguen a devorar semanarios en los que se puede leer que, en caso de penas amorosas, se aconsejan encarecidamente las l\u00e1grimas ya que \u201ccontienen una gran cantidad de neurohormonas de estr\u00e9s\u201d pero que, si llorar es una operaci\u00f3n demasiado compleja para nosotros, podemos orientarnos hacia una tableta de chocolate \u201cporque contiene PEA, cafe\u00edna, magnesio y glucosa\u201d (Quo, julio de 1999). O m\u00e1s a\u00fan, para perfeccionar el delirio, que \u201cpara las mujeres, enga\u00f1ar a su pareja sirve para hacer competir los espermatozoides de varios hombres con el fin de que el m\u00e1s competente y robusto se imponga; [\u2026] la prueba es que las mujeres son mucho m\u00e1s infieles en el momento de la ovulaci\u00f3n, es decir, en el momento en el que son fecundas\u201d. (Ib\u00edd.)<br \/>\nPero la pseudonaturaleza a la que la \u201cciencia moderna\u201d se propone reintegrarnos no es m\u00e1s que una suerte de animalidad sin instinto, con seguridad la prisi\u00f3n m\u00e1s humillante y abstracta que se pueda imaginar. Y de hecho, esta naturaleza existe tan poco que los cient\u00edficos, apoyados por toda la artiller\u00eda fina de la dominaci\u00f3n, est\u00e1n obligados a trabajar sin descanso en su construcci\u00f3n. Sex\u00f3logos, nutricionistas, genetistas, pedagogos, investigadores y \u201cespecialistas\u201d de todas las confesiones est\u00e1n involucrados a millares en una minuciosa empresa de desfamiliarizaci\u00f3n de nuestra fisiolog\u00eda, nuestros sentimientos y nuestra vida. Cada sensaci\u00f3n debe pasar \u2014el placer, por supuesto, no es una excepci\u00f3n\u2014 por la mesa de disecci\u00f3n del \u201cexperto\u201d, quien nos dir\u00e1 lo que se siente verdaderamente y qu\u00e9 consecuencia puede tener sobre nuestra \u201csalud\u201d.<br \/>\nEs un moralismo fisiol\u00f3gico de masas que se organiza bajo el auspicio del biopoder. Ya no se trata del \u201cpecado\u201d, sino de hacer tal cosa que es buena para la salud o de no hacer tal otra que constituye un gesto de lesa majestad hacia nuestro cuerpo, esa concesi\u00f3n extra\u00f1a que se nos hace de manera temporal y de la que deber\u00edamos asumir la responsabilidad. Y es ese cuerpo glorioso el que, habi\u00e9ndose separado de nosotros en una instancia independiente, en un espectro, nos gobierna actualmente en fragmentos contradictorios. Quiere cremas para no envejecer, pues nuestros ojos se cubren de arrugas. Reclama un gel para nuestras piernas, puesto que ya nos pesan. Este producto le hace falta para broncearse, ese otro para no quemarse y aquel, sobre todo, para mantenerse firme. S\u00f3lo nos queda reunir la profusi\u00f3n de decretos as\u00ed emitidos y despu\u00e9s ejecutar las \u00f3rdenes, todo por nuestro bienestar. Hasta tal punto llega esta tiran\u00eda que sus esclavos necesitan creerse los amos: \u201cNo le dejo hacer nada, lo controlo todo el tiempo, siempre soy dura con \u00e9l\u201d, dice la top model Carla Bruni de su cuerpo, creyendo ocultar as\u00ed las proporciones de su servidumbre. La astucia consiste en transformar toda verdadera intimidad con uno mismo en comportamiento de riesgo, en da\u00f1o potencial para nuestra \u201csalud\u201d, que no nos pertenece, por supuesto, m\u00e1s que cuando hay que preservarla. La enfermedad figura entonces como un justo castigo.<br \/>\n\u201cMe doy cuenta\u201d, se inquietaba ya La Mettrie, \u201cde todo lo que exige el inter\u00e9s de la sociedad. Pero sin duda ser\u00eda deseable que los \u00fanicos jueces fueran excelentes m\u00e9dicos. S\u00f3lo ellos podr\u00edan distinguir al criminal inocente del culpable\u201d (El hombre-m\u00e1quina). El brazo armado del poder que viene es la medicina. Es \u00e9sta, a partir de ahora, la que decide sobre la muerte y la vida, \u00faltimo vestigio de una soberan\u00eda que ya no encontramos por ning\u00fan lado en la pol\u00edtica cl\u00e1sica. Se prepara una revoluci\u00f3n que trata de impedir toda revoluci\u00f3n futura. Trata de hacer de nuestro cuerpo un agente exclusivo de separaci\u00f3n; quiere que cada uno se convierta en la excepci\u00f3n a una regla m\u00e9dicamente definida. Nosotros seremos entonces los pacientes, los anormales.<br \/>\nLa medicina en gestaci\u00f3n es una medicina gen\u00e9tica, en absoluto terap\u00e9utica. Es una t\u00e9cnica que sabr\u00e1 establecer qu\u00e9 enfermedades podr\u00edamos padecer, sobre la base del an\u00e1lisis del ADN. Por esta v\u00eda, la relaci\u00f3n entre presente y pasado se encontrar\u00e1 invertida, habiendo ya decidido todo en nuestro lugar la combinaci\u00f3n \u00fanica de genes que nos constituye. Ser\u00e1 una medicina de la culpabilidad, la certeza y la separaci\u00f3n. La enfermedad, en todo lo que ha tenido de confortable y de imprevisible, desaparecer\u00e1, dando lugar a la responsabilidad que cada uno acarrear\u00e1 por el peso de su sufrimiento. Y como \u201cm\u00e1s vale prevenir que curar\u201d, nuestras enfermedades potenciales se alinear\u00e1n en un siniestro cortejo de precauciones a tomar en el camino de la existencia.<br \/>\nHabr\u00e1 de un lado la comunidad de \u201csanos\u201d y del otro la de los \u201cenfermos\u201d. Prestando atenci\u00f3n al Nietzsche m\u00e1s dudoso, la primera huir\u00e1 de la segunda como de la peste. La vida de los sanos estar\u00e1 constelada por los plazos de un ineludible calendario de prevenci\u00f3n, pero los sanos ser\u00e1n los sumisos, los pacientes eternos que llevar\u00e1n una vida de enfermos para no serlo. Los enfermos, por su parte, ser\u00e1n \u201clos que lo habr\u00e1n querido\u201d. Pues, una vez dados todos los consejos, cada uno se encontrar\u00e1 frente a su deber, hacia sus c\u00f3nyuges, hacia sus amigos, hacia sus m\u00e9dicos. Y habr\u00e1 que elegir un bando.<br \/>\nAdivinos sin misterios, los m\u00e9dicos tendr\u00e1n un papel de una omnipotencia inquietante, pretender\u00e1n conocerlo todo y, sobre todo, preverlo todo. Ya no ser\u00e1n la inquietud y la duda las que envenenar\u00e1n nuestra alma, sino la dura certeza de la predisposici\u00f3n, la ley inmutable de lo hereditario. La potencia de los males que nos acechan servir\u00e1 para acabar de ra\u00edz con cada uno de nuestros gestos, para minar de entrada todos nuestros actos.<\/p>\n<p><em>De sujetos a pacientes<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align:right\"><em>1. La enfermedad es un lenguaje<\/em><br \/>\n<em> 2. El cuerpo es una representaci\u00f3n<\/em><br \/>\n<em> 3. La medicina es una pr\u00e1ctica pol\u00edtica<\/em><br \/>\n<em> Bryan S. Turner, The body and the society<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">As\u00ed, bajo los escombros de las democracias corrompidas del siglo XX y de su subversi\u00f3n abortada, vemos surgir ahora una nueva forma de dominaci\u00f3n, una relaci\u00f3n de complicidad in\u00e9dita y perversa entre dominantes y dominados: el biopoder. Este poder alcanza a lo que hay de m\u00e1s expuesto y al mismo tiempo m\u00e1s oculto en nosotros, la nuda vida, que ha producido una formaci\u00f3n social donde todo lo que excede al dominio abstracto de \u201cla econom\u00eda\u201d no participa de nada. El Bloom es el nombre de esta vida sin defensa, sin valor, sin forma y, para ser honestos, por debajo de lo humano. Lo que se juega aqu\u00ed no es indigno de nuestra atenci\u00f3n: implica tal devastaci\u00f3n del sujeto occidental que lo pol\u00edtico mismo se ha vuelto radicalmente imposible, en su forma cl\u00e1sica. La ausencia de este sujeto, que hab\u00eda habitado tanto la filosof\u00eda como las ciencias y la pol\u00edtica, ha dejado una brecha enorme que el Bloom es. Con \u00e9l, tenemos que v\u00e9rnoslas con una vida humana disminuida, con una criatura incapaz de deseo, voluntad y autonom\u00eda. Lo pol\u00edtico s\u00f3lo puede ser tr\u00e1gicamente denegado a una criatura as\u00ed, cuyo destino es el de una espera sin fin ni objeto. Por \u00faltimo, esta sociedad se asemeja a un hospital donde cada enfermo estar\u00eda pose\u00eddo por el \u00fanico deseo de cambiar de cama.<br \/>\nLa dominaci\u00f3n apenas nos pide ser m\u00e1s que pacientes, en el doble sentido del t\u00e9rmino: deber\u00edamos soportar y sufrir pasivamente su desastre sin exigir nunca reparaci\u00f3n y, al mismo tiempo, tolerar ser dependientes de ella, no como se podr\u00eda depender de un padre o un patr\u00f3n \u2014relaciones que siempre reservan la posibilidad de una emancipaci\u00f3n\u2014, sino como un paciente depende de su m\u00e9dico, es decir, en una relaci\u00f3n cuya interrupci\u00f3n provoca la muerte del paciente mismo. Patior, en lat\u00edn, significa generalmente sufrir, pero de la misma ra\u00edz deriva tambi\u00e9n pasi\u00f3n. Ahora bien, la pasi\u00f3n, cuando implica unas relaci\u00f3n activa con la vida, se opone a la paciencia como su contrario. Es precisamente esta relaci\u00f3n activa lo que la dominaci\u00f3n ha hecho desaparecer poco a poco, por el \u201cbien\u201d de los sujetos, es decir, para que hagan de buenos sujetos dependientes de ella para sobrevivir, en una suerte de encarnizamiento terap\u00e9utico a escala mundial. Y mientras que los cuerpos humanos invaden el planeta en una proliferaci\u00f3n sin precedentes, garantizada por los \u201cprogresos\u201d de la medicina, el esp\u00edritu termina por abandonar estos cuerpos desapasionados, extranjeros a s\u00ed y al otro, mientras que la realidad se aplana en una trama contingente, donde todo habla de todo salvo de nosotros y nuestro destino.<br \/>\nEntre nosotros y nosotros mismos se ha abierto un abismo de extra\u00f1eza que debe ser colmado de cualquier manera por esas figuras expertas que pretenden ense\u00f1arnos c\u00f3mo servimos de nosotros mismos. Tal es la pol\u00edtica por venir de la dominaci\u00f3n, la biopol\u00edtica: una pol\u00edtica que gestiona los cuerpos como continentes de almas. Se trata de hacer que nos reduzcamos a aquello por lo que el poder nos sujeta. \u00bfY qu\u00e9 hay m\u00e1s necesario, m\u00e1s inmediato, qu\u00e9 hay m\u00e1s inalienablemente nuestro que nuestro cuerpo? Todo lo que somos, todo b que hacemos, se desarrolla en los l\u00edmites de nuestro cuerpo. Nuestra alma est\u00e1, dec\u00edamos, enclavada en \u00e9l. Es aquello que nos pone en comunicaci\u00f3n con el mundo, con los otros, tambi\u00e9n es lo que nos separa irremediablemente. Pero sobre todo, es por el cuerpo por lo que somos \u201cindividuos\u201d, sujetos distintos, seres identificables, y es precisamente esto lo que sirve de blanco privilegiado a toda opresi\u00f3n. Dicho de otro modo: NUESTRO CUERPO ES PRISIONERO DE UN ALMA PRISIONERA DEL CUERPO.<br \/>\nTodo ha sido dispuesto, desde que el platonismo reina en los lugares comunes, para hacernos incapaces de comprender que no tenemos un cuerpo, como tampoco somos uno. Y en efecto, \u00bfc\u00f3mo reconocernos en ese \u201cenvoltorio carnal\u201d, en esa masa intrincada de \u00f3rganos y de funciones? \u00bfC\u00f3mo sustraernos a \u00e9l? Esta doble imposibilidad la experimentamos en la verg\u00fcenza. La verg\u00fcenza es la prueba dolorosa de nuestra impotencia para liberarnos de la determinaci\u00f3n f\u00edsica. Nuestro esp\u00edritu, que se complace tanto en concebir el infinito, no logra ni siquiera concebirse a s\u00ed mismo como unido a la \u201ccarne\u201d. Peor a\u00fan: toma su \u00fanica posibilidad de existencia por una limitaci\u00f3n que le vendr\u00eda del exterior.<br \/>\nElev\u00e1ndose sobre dos milenios de perfeccionamiento continuo de las t\u00e9cnicas de opresi\u00f3n, el biopoder saca la conclusi\u00f3n de nuestra debilidad; se arroga toda competencia sobre lo que tenemos de m\u00e1s \u00edntimo: nuestros sentimientos, nuestras \u201cpulsiones\u201d. La luz demasiado cruda de la realidad podr\u00eda, dice, herirnos. \u00bfY qui\u00e9nes somos, despu\u00e9s de todo, para pretender que sabemos conducirnos? \u00bfEl hombre moderno no es, seg\u00fan Kant, un ni\u00f1o que no puede caminar sin su andador?<br \/>\nEn esta existencia, nos limitamos sin comprendernos. El or\u00e1culo de Delfos recitaba su \u201ccon\u00f3cete a ti mismo\u201d y, curiosamente, la primera cosa que nos evocan estas palabras, es el conocimiento de nuestro \u201cyo\u201d, de nuestra \u201cpersonalidad\u201d y no de nuestra persona viviente, en carne y hueso. \u00a1Tenemos un imaginario de hor\u00f3scopo!<br \/>\nPasados los tiempos del cristianismo, del alma y sus pecados, no faltan aventurados encubridores, razonables profetas para despejar la v\u00eda de un nuevo callej\u00f3n sin salida: esa neoespiritualidad sincr\u00e9tica que se encuentra en venta al por menor en la secci\u00f3n \u201cNew Age\u201d. Gimnasia igualmente beneficiosa para el ama de casa y para el gerente, el conocimiento del \u201caliento encantado\u201d que nos ha dado la vida presenta en primer lugar el inter\u00e9s de no ofrecer salida practicable fuera de las redes del poder que nos mutila, que nos sue\u00f1a como \u201cpaquetes de neuronas\u201d y que ha deformado tanto nuestra imagen a nuestros ojos que ya no logramos reconocernos en ning\u00fan espejo. Llenar nuestra prisi\u00f3n de flores y velas no nos ayudar\u00e1 m\u00e1s a evadirnos que analizar la composici\u00f3n del cemento de sus muros.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Viagra, biopol\u00edtica y placer de saber<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">\u00bfPor qu\u00e9 el Viagra? \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s decir sobre esta nueva frontera de la aberraci\u00f3n que la humanidad acaba de franquear?<br \/>\nLo que ha sido dicho sobre el Viagra ha arrojado una luz p\u00fadica sobre su historia y a veces, entre estad\u00edsticas y palabras ingeniosas, ha aflorado la realidad presente; aunque uno nunca se haya aventurado m\u00e1s all\u00e1. No se ha realizado ninguna tentativa para revelar las razones profundas de su aparici\u00f3n: sobre lo que el capitalismo avanzado ha hecho de la vida humana y sobre la forma que esta debe tomar para mantenerse, la omert\u00e0 fue efectiva. Que la humanidad por venir est\u00e9 afligida de impotencia \u2014o crea estarlo, lo que viene a ser lo mismo\u2014, o que lo est\u00e9n nuestros contempor\u00e1neos, la gente con la que nos cruzamos en la escalera o en el supermercado, tal no es la cuesti\u00f3n. Tampoco nos incumbe preguntarnos si la impotencia que afecta a la poblaci\u00f3n masculina de los pa\u00edses industrializados corresponde a una astucia schopenhaueriana de la especie para provocar la extinci\u00f3n de esa parte de ella misma que se ha hundido m\u00e1s profundamente en la abyecci\u00f3n y la desgracia. Lo importante no es tanto la mutaci\u00f3n antropol\u00f3gica que opera el Viagra, como el terreno preexistente a su aparici\u00f3n, desde hace mucho tiempo colonizado por las formas m\u00e1s insidiosas de la opresi\u00f3n.<br \/>\nEl Viagra no es el resultado de una investigaci\u00f3n cient\u00edfica empujada por manifestaciones p\u00fablicas a favor del sexo-por-fin-accesible-a-todos, y ser\u00eda err\u00f3neo analizar su historia desde \u201cla base\u201d, desde el punto de vista de sus usuarios. En efecto, los consumidores del Viagra no son verdaderos consumidores, o mejor dicho, lo son en la medida en que compran el efecto, la consecuencia de la mercanc\u00eda, y no la mercanc\u00eda misma; pero este efecto, por primera vez, no es ni una sensaci\u00f3n privada para consumir m\u00e1s o menos colectivamente, ni la condici\u00f3n preliminar para nuevas relaciones (un hermoso coche, unas vacaciones donde conocer eventuales compa\u00f1eros sexuales, etc.). La desmaterializaci\u00f3n de la pornograf\u00eda y la prostituci\u00f3n, su devenir-metaf\u00edsico, ya las hab\u00eda hecho colarse en nuestros tel\u00e9fonos a trav\u00e9s de las l\u00edneas er\u00f3ticas, pero todav\u00eda no se deslizaban entre nuestras s\u00e1banas. Con el Viagra, los hombres compran la modalidad de la relaci\u00f3n y su condici\u00f3n de realizaci\u00f3n; su \u00fanico dominio de elecci\u00f3n \u2014el compa\u00f1ero, el otro\u2014 pasa autom\u00e1ticamente a la sombra, pues en verdad no han comprado nada m\u00e1s que la intercambiabilidad humana potencial.<br \/>\nLa biopol\u00edtica, como la ha definido Foucault, es el \u201cpoder de hacer vivir y dejar morir\u201d y se aplica no solamente a cada uno en particular, sino tambi\u00e9n al cuerpo m\u00faltiple y polic\u00e9falo de la poblaci\u00f3n, instalando \u201cmecanismos de seguridad referentes a todo lo que hay de aleatorio en cada poblaci\u00f3n de seres vivos\u201d con el fin de \u201coptimizar un estado de vida\u201d, de \u201ccolocar la vida bajo gesti\u00f3n\u201d (M. Foucault, Hay que defender la sociedad).<br \/>\nNuestra sexualidad, antes de habernos aparecido como insuficiente o patol\u00f3gica, ya hab\u00eda sido medicalizada, no solamente en sus aspectos desviados, sino en tanto que tal, \u201ccomo si fuera una zona de fragilidad patol\u00f3gica particular en la existencia humana\u201d (Foucault). Somos nosotros mismos quienes adoptamos el estilo farmac\u00e9utico, quienes interiorizamos la norma m\u00e9dica y la aplicamos a todo lo que es humano.<br \/>\nNos encontramos definitivamente movilizados como \u201cfondos\u201d, sobre todo en nuestras actividades l\u00fadicas y er\u00f3ticas, donde de otro modo nos arriesgar\u00edamos a encontrarnos con la imagen descolorida de nosotros mismos y de nuestra libertad perdida desde siempre. Es justamente all\u00ed donde la dominaci\u00f3n instala sus espejos deformantes. Y todo aquello que habla verdaderamente de nosotros, nuestra carne y nuestros sentimientos, nuestros deseos y nuestros dolores, todo aquello que en nosotros es pasi\u00f3n y no pasividad, nos es extra\u00f1o como un empleo que no hemos elegido: \u201cSi el poder concierne a los cuerpos, no es porque haya sido en primer lugar interiorizado en la consciencia de algunas personas. Hay una red de biopoder, de somatopoder que es al mismo tiempo una red a partir de la cual nace la sexualidad como fen\u00f3meno hist\u00f3rico y cultural al interior de la cual nos reconocemos y nos perdemos al mismo tiempo.\u201d (M. Foucault, Las relaciones de poder penetran en los cuerpos)<br \/>\n\u201cUna buena erecci\u00f3n comienza por el relajamiento del m\u00fasculo er\u00e9ctil que constituye el tronco del pene. Este relajamiento facilita la dilataci\u00f3n de las arterias, y por tanto el aflujo sangu\u00edneo en el cuerpo cavernoso, lo cual permite al miembro endurecerse. Es aqu\u00ed que interviene el Viagra\u201d (Cosmopolitan, julio de 1995).<br \/>\nAun no teniendo recuerdos de tal crudeza, ni siquiera en nuestros libros de ciencias naturales del colegio, no debemos sorprendernos de encontrarla en los diarios y semanarios, con su aspecto inquietante, unheimlich, a la vez extra\u00f1o y familiar. En nuestra \u00e9poca, el ars erotica ha devenido una una scientia sexualis que, para comprender, necesita clasificar: una erecci\u00f3n en s\u00ed puede ser \u201cbuena\u201d o \u201cmenor\u201d, y lo que medir\u00e1 su valor ser\u00e1 la \u201ccantidad de gozo\u201d que se podr\u00e1 obtener.<br \/>\nSiglos de alienaci\u00f3n nos separan de la sencilla sabidur\u00eda de Rufus de \u00c9feso, que se\u00f1alaba en su tratado de medicina: \u201cLo mejor para el hombre consiste en entregarse a las relaciones sexuales cuando es acosado a la vez por el deseo del alma y por las exigencias del cuerpo\u201d.<br \/>\nAhora es el tiempo de la \u201cfarmacolog\u00eda cosm\u00e9tica\u201d (Le Monde, 4 de septiembre de 1998), en el cual los medicamentos fortifican los tejidos, detienen la calvicie, vuelven esbelto y borran los estigmas del tiempo. \u201cCiertamente\u201d, afirma Richard Friedman, director de la cl\u00ednica de psicofarmacolog\u00eda del hospital de Nueva York, \u201cel l\u00edmite no es evidente: si usted es impotente o calvo y esto se vuelve una obsesi\u00f3n, lo que no es m\u00e1s que un simple s\u00edntoma puede transformarse en enfermedad\u201d; y Marian Dunn, directora del centro de estudios de sexualidad humana en la Universidad Estatal de Nueva York, a\u00f1ade: \u201cla impotencia se transforma pronto en un c\u00edrculo vicioso. Es un factor de depresi\u00f3n que puede tener consecuencias graves sobre el comportamiento y el trabajo\u201d (Le Monde, 14 de octubre de 1998). Los seres humanos por venir deben ser funcionales, y funcionar en todos sus aspectos, incluso si a veces oponen resistencia a la penetraci\u00f3n masiva del control en la vida privada, como en el caso de aquellos financieros de Wall Street tan reticentes a tomar un folleto, de modo que los publicistas tuvieron que recurrir a hombres-anuncio que enarbolan carteles con la inscripci\u00f3n \u201c\u00bfEs usted candidato al Viagra?\u201d, seguida de un n\u00famero telef\u00f3nico, lo que supuso inmediatamente la prescripci\u00f3n de centenares de recetas al mes (Ib\u00edd.).<br \/>\nSegunda en ventas despu\u00e9s del Prozac, el Viagra \u2014cuyo nombre ha generado ya numerosas leyendas (vendr\u00eda de la uni\u00f3n de \u201cviril\u201d y \u201cNi\u00e1gara\u201d, o provendr\u00eda del espa\u00f1ol \u201cVieja agradecida\u201d)\u2014 habr\u00eda sido as\u00ed bautizado por su connotaci\u00f3n \u201cvigorosa y todo-terreno, ni masculina ni femenina, internacional y no exclusivamente m\u00e9dica\u201d. (Ib\u00edd.) \u00c9l solo acaba de escribir un nuevo y aflictivo cap\u00edtulo de la historia de la sexualidad en la civilizaci\u00f3n occidental, en la cual cuarenta y cinco millones de parejas lamentan \u201cla imposibilidad de una vida sexual normal\u201d.<br \/>\nPor retomar la expresi\u00f3n de Michel Foucault, es nuestra insaciable \u201cvoluntad de saber\u201d la que nos abre las puertas de esos penosos dormitorios donde reina la \u201cnormalidad\u201d \u2014\u00a1y c\u00f3mo!\u2014, cifrada en dos relaciones sexuales por semana, que \u201cpor fortuna\u201d 41% de las parejas llegan a consumar.<br \/>\nEstas cifras, en verdad, no se limitan a satisfacer la curiosidad m\u00f3rbida de los lectores de revistas o a servir de indicador de un control social generalizado de las costumbres, sino que est\u00e1n al servicio de una nueva empresa de inquisici\u00f3n de la miseria humana.<br \/>\nLos seguros m\u00e9dicos estadounidenses2, que corren con parte del gasto en medicamentos cubiertos, se han situado f\u00e1cilmente del lado de la Iglesia y colaboran con ur\u00f3logos y m\u00e9dicos generalistas para someter a interrogatorio a quien se declare impotente. As\u00ed, se han apresurado a prescribir controles y verificaciones minuciosas, exigiendo saber cu\u00e1ndo y cu\u00e1ntas veces ha aparecido el problema, si se ha manifestado antes o despu\u00e9s de la puesta en el mercado del medicamento, para despu\u00e9s, sobre la base de una norma media estimada en ocho veces al mes, restituir a los desgraciados un \u201cplacer en p\u00edldoras\u201d artificial y racionado. Pero, a pesar de sus interrogatorios, los m\u00e9dicos no logran establecer con certeza qui\u00e9n miente y qui\u00e9n dice la verdad, de modo que \u201cpara Pfizer, las exigencias son contradictorias: el inter\u00e9s del laboratorio consiste a la vez en sobrepasar, por razones comerciales, la clientela de enfermos \u2018serios\u2019, y en mantener oficialmente una l\u00ednea estrictamente m\u00e9dica para convencer a las compa\u00f1\u00edas de seguros de salud de proceder al pago del f\u00e1rmaco\u201d (Le Monde, 14 de octubre de 1998). Adem\u00e1s, los ricos est\u00e1n dispuestos a pagar por las enfermedades de los pobres, pero ciertamente no por su placer; la estructura social no est\u00e1 todav\u00eda dispuesta a redistribuir las nuevas cargas asociadas a la gesti\u00f3n de los dolores y los ocios, como lo exige de hecho la dominaci\u00f3n. As\u00ed, algunas compa\u00f1\u00edas privadas de seguros de salud rechazan cubrir el gasto, y la poderosa asociaci\u00f3n estadounidense de jubilados, la AARP, se indigna de que el gobierno federal haya pedido a los estados que cubran el coste del Viagra para los m\u00e1s pobres a trav\u00e9s del r\u00e9gimen p\u00fablico de seguridad social.<br \/>\nY sin embargo, el Estado estadounidense debe, \u201cen este nuevo sistema de confusi\u00f3n de las esferas privada y p\u00fablica en que los asuntos de sexo devienen asuntos de Estado\u201d (Ib\u00edd.), promover nuevas inversiones para sus pacientes, sobre todo para aquellos que han sido m\u00e1s sumisos a su disciplina, cuyos cuerpos se han mostrado m\u00e1s eficazmente d\u00f3ciles y dispuestos a la obediencia. De ese modo se han desbloqueado cincuenta millones de d\u00f3lares para reerotizar a golpe de Viagra los cuerpos de las tropas de los Estados Unidos, as\u00ed como de los militares retirados.<br \/>\nSon extra\u00f1as esas entrevistas que leemos en los diarios, en las que se nos da a conocer la edad, el oficio, el estado civil y el n\u00famero de hijos de simples desconocidos llamados Marius o Patrick y, de repente, se nos introduce clandestinamente en sus miserias m\u00e1s \u00edntimas. No conocemos sus casas, tampoco el color de sus ojos o el rostro de su mujer, pero lo sabemos todo de sus h\u00e1bitos sexuales, de sus trastornos y sus patolog\u00edas; sabemos si un ur\u00f3logo se los ha tomado o no en serio, nos enteramos de las frustraciones resultantes de sus penetraciones fallidas. Creer\u00edamos encontrarnos mirando esas fotos pornogr\u00e1ficas en las que se puede distinguir el m\u00ednimo detalle del pene o la vagina de los personajes representados, pero cuyas miradas nos disimula un ir\u00f3nico rect\u00e1ngulo, que nos oculta la visi\u00f3n de su ser propio y proh\u00edbe as\u00ed la irrupci\u00f3n de todo aquello que trasciende dolorosamente lo f\u00edsico. Nos encontramos aqu\u00ed en el dominio indistinto en el que la intimidad y la extra\u00f1eza se desbordan la una a la otra, en una confusi\u00f3n por la que el Bloom pasea una existencia mutilada entre equ\u00edvoco y curiosidad.<br \/>\n\u201cA menudo se dice que no hemos sido capaces de imaginar placeres nuevos. Al menos inventamos un placer diferente: placer en la verdad del placer, placer en saberla, en exponerla, en descubrirla, en fascinarse al verla, al decirla, al cautivar y capturar a los otros con ella, al confiarla secretamente, al desenmascararla con astucia; placer espec\u00edfico en el discurso verdadero sobre el placer.\u201d (M. Foucault, La voluntad de saber)<br \/>\nNaturalmente, las v\u00edctimas de esta guerra qu\u00edmica declarada a la ineficiencia sexual, de esta cruzada por el sexo a cualquier precio, no se han hecho esperar: el 26 de agosto de 1998, la Food and Drug Administration cuenta sesenta y nueve \u201cmuertos del Viagra\u201d; todos, entre cuarenta y ocho y ochenta a\u00f1os, sufr\u00edan afecciones cardiovasculares, tomaban regularmente uno o varios medicamentos y, podemos a\u00f1adir, aspiraban adem\u00e1s a \u201cuna vida sexual normal\u00bb.<br \/>\nEn su discurso \u2014que no sabemos escuchar\u2014 nuestro cuerpo, definitivamente separado de nosotros, no nos reenv\u00eda sino nuestra insoportable ausencia a nosotros mismos.<br \/>\nCada \u201cdisfunci\u00f3n\u201d representa una falta de eficacia que debe ser corregida, cada somatizaci\u00f3n no es sino un obst\u00e1culo molesto a superar. La enfermedad es un caso particular del mal funcionamiento de ese sistema de comunicaci\u00f3n en el que se ha convertido nuestro organismo, un proceso de desconocimiento o de transgresi\u00f3n de los l\u00edmites del aparato estrat\u00e9gico que constituye el yo.<br \/>\nNo podemos concebirnos como un \u201corganismo\u201d del que la suma de las partes no igualar\u00eda nunca el todo.<br \/>\nLa medicina mecanicista nos explica que todo s\u00edntoma conoce su tratamiento propio, que no es indispensable buscar la causa de un trastorno porque nuestra enfermedad est\u00e1 privada de sentido y de ra\u00edces, a imagen del Bloom que la sufre; basta entonces con aprender de memoria, como una letan\u00eda profana, la lista de los efectos secundarios y, si olvidamos rendir homenaje al biopoder que nos domina con su presencia inquietante en nuestros cuidados cotidianos, recibiremos la muerte como esos diab\u00e9ticos que so\u00f1aban con volver a poder hacer el amor.<br \/>\nTexto sint\u00e9tico del que no sabemos descifrar los caracteres, nuestro cuerpo debe ofrecerse d\u00f3cilmente a la hermen\u00e9utica de los \u201cespecialistas\u201d: no estamos llamados a leerlo, sino solamente a reescribirlo.<br \/>\nEl peligro que tiende a conjurar este dispositivo articulado de expropiaci\u00f3n reside en esto: todo aquello que nuestro cerebro de esclavo alcanza a tolerar, nuestro cuerpo, insuficientemente d\u00f3cil, lo rechaza, porque en \u00e9l alg\u00fan residuo ancestral del instinto de rebeli\u00f3n se oculta todav\u00eda; \u00bfpero d\u00f3nde? He aqu\u00ed lo que los conquistadores de la industria farmac\u00e9utica se han jurado descubrir.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Del deseo indiferente<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Nuestra \u00e9poca, en la que se superponen una sobreabundancia de im\u00e1genes y la coexistencia de diversos \u00f3rdenes simb\u00f3licos, ha podido ser definida como neo-barroco. Pero esta aparente proliferaci\u00f3n de ocasiones que se ofrecen al despliegue del deseo no es sino la m\u00e1scara de su posible agon\u00eda.<br \/>\nEl deseo se ha hecho indiferente, en el doble sentido de que puede desear un objeto privado de marcas de especificidad, no particular \u2014el ser-cualquiera de la Jovencita, tan sorprendente en las \u00faltimas generaciones, que logran ajustarse cada vez m\u00e1s a \u00e9l\u2014, o simplemente permanecer insensible y negligente, es decir, dejar de responder a las solicitudes perpetuas, pero privadas de intensidad propia.<br \/>\nPara toda esa gente, Bloom perdidos tanto para sus cuerpos como para sus deseos, no existen todav\u00eda remedios y los m\u00e9dicos les desaconsejan tomar el Viagra para evitar decepciones: \u201cno se trata de un afrodis\u00edaco\u201d, no se cansan de repetir.<br \/>\nPero el deseo pasional se agota y se debilita inevitablemente en una \u00e9poca en la que \u201cla opacidad de las diferencias sexuales ha sido desmentida por el cuerpo transexual, la extra\u00f1eza incomunicable de la physis singular abolida por su mediatizaci\u00f3n espectacular, la mortalidad del cuerpo org\u00e1nico puesta en duda por la promiscuidad con el cuerpo sin \u00f3rganos de la mercanc\u00eda\u201d (G. Agamben, La comunidad que viene). Entre los polos de la anorexia y de la bulimia sexual, surge una suerte de sentimiento ciego e indiscriminado, un deseo indiferente, que ya no se encuentra forzado a afirmar su existencia contradictoria: la qu\u00edmica ha controlado todas sus debilidades, la prensa lo ha marcado como patol\u00f3gico, la industria farmac\u00e9utica ha fijado sus nuevos par\u00e1metros. Empalmarse cuando toca o desaparecer.<br \/>\nPodemos situar la aparici\u00f3n del deseo indiferente en el nacimiento de Don Juan, en pleno triunfo del barroco y de su obsesi\u00f3n por las m\u00e1quinas. Entonces se pusieron en marcha dispositivos sorprendentes; poleas y carretillas animan lo que no ten\u00eda alma; la prodigiosa exhibici\u00f3n del monstrum escenifica lo sagrado y a la vez convierte a la fe. Es la \u00e9poca en que en las ciudades lo sagrado se mezcla con lo profano en una contig\u00fcidad a menudo f\u00edsica y en la que entra en la leyenda un monje napolitano que, viendo a las muchedumbres acudir a una representaci\u00f3n de la commedia dell\u2019arte cuyo protagonista era el personaje c\u00f3mico Polichinela, comienza a blandir el crucifijo sobre la escena sagrada gritando: \u201c\u00a1Venid a ver: he aqu\u00ed el verdadero Polichinela!\u201d Frase que no era tan gratuita como podr\u00eda creerse, pues tambi\u00e9n Polichinela, s\u00edmbolo del cuerpo vil y del c\u00f3mico trivial por excelencia, era en realidad un habitual de la muerte, un psicopompo, uno de esos demonios que acompa\u00f1an a las almas.<br \/>\nAquel barroco, a diferencia del nuestro, era un espect\u00e1culo que restitu\u00eda la presencia de la muerte en todas partes, que la exorcizaba por su exhibici\u00f3n misma, en lugar de relegarla siempre a lo impensado.<br \/>\nEn el seno de este perpetuo memento mori, Don Juan ve la luz bajo la pluma de un monje espa\u00f1ol dedicado a demostrar que el deseo mec\u00e1nico, eternamente inquieto, indiferente (\u201cche sia brutta, che sia bella, purch\u00e9 porti la gonnelia voi sapete quel che fa\u201d3, no es un pecado contra la comunidad de los vivos, sino contra la de los muertos, contra la trascendencia. Don Juan, en realidad, no desea otra cosa que la muerte. Sus provocaciones continuas haciendo como si la muerte no existiera, su irrisoria invitaci\u00f3n a cenar lanzada a un espectro, no testimonian sino la naturaleza mec\u00e1nica de su movimiento en el mundo de los vivos. Sin trascendencia, no hay seducci\u00f3n. Don Juan no es libre, sino esclavo de la unidimensionalidad de un tiempo que se olvida de la muerte y, por tanto, del amor.<br \/>\nLa muerte abandonar\u00e1 lentamente la escena occidental en un movimiento de \u201cdescalificaci\u00f3n progresiva\u201d, \u201cla gran ritualizaci\u00f3n p\u00fablica de la muerte ha desaparecido o, en todo caso, se ha borrado gradualmente, desde fines del siglo xviii hasta hoy. Hasta tal punto que ahora la muerte \u2014al dejar de ser una de las ceremonias brillantes en las que participaban los individuos, la familia, el grupo, casi la sociedad entera\u2014 se ha convertido, al contrario, en lo que se oculta [\u2026] Y, en el l\u00edmite, el tab\u00fa recae hoy menos sobre el sexo que sobre la muerte\u201d (M. Foucault, Hay que defender la sociedad). Anta\u00f1o pasaje del reino terrestre al reino celestial, el acto de morir se toma irrepresentable en el marco del nuevo paradigma tecnol\u00f3gico del poder y su desaparici\u00f3n muda, su ritualizaci\u00f3n fallida, abre el camino al deseo indiferente, indiferente a la vida, luego tambi\u00e9n a la muerte.<br \/>\n\u201cAll\u00ed donde no impera el poder, ni la iniciativa, ni la capacidad de decisi\u00f3n, el morir es vivir, la pasividad de la vida, escapada de s\u00ed misma, confundida con el desastre de un tiempo sin presente y que soportamos esperando, espera de una desgracia no por venir, sino siempre ya sobrevenida y que no puede presentarse: en este sentido, futuro y pasado est\u00e1n condenados a la indiferencia, por carecer ambos de presente\u201d (M. Blanchot, La escritura del desastre)<br \/>\nEn este tiempo que no discurre, los deseos niegan la vida, rozando una contig\u00fcidad con lo no-vivo casi necr\u00f3fila. La sola existencia del deseo indiferente no puede, por otro lado, sino sumarse a la tabula rasa de las pasiones, a la degradaci\u00f3n del ser humano en m\u00e1quina-sin-alma. No es el deseo aut\u00e9ntico lo que se opone al deseo indiferente, pues cuando este \u00faltimo aparece, es el espacio mismo del deseo lo que en realidad ha desaparecido. Y esa desaparici\u00f3n, en estas condiciones de producci\u00f3n, no podr\u00eda traducirse por la ataraxia griega, por la fuerza de la indiferencia al dolor, como tampoco por la noci\u00f3n budista de upata o desapego. El deseo aut\u00e9ntico es entonces \u00fanicamente reemplazable por el deseo indiferente, que constituye la frontera \u00faltima de la pasi\u00f3n en la que el deseo se toma no deseante y si escinde en dos polos: el de una astenia fl\u00e1cida, de una casta n\u00e1usea, y el de una bulimia m\u00f3rbida, que ya no aspira a los cuerpos animados, sino que repite compulsivamente un gesto de consumo. Esto es el deseo mec\u00e1nico.<br \/>\nEl deseo aut\u00e9ntico no nace de la privaci\u00f3n, sino que echa ra\u00edces en la esencia profunda del Yo y existe como aspiraci\u00f3n, como esfuerzo para acrecentar su propia potencia de ser reconocido por otro; y \u2014a diferencia del deseo de la cosa\u2014 es el deseo humano por excelencia. Deseo activo, auxiliar de las pasiones, cuyas metamorfosis son las de la historia. Enemigo tanto de lo \u201cprivado\u201d como de la propiedad, el deseo aut\u00e9ntico, el deseo del deseo, revela la verdad secreta del deseante, lo que le hace propiamente humano.<br \/>\n\u201cEl deseo (cupitidas)\u201d, escribe Spinoza, \u201ces la esencia misma del hombre en cuanto es concebida como determinada a hacer algo en virtud de una afecci\u00f3n cualquiera que se da en ella\u201d (\u00c9tica, III), y es de su \u201cesencia\u201d, si queremos decirlo en t\u00e9rminos spinozianos, de lo que el hombre se encuentra exiliado cuando habita la indiferencia del deseo. Su Yo se vuelve un aparato estrat\u00e9gico y est\u00e1, como tal, privado de organicidad, expuesto al peligro de devenir cosa, de ser enteramente objetivado.<br \/>\nPero de ese Yo-aparato estrat\u00e9gico no pueden nacer sino hombres sin cualidades, sin \u201cafecciones del Yo\u201d, seres cualesquiera que no alcanzan nunca \u201cel otro estado\u201d, sino que quedan confinados al vac\u00edo de su unidimensionalidad, m\u00e1scaras sin rostro cuya ausencia de s\u00ed mismos no puede describir ninguna palabra: Bloom.<br \/>\n\u201cLos hombres destruidos (destruidos sin destrucci\u00f3n) son como sin apariencia, invisibles incluso cuando se les ve, y si hablan, es a trav\u00e9s de la voz de otros, una voz siempre otra que de alg\u00fan modo les acusa, los compromete, oblig\u00e1ndoles siempre a responder de una desgracia silenciosa que portan sin consciencia.\u201d (M. Blanchot, La escritura del desastre)<br \/>\nPero la indiferencia del deseo \u2014en lo sucesivo restringida a su polo mec\u00e1nico, que se adapta mejor a una sociedad de consumo fren\u00e9tico y que actualmente controla el devenir cosa del hombre y su p\u00e9rdida de s\u00ed\u2014 contiene tambi\u00e9n las posibilidades de su inversi\u00f3n, en nombre de una reapropiaci\u00f3n que pasa necesariamente por el cuerpo, la \u00fanica cosa que el Yo est\u00e1 a\u00fan obligado a habitar. Esta reapropiaci\u00f3n tambi\u00e9n adviene necesariamente a trav\u00e9s del lenguaje, que antes de decir lo que sea, nos dice siempre en tanto que cuerpos, en la medida en que lo no-ling\u00fc\u00edstico, lo inmediato, es lo presupuesto del lenguaje, pues, como lo explica Hegel, \u201cel elemento perfecto, en el que la interioridad es a un tiempo exterior, como la exterioridad es interior, es nuevamente el lenguaje\u201d (Hegel, Fenomenolog\u00eda del Esp\u00edritu).<br \/>\nEs por ello que \u201cla singularidad cualquiera, que quiere apropiarse de la pertenencia misma, de su ser mismo en el lenguaje, y declina por esto toda identidad y toda condici\u00f3n de pertenencia, es el principal enemigo del Estado\u201d (G. Agamben, La comunidad que viene).<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">De la reificaci\u00f3n<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Desde luego hay un modo de empleo de los Hombres-m\u00e1quina, pero \u00e9l mismo no tiene nada de maqu\u00ednico. Por el contrario, la colonizaci\u00f3n de la humanidad del hombre es lo \u00fanico que ha podido asegurar a la dominaci\u00f3n mercantil su continuidad en el estado de m\u00e1quina. Pero las modalidades de la producci\u00f3n presente ya no pueden satisfacerse con tales esclavos, tan amenazantes como disminuidos. Por tanto, ha habido que disolver la cadena de montaje, en la que la comunidad obrera ten\u00eda una fastidiosa tendencia a permanecer palpable, y extenderla de manera difusa a la totalidad del cuerpo social, con el riesgo de revelar el car\u00e1cter metaf\u00edsico de toda esclavitud, tanto la del cuerpo como la del esp\u00edritu. Nuestro tiempo ha tenido que poner el alma a trabajar. Alma que debe estar suficientemente socializada, es decir, tener suficientes relaciones sexuales, pero que al mismo tiempo debe permanecer lo bastante ajena a s\u00ed misma para no desear lo que podr\u00eda realmente liberarla, es decir, un uso diferente del cuerpo.<br \/>\nDesde esta perspectiva, el control de la comunicaci\u00f3n entre la interioridad humana y el mundo se vuelve central y dicho control se logra a trav\u00e9s de los deseos, deseos de consumo, de evasi\u00f3n, de \u00e9xito profesional, pero sobre todo deseos de humanidad, de encuentro con otros, que no sean sin embargo pura conexi\u00f3n.<br \/>\n\u201cLas particularidades hist\u00f3ricas de la versi\u00f3n moderna y cartesiana de la subjetividad, han sido simplemente reemplazadas por una nueva configuraci\u00f3n posmoderna del desapego, una nueva idea de incorporeidad: un sue\u00f1o de ubicuidad, [\u2026] pero, \u00bfqu\u00e9 tipo de cuerpo es libre de cambiar a placer de forma y de lugar, devenir cualquiera y viajar a cualquier parte?\u201d (S. Bordo, Feminism-Postmodemism) \u201cNo body\u201d, nadie, y es esto lo que el deseo indiferente desea del otro: su persona, su m\u00e1scara. El deseo indiferente no puede salir a escena sino como deseo de nadie.<br \/>\nUn simple deseo del envoltorio, una \u201clibido sartorial\u201d, esto experimentan los hombres que se sienten cosa-que-siente. \u201cEn lugar de la viscosidad hormigueante y perturbadora de la vida y de la muerte, la sexualidad neutra abre el horizonte intemporal de la cosa\u201d (M. Perniola, Il sex-appeal dell\u2019inorganico). El hombre convertido en cosa considera sus sensaciones con un curioso desapego: nada le pertenece exceptuando las cosas y solamente puede desear las cosas o a los otros en la medida en que ellos mismos son cosas. Perniola, quien decididamente es corto de vista, presenta aqu\u00ed como horizonte ineluctable una sexualidad indolente entre cosas. En su tranquila fe en el fin de la historia, quiere creer igualmente que la humanidad futura est\u00e1 llamada a liberarse de la obsesi\u00f3n por los resultados liber\u00e1ndose simplemente del deseo de ser humano, intercambiado a buen precio por la excitaci\u00f3n reconfortante y ociosa de las cosas. Macabra perspectiva la de un \u00e9xodo general fuera de la vida viviente donde hombres cosificados se extraviar\u00edan entre las cosas y las mercanc\u00edas, no siendo ya uno para otro sino el objeto de un deseo de objeto. \u201cSi una vagina no fuera m\u00e1s que una vagina y no una alegor\u00eda del paisaje terrestre, la excitaci\u00f3n no podr\u00eda ser ilimitada; y del mismo modo si el paisaje terrestre no remitiera sino a s\u00ed mismo, la arquitectura no ser\u00eda sino la construcci\u00f3n y la representaci\u00f3n del territorio. Se va de la vagina al cosmos por un camino que va de lo mismo a lo mismo, porque ni la vagina, ni el mundo, ni siquiera nuestro cuerpo son ya lugares habitables.\u201d (Ib\u00edd.) Perspectiva err\u00f3nea sobre todo porque \u201cnunca me transformo \u00edntegramente en una cosa dentro del mundo, siempre me falta la plenitud de la existencia como cosa, mi sustancia huye de m\u00ed y alguna intenci\u00f3n siempre se perfila. En tanto que entra\u00f1a \u00f3rganos de los sentidos, la existencia corporal no reposa nunca en s\u00ed misma, est\u00e1 siempre trabajada por una nada activa, me hace constantemente la proposici\u00f3n de vivir y el tiempo natural, siempre que adviene, esboza sin cesar la forma vac\u00eda del verdadero acontecimiento\u201d (M. Merleau-Ponty, Fenomenolog\u00eda de la percepci\u00f3n). Incluso si la hip\u00f3tesis kojeviana del \u201cfin de la Historia\u201d parece realizarse por momentos en nuestra \u00e9poca \u2014la m\u00fasica se modela sobre el ruido cotidiano, el trabajo se vuelve m\u00e1s l\u00fadico que anta\u00f1o, el \u201carte\u201d se prodiga extensamente en el cuerpo social\u2014, es desmentida en este punto central: los hombres, lejos de pasar su tiempo haciendo el amor en una despreocupaci\u00f3n satisfecha y campestre, se vuelven al contrario incapaces. Todav\u00eda no hemos logrado aislar el elemento que alumbra el amor, no en mayor medida, por otro lado, que el sentido de la historia.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Del posfeminismo<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">La mujer se ha transformado en su relaci\u00f3n con el deseo masculino en la realizaci\u00f3n terrestre de un arquetipo de belleza est\u00e9ril y de autosuficiencia.<br \/>\nCada mujer no es m\u00e1s que un ser sint\u00e9tico, manipulado por la industria farmac\u00e9utica y cosm\u00e9tica cuando no por la de la cirug\u00eda est\u00e9tica. Su modelo no es otro que el cuerpo sint\u00e9tico publicitario y sus consejeros en reformateo son las revistas femeninas, sistemas de producci\u00f3n semi\u00f3tica cerrados y autorreferenciales, parad\u00f3jicamente impermeables a la injerencia masculina.<br \/>\nLa ca\u00edda del orden patriarcal y el devenir-mujer del mundo encuentran parcialmente su explicaci\u00f3n en el proceso de autonomizaci\u00f3n del cuerpo de la mujer en relaci\u00f3n al deseo masculino y al deseo en general: a medida que el cuerpo femenino es objeto de reformateo y de remodelaci\u00f3n, pierde la capacidad sensible de experimentar placer y de expresar metaf\u00edsicamente la sensualidad.<br \/>\nA la mujer actual le importa ser deseable, no ser deseada. La l\u00f3gica de la Jovencita reina aqu\u00ed sin parang\u00f3n.<br \/>\nAl orden patriarcal ca\u00eddo no lo ha sustituido ning\u00fan otro orden, sino un contradictorio imperativo categ\u00f3rico hedonista que marca la carne con los estigmas del dolor y la impotencia.<br \/>\nCon el Viagra, es la relaci\u00f3n sexual lo que se autonomiza definitivamente de los sujetos, es la industria farmac\u00e9utica la que copula consigo misma, en la forma de una mujer qu\u00edmicamente modificada por la p\u00edldora anticonceptiva y los sustitutos diet\u00e9ticos de comidas.<br \/>\nEl Viagra no es realmente un medicamento para el hombre, porque el problema no es tanto comprender qu\u00e9 ineficiencia masculina remedia, sino a qu\u00e9 inquietud femenina pone fin, si debemos creer a Erica Jong4, en cuya opini\u00f3n para la mujer \u201cel \u00faltimo dilema es encontrarse frente a un pene fl\u00e1cido\u201d.<br \/>\nEn la polis griega, la diferencia entre el \u00e1mbito dom\u00e9stico y el \u00e1gora era impl\u00edcita y fundadora, porque correspond\u00eda a la separaci\u00f3n entre el \u00e1mbito de la ausencia de libertad, de la violencia que se ejerc\u00eda sobre esclavos y criaturas no libres \u2014mujeres y ni\u00f1os\u2014, y el \u00e1mbito de la libre discusi\u00f3n y del uso de la persuasi\u00f3n que los hombres-ciudadanos aplicaban entre iguales. Pero, como escribe Hannah Arendt (La condici\u00f3n humana), \u201cpara nosotros esta l\u00ednea divisoria ha quedado borrada por completo, ya que vemos el conjunto de pueblos y comunidades pol\u00edticas a imagen de una familia cuyos asuntos cotidianos han de ser cuidados por una administraci\u00f3n dom\u00e9stica gigantesca y de alcance nacional. El pensamiento cient\u00edfico que corresponde a este desarrollo ya no es ciencia pol\u00edtica sino \u2018econom\u00eda nacional\u2019 o \u2018econom\u00eda social\u2019 o Volkswirtschaft, todo lo cual indica una especie de \u2018administraci\u00f3n dom\u00e9stica colectiva\u2019\u201d.<br \/>\nAunque la salida del \u00e1mbito dom\u00e9stico habr\u00eda podido traducirse para la mujer en una liberaci\u00f3n del oikou nomos, de la ley de la casa, hoy vemos esta ley, al contrario, extenderse al funcionamiento entero de la sociedad.<br \/>\nPuede entonces hablarse de una feminizaci\u00f3n del mundo en la medida en que vivimos en una sociedad de esclavos sin amos.<br \/>\nLa mujer no ha estado nunca tan lejos de su liberaci\u00f3n sexual y, por tanto, corporal, como en la era del Viagra. Es en el \u00e9xodo de su propio cuerpo donde debe buscarse la raz\u00f3n de la ca\u00edda del deseo masculino.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Quasi unum corpus<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">El cuerpo femenino no ha sido nunca tan p\u00fablico y ha estado tan desierto al mismo tiempo como en los a\u00f1os del posfeminismo: ya no es sino un embalaje en el que cada diferencia no codificada por los lenguajes publicitarios es una imperfecci\u00f3n que borrar, donde todo distanciamiento respecto de los par\u00e1metros conocidos es un handicap si tenemos en cuenta la norma de lo deseable.<br \/>\nLa amarga verdad del Espect\u00e1culo parecer\u00eda revelarnos una evidencia que no ha sabido encontrar el lugar para afirmarse: no es la belleza lo que enciende el deseo; el deseo es una entidad metaf\u00edsica. Plat\u00f3n escrib\u00eda: \u201cEros no es ni feo ni guapo, ni joven ni viejo\u201d; en otros t\u00e9rminos, no habita el espacio ef\u00edmero de la carne.<br \/>\nLos cuerpos no son hoy sino tristes edificios habitados y construidos por la qu\u00edmica. Los cuerpos de los Bloom son arquitecturas inhabitables.<br \/>\nEl hundimiento de un orden simb\u00f3lico, en lugar de anunciar un per\u00edodo de libertades nuevas, se ha resuelto en la descomposici\u00f3n del cuerpo mismo de la sociedad y en consecuencia de los cuerpos de los individuos que la componen.<br \/>\nComo ya nos lo explicaba Tito Livio con la apolog\u00eda de los miembros y del est\u00f3mago desarrollada por Agripa Menenio y tal y como lo ha retomado una vasta literatura tanto en la Edad Media como durante el Barroco, el v\u00ednculo entre el cuerpo pol\u00edtico de la sociedad y el cuerpo personal de los sujetos va mucho m\u00e1s all\u00e1 de una bella met\u00e1fora. Para Santo Tom\u00e1s, los hombres formaban quasi unum corpus, un solo cuerpo por as\u00ed decirlo, y toda la Antig\u00fcedad insistir\u00e1 en la igual necesidad de los miembros para el bienestar del organismo. Rufus llegar\u00e1 a decir que si el esp\u00edritu se pierde en vanas imaginaciones es preciso \u201csometer al alma y hacerla obedecer al cuerpo\u201d.<br \/>\nDe hecho, \u201clo que hace tan dif\u00edcil de soportar a la sociedad de masas no es el n\u00famero de personas o al menos no de manera fundamental\u201d, sino el hecho de que los individuos est\u00e9n como sumergidos en una sesi\u00f3n de espiritismo en la que, por el efecto de un prodigio inexplicable, la mesa se desvanecer\u00eda y en la que todos se encontrar\u00edan \u201csentados, unos frente a otros sin estar ya separados, pero tampoco unidos, por alguna cosa tangible\u201d (H. Arendt, op. cit.), miembros separados del cuerpo, \u00f3rganos sin cuerpo expuestos a una inevitable descomposici\u00f3n.<br \/>\nFrente a la exigencia econ\u00f3mica de que los cuerpos sobrevivan a la necrosis de un bios politikos que los abandona, asistimos a una reconstituci\u00f3n artificial de los l\u00edmites de los organismos, una delimitaci\u00f3n de su forma f\u00edsica y de sus aptitudes para la praxis.<br \/>\nEl reformateo consiste en esto: reproducir en el interior de una nueva forma domesticada, privada de memoria, pulsiones y potencialidades puramente inmanentes, casi completamente desprovistas de espesor psicol\u00f3gico y metaf\u00edsico; hacer de los hombres inteligencias artificiales siempre m\u00e1s previsibles y de sus cuerpos, dispositivos siempre m\u00e1s d\u00f3ciles.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Joyas indiscretas y Shejin\u00e1<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Los movimientos feministas de los a\u00f1os setenta dec\u00edan que lo \u201cpersonal es pol\u00edtico\u201d, es decir, reivindicaban para la econom\u00eda individual de los deseos un lugar alejado de los reflectores del Espect\u00e1culo; evocaban un \u00e1mbito p\u00fablico que no fuera publicitario y que produjera un sentido diferente de la normatividad que funda toda cosa \u201cprivada\u201d por muy singular que se crea.<br \/>\nEl acontecimiento que constituye el Viagra prueba no solamente el fracaso de este proyecto, sino tambi\u00e9n lo que es la consecuencia directa, que todo aquello que crec\u00eda a la sombra de la intimidad de los sentimientos que se profesaban las gentes ha sido sacado a la luz inmisericorde de una confesi\u00f3n medi\u00e1tica general.<br \/>\nLo que ha vencido el Viagra no es tanto la impotencia como el residuo de lo que Foucault llamaba la \u201clatencia esencial\u201d de la sexualidad, es decir, lo que toda forma de dominaci\u00f3n tiende a desenmascarar y que no es lo que el sujeto querr\u00eda ocultar, sino lo que le permanece oculto a \u00e9l mismo.<br \/>\nLa pretendida \u201cliberaci\u00f3n sexual\u201d se ha traducido, en sus \u00faltimas consecuencias, por una liberalizaci\u00f3n del sexo y de sus secretos, en un mercado del deseo autonomizado tanto de su objeto como de su sujeto; mercado para el que el coito, nueva forma del equivalente general abstracto, debe tener lugar, como un comercio entre tantos otros, independientemente de las personas que se encuentren implicadas en \u00e9l, de los sentimientos que experimenten, de la atm\u00f3sfera y del humor en el que se encuentren. La erecci\u00f3n mec\u00e1nica, pagadera a la vista del portador, ha prevalecido sobre toda metaf\u00edsica del Eros.<br \/>\nLa scientia sexualis que, a partir del siglo XVlll, sustituye al ars erotica, es un saber construido y producido para desactivar Joyas indiscretas y Shejin\u00e1 el potencial inquietante que el sexo, en tanto manifestaci\u00f3n f\u00edsica de lo metaf\u00edsico, porta en s\u00ed: \u201cel punto fr\u00e1gil por donde nos llegan las amenazas del mal; el fragmento de noche que cada uno lleva en s\u00ed\u201d (M. Foucault, Hay que defenderla sociedad).<br \/>\nSi antes bastaba, para volver inofensiva la sexualidad, con ahogarla en una elocuente censura, todo el problema est\u00e1 hoy, para la dominaci\u00f3n, en saber c\u00f3mo resucitarla, en un tiempo en el que se muere, vaciada de su sentido oculto, exiliada de su parte maldita.<br \/>\nLo que debe evitarse es que su silencio suscite preguntas y que la sombra de su ausencia aparezca en la iluminaci\u00f3n forzada del eterno mediod\u00eda del Espect\u00e1culo. Lo que hay que ocultar a todo precio es que la \u201cmetaf\u00edsica \u2014la emergencia de un m\u00e1s all\u00e1 de la naturaleza\u2014 no est\u00e1 localizada al nivel del conocimiento intelectual, sino en este conocimiento carnal, sexual, con el cual nos abrimos originariamente al otro sin dejar de ser nosotros mismos\u201d (M. Merleau-Ponty, Fenomenolog\u00eda de la percepci\u00f3n).<br \/>\nEn Las joyas indiscretas de Diderot, el genio Cucufa descubre en el fondo de su bolsillo, entre granos benditos, peque\u00f1as pagodas de plomo y otras p\u00edldoras enmohecidas, un anillo de plata que, cuando se gira el engaste, hace hablar a los \u00f3rganos genitales con los que se encuentra.<br \/>\nEn nuestra \u00e9poca, la dominaci\u00f3n, tras haber abandonado su antigua l\u00f3gica de conminaci\u00f3n a la inexistencia, a la no manifestaci\u00f3n y al mutismo, ha hecho suya la l\u00f3gica del anillo de Cucufa.<br \/>\nY lo que le ocurre al lenguaje sexual vale para el lenguaje a secas: m\u00e1s seguros que el silencio, donde el pensamiento siempre puede refugiarse, son los tel\u00e9fonos m\u00f3viles que realizan plenamente el reino heideggeriano del parloteo.<br \/>\nEl objetivo de este impalpable mercado de las sensaciones \u2014en el que entran de pleno derecho todas las mercanc\u00edas culturales\u2014 es poder hacernos consumir im\u00e1genes y palabras en todo momento y en todo lugar de nuestra vida, para romper la continuidad y el sentido, para convencernos de que esta no tiene ni fin ni forma.<br \/>\nSe ha vuelto evidente, ahora que el consumo de signos se ha apoderado de la totalidad del ser humano, que la mercanc\u00eda y el consumo eran desde el comienzo, esencialmente, un modo de comunicaci\u00f3n.<br \/>\nLos modos de producci\u00f3n llamados \u201cposfordistas\u201d no se han contentado con a\u00f1adir a la expropiaci\u00f3n de la actividad productiva la alienaci\u00f3n de la naturaleza ling\u00fc\u00edstica y comunicativa del hombre, el logos \u2014con el que Her\u00e1clito identificaba, no por azar, lo Com\u00fan\u2014, sino que han revelado sobre todo, en el movimiento mismo en el que desmaterializaban el trabajo, que esta expropiaci\u00f3n se ha efectuado siempre sobre el plano metaf\u00edsico.<br \/>\nAlgunos cabalistas dan cuenta del divorcio del sentido y de la palabra con el tema cl\u00e1sico del \u201cexilio de la Shejin\u00e1\u201d. La Shejin\u00e1 es la \u00faltima de las diez Sefirot o atributos de la divinidad, la que expresa su presencia misma, su manifestaci\u00f3n sobre la Tierra, la palabra.<br \/>\nUna historia talm\u00fadica narra que cuatro rabinos fueron admitidos en el para\u00edso: uno de ellos quebr\u00f3 las ramas del \u00e1rbol de las Sefirot, gesto que simboliza en la C\u00e1bala el pecado de Ad\u00e1n separando el \u00e1rbol de la Vida del \u00e1rbol del Conocimiento. Como resultado de esta separaci\u00f3n, \u201cel universo cae, Ad\u00e1n cae, cada cosa es afectada, perturbada, [\u2026] nada permanece donde deb\u00eda estar y como deb\u00eda ser; nada, en consecuencia, ha estado en lo sucesivo en su lugar propio. Todo est\u00e1 en exilio. La luz espiritual de la Shejin\u00e1 fue arrastrada a la oscuridad del mundo demon\u00edaco del mal. De ello resulta la mezcla del bien y del mal que deben separarse cuando el element\u00f3 de la luz retome su posici\u00f3n primera. Es as\u00ed como vino a la existencia, no el mundo material en el que vivimos, sino el hombre, en parte espiritual, en parte material\u201d (Gershom Scholem, Las grandes tendencias de la m\u00edstica jud\u00eda). La carne, en la visi\u00f3n de los Cabalistas, es el atav\u00edo del hombre m\u00edstico, exiliado de s\u00ed mismo desde el pecado original; antes de esto, el hombre pose\u00eda una condici\u00f3n espiritual m\u00e1s elevada que la del \u00e1ngel m\u00e1s elevado en la jerarqu\u00eda celeste.<br \/>\nSi Ad\u00e1n no hubiera pecado, el Tiqqun, la Reunificaci\u00f3n, se habr\u00eda consumado; cada cosa habr\u00eda reocupado su lugar y el universo habr\u00eda sido salvado. Y sin embargo, esta ca\u00edda en la confusi\u00f3n del bien y del mal, que deb\u00edan permanecer separados, y este desgarrarse en separaciones artificiales de lo que deb\u00eda permanecer unido, no nos condena a un exilio definitivo y a una irreversible impotencia. El infierno en el que hemos ca\u00eddo es nuestro vagar y el desierto que hoy atravesamos es la historia; en cierto sentido, \u201cno solamente somos due\u00f1os de nuestro destino y en el fondo responsables de la prosecuci\u00f3n del exilio, sino que cumplimos tambi\u00e9n una misi\u00f3n que tiene finalidades m\u00e1s lejanas\u201d (Ib\u00edd.). La falta del Bloom reside en su incomprensi\u00f3n del camino que est\u00e1 recorriendo, en su ausencia de punto de vista sobre la historia que vive, en su ignorancia del lugar que ocupa entre los hombres y las cosas. La C\u00e1bala dice que el hombre cae en el aislamiento cuando quiere ponerse en el lugar de Dios, en otros t\u00e9rminos, cuando pretende que la libertad debe servirle y no que es \u00e9l quien debe servir a la libertad.<br \/>\nA medio camino entre trascendencia e inmanencia, la Shejin\u00e1 se asoma a la ventana que se abre sobre nuestra propia nada, sobre nuestra propia libertad. Este lenguaje por medio del cual el hombre m\u00edstico, el hombre que estaba m\u00e1s alto que los \u00e1ngeles, vuelve a su atav\u00edo terrestre y se reconcilia con su cuerpo, es un lenguaje que narra al individuo, que le hace redescubrirse a s\u00ed mismo, que le abre al reconocimiento de los otros. Ciertamente, tal lenguaje es diferente para cada uno, pero es comprensible para aquellos que siguen el mismo camino, es decir, \u201cdesde el momento en que cada individuo tiene una tarea particular en la lucha por la realizaci\u00f3n del Tiqqun, seg\u00fan el grado y el estado propio de su alma\u201d (Ib\u00edd.) Marx dec\u00eda en sustancia la misma cosa, pero con m\u00e1s precisi\u00f3n: \u201cS\u00f3lo cuando el hombre real individual retoma en s\u00ed al ciudadano abstracto [\u2026] cuando el hombre ha reconocido y organizado sus forces propres como fuerzas sociales y cuando, por tanto, ya no separa de s\u00ed la fuerza social bajo la forma de fuerza pol\u00edtica, s\u00f3lo entonces concluye la emancipaci\u00f3n humana.\u201d (K. Marx, Sobre la cuesti\u00f3n jud\u00eda)<br \/>\nLa Shejin\u00e1, por \u00edntima que sea de la esfera celeste, se mantiene amorosamente al lado de todos los hombres, como lo estaba al lado de Israel dondequiera que estuviera en el exilio; y del mismo modo, \u201ccuando dos hombres se sientan a interpretar las palabras de la Tor\u00e1, la Shejin\u00e1 se encuentra entre ellos\u201d (J. Abelson, The immanence of God in Rabbinical Literature), pues no hay lugar donde la Shejin\u00e1 no est\u00e9, donde no sufra el mismo dolor que el hombre, \u201cni siquiera en la zarza ardiente\u201d (Exodo rabba, en \u00c9xodo 2:5). \u201cCuando el hombre soporta sufrimientos, \u00bfqu\u00e9 dice la Shejin\u00e1? \u2018La mano me duele; la cabeza me duele\u2019.\u201d (G. Scholem)<br \/>\nIncluso si la Shejin\u00e1 no nos abandona jam\u00e1s, a causa de su exilio, nos deja constantemente expuestos al riesgo de que \u201cla palabra \u2014esto es, el desocultamiento y la revelaci\u00f3n de toda cosa\u2014 se separe de esto que revela y adquiera as\u00ed una consistencia aut\u00f3noma. [\u2026] En esta condici\u00f3n de exilio, la Shejin\u00e1 pierde su potencia positiva y deviene mal\u00e9fica (los cabalistas dijeron que \u2018beb\u00eda la leche del mal\u2019)\u201d (G. Agamben, op. cit.).<br \/>\nPero algo puede poner fin a este exilio y es la consciencia de que \u201cla palabra, en su esencia original, es un compromiso ante un tercero con nuestro pr\u00f3jimo: acto por excelencia, instituci\u00f3n de la sociedad. La funci\u00f3n original de la palabra no consiste en designar un objeto para comunicar con otro en un juego que no tiene consecuencias, sino en que alguien asuma una responsabilidad hacia alguien. Hablar es comprometer los intereses de los hombres. La responsabilidad ser\u00eda la esencia del lenguaje\u201d (E. Levinas, Cuatro lecturas talm\u00fadicas).<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Biopol\u00edtica y moneda viril<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">En estos d\u00edas en los que una erecci\u00f3n se compra, se programa, y en que el emblema hist\u00f3rico de la dominaci\u00f3n masculina se vuelve algo reproductible in vitro, separado de su acicate y de su sentido, todos los obst\u00e1culos a la prostituci\u00f3n universal son suprimidos.<br \/>\nEl sexo ya no tiene solamente un mercado, es un mercado; \u00faltimo fragmento de noche que port\u00e1bamos en nosotros, cede a la pura positividad del cuerpo desnaturalizado y sustituible de nuestro tiempo.<br \/>\nEl \u201cumbral de modernidad biol\u00f3gica\u201d de una sociedad se sit\u00faa en el momento en el que la nuda vida se convierte en lo que est\u00e1 en juego en las estrategias pol\u00edticas \u2014suponiendo no obstante que una vida separada de su forma sea todav\u00eda una vida.<br \/>\n\u201cDurante milenios, el hombre sigui\u00f3 siendo lo que era para Arist\u00f3teles: un animal viviente y adem\u00e1s capaz de una existencia pol\u00edtica; el hombre moderno es un animal en cuya pol\u00edtica est\u00e1 puesta en entredicho su vida de ser viviente\u201d (M. Foucault, Historia de la sexualidad I). Ya no es la muerte la que es instrumento de dominaci\u00f3n, sino la administraci\u00f3n de lo que est\u00e1 vivo en un dominio de \u201cvalor y de utilidad\u201d, dominio en que el comercio es perfectamente inmaterial y cuya moneda es la facultad de deseo que inviste la totalidad de la vida biol\u00f3gica y cultural.<br \/>\nImaginemos, escribe Klossowski, que \u201cnos encontr\u00e1semos en una \u00e9poca industrial en que los productores tuvieran los medios de exigir como modo de pago objetos de sensaci\u00f3n por parte de los consumidores, listos objetos son seres vivos. Seg\u00fan este ejemplo de trueque, productores y consumidores vienen a constituir colecciones de \u2018personas\u2019 destinadas pretendidamente al placer, a la emoci\u00f3n, a la sensaci\u00f3n. \u00bfC\u00f3mo puede cumplir la \u2018persona\u2019 humana la funci\u00f3n de moneda? \u00bfC\u00f3mo los productores, en lugar de \u2018pagarse\u2019 mujeres, se har\u00edan pagar \u2018en mujeres\u2019? \u00bfC\u00f3mo pagar\u00edan entonces los empresarios o los industriales a sus ingenieros, sus obreros? \u2018En mujeres.\u2019 \u00bfQui\u00e9n mantendr\u00e1 esta moneda viviente? Otras mujeres. Lo que supone la inversa: las mujeres que ejercen un oficio se har\u00e1n pagar \u2018en chicos\u2019. \u00bfQui\u00e9n mantendr\u00e1, es decir, qui\u00e9n sustentar\u00e1 esta moneda viril? Aquellos que dispongan de moneda femenina\u201d (P. Klossowski, La moneda viviente).<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">La comunidad que viene<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">\u201cEn otras palabras, la persecuci\u00f3n que me abre a la paciencia m\u00e1s larga y que es en m\u00ed la pasi\u00f3n an\u00f3nima, no solamente tengo que responder por ella, cargando con ella fuera de mi consentimiento, sino que tambi\u00e9n he de responderle con la negativa, la resistencia y la lucha, volviendo al saber (volviendo, si es posible \u2014porque puede que no haya retorno), al yo que sabe y que sabe que est\u00e1 expuesto.\u201d (M. Blanchot, op. cit.)<br \/>\nLa comunidad que viene es una comunidad que se liberar\u00e1 gracias al cuerpo y en consecuencia gracias a las palabras para hablarle.<br \/>\nMientras que, en el modelo de producci\u00f3n fordista, el cuerpo estaba condenado a la cadena de montaje por sus gestos repetitivos y el esp\u00edritu quedaba \u201clibre\u201d para pensar las formas de emancipaci\u00f3n, hoy, siendo el trabajo en las sociedades capitalistas avanzadas casi enteramente intelectual, es el cuerpo el que asiste, incr\u00e9dulo y olvidado, a esta nueva explotaci\u00f3n. Olvidado durante las horas de trabajo, pero constantemente presente en el tiempo libre en forma de obsesi\u00f3n, el cuerpo es la m\u00e1s material de nuestras determinaciones y, al mismo tiempo, la tarjeta de visita que permite acceder al mercado de trabajo desmaterializado. Es la persona, la m\u00e1scara que debe ser cuidada al detalle, para que no pueda expresarse en su lenguaje, el lenguaje de la insumisi\u00f3n.<br \/>\nEn este inmenso mercado de la \u201cdeseabilidad\u201d, es al deseo abstracto y vac\u00edo de la sociedad mercantil a lo que debemos entregarnos si queremos \u201cinsertarnos socialmente\u201d y trabajar. Este nuevo mercado no constituye un espacio que habitar\u00edamos oficialmente como singularidades, sino un par\u00e1metro general seg\u00fan el que debemos conformarnos.<br \/>\nStuart Ewen cita un folleto comercial ejemplar de los a\u00f1os veinte que ya hac\u00eda el reclamo de productos de belleza femeninos: en la portada figuraba un desnudo impecablemente l\u00edmpido, empolvado y maquillado, acompa\u00f1ado de la siguiente leyenda: \u201cSu obra maestra. Usted misma\u201d. (Stuart Ewen, Capitanes de la consciencia)<br \/>\n\u201cLa publicidad\u201d, explica Ewen, \u201chab\u00eda tomado prestada de la psicolog\u00eda social la noci\u00f3n de yo social y hab\u00eda hecho de ella una pieza esencial de su arsenal. De ese modo, cada uno se defin\u00eda a s\u00ed mismo en los t\u00e9rminos fijados por el juicio de los otros\u201d, as\u00ed \u201cen medio de su cocina-sala de m\u00e1quinas, se supone que la esposa moderna pasaba el tiempo pregunt\u00e1ndose si su \u2018yo\u2019, su cuerpo, su personalidad, eran competitivos en el mercado socio-sexual que defin\u00eda su puesto de trabajo\u201d. (Ib\u00edd.)<br \/>\nLo que le ocurr\u00eda a las esposa la v\u00edspera de su salida del hogar para entrar en la f\u00e1brica, le ocurre hoy a la sociedad al completo transformada en una \u201cgigantesca administraci\u00f3n dom\u00e9stica\u201d. (Ib\u00edd.)<br \/>\nEl cuerpo de la mujer es, como ya lo testimonia el mito de Pigmali\u00f3n, el veh\u00edculo privilegiado del biopoder. Mu\u00f1eca capaz de desear, es as\u00ed c\u00f3mo la sociedad la desea y acompa\u00f1a, c\u00f3mplice, su devenir-cosa-que-siente.<br \/>\nSi bien es cierto que la frigidez femenina no sorprend\u00eda a Occidente, t\u00e1citamente de acuerdo sobre este triste supuesto, la impotencia masculina sorprende siempre, habla una lengua de sufrimientos hasta ahora in\u00e9ditos.<br \/>\nLa invenci\u00f3n de un remedio para obtener un orgasmo finalmente simulado por las dos partes no detendr\u00e1 el discurso del cuerpo ind\u00f3cil, sino que no har\u00e1 m\u00e1s que apremiarlo y reprimirlo en una actividad forzada que no podr\u00e1 tardar en buscar una v\u00eda propia para liberarse.<br \/>\n\u201cLa disciplina es una anatom\u00eda pol\u00edtica del detalle\u201d que \u201cdisocia el poder del cuerpo; de una parte, hace de este poder una \u2018aptitud\u2019, una \u2018capacidad\u2019 que trata de aumentar, y cambia por otra parte la energ\u00eda, la potencia que de ello podr\u00eda resultar, y la convierte en una relaci\u00f3n de sujeci\u00f3n estricta. Si la explotaci\u00f3n econ\u00f3mica separa la fuerza y el producto del trabajo, digamos que la coerci\u00f3n disciplinaria establece en el cuerpo el v\u00ednculo de coacci\u00f3n entre una aptitud aumentada y una dominaci\u00f3n acrecentada.\u201d (M. Foucault, Vigilar y castigar)<br \/>\nEn una sociedad en la que las clases sociales han sido reemplazadas por una \u201cpeque\u00f1a burgues\u00eda planetaria\u201d (G. Agamben, op. cit.), se anuncia una nueva forma de consciencia. El terreno de lucha que se perfila es metaf\u00edsico en el sentido de su inmanencia al cuerpo, y por ser simb\u00f3lico e inmaterial libera lo concreto y lo material. Es el cuerpo que la microf\u00edsica de la dominaci\u00f3n mantiene a raya a trav\u00e9s de t\u00e9cnicas minuciosas, \u201cpeque\u00f1os ardides dotados de un gran poder de difusi\u00f3n, acondicionamientos sutiles, de apariencia inocente, pero en extremo sospechosos, dispositivos que obedecen a inconfesables econom\u00edas o que persiguen coerciones sin grandeza\u201d. Contra esta forma sutil de expropiaci\u00f3n se implicar\u00e1n las luchas por venir; la nueva liberaci\u00f3n de la dominaci\u00f3n de la microf\u00edsica ser\u00e1 metaf\u00edsica o no ser\u00e1.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">* * *<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Y esto es lo que hay: hasta ahora hemos sido v\u00edctimas de una trampa. Hemos cre\u00eddo que, pronunciadas ciertas palabras, escritos ciertos vocablos, enunciadas ciertas teor\u00edas \u201cradicales\u201d, se producir\u00edan efectos m\u00e1s o menos directos en la realidad. Nos figur\u00e1bamos que manej\u00e1bamos armas, cuando se trataba solamente de conceptos, y la consciencia nos parec\u00eda una sustancia explosiva. Pero, al igual que el v\u00ednculo entre la dominaci\u00f3n y los discursos que la legitiman ha dejado de ser perceptible desde hace tiempo, el mundo del Espect\u00e1culo se atraviesa en estos tiempos como un bosque de signos y de se\u00f1ales que ya no designan realidades concretas, sino que prefieren dibujar infiernos virtuales y para\u00edsos publicitarios, mundos fabricados de los que el sentido se ha retirado definitivamente.<br \/>\nLas nuevas estrategias de dominaci\u00f3n son m\u00e1s refinadas, menos mec\u00e1nicas, m\u00e1s inaprensibles que las del pasado, heredadas de las sociedades de soberan\u00eda. Pero tambi\u00e9n por esta raz\u00f3n hieren m\u00e1s profundamente y como de manera quir\u00fargica: una simple hoja de papel, h\u00e1bilmente manipulada, puede tener el efecto de un escalpelo. Ha pasado, en nuestras zonas bajo control, el tiempo de los grandes destripamientos. La t\u00e1ctica consiste, al contrario, en dejarnos vivos, pero imperceptiblemente disminuidos. Aqu\u00ed, el poder se ha hecho peque\u00f1ito, muy mono: se ha convertido en una cabeza de Mickey; apenas lo sospechamos, desliz\u00e1ndose \u00e1gilmente en las fibras \u00f3pticas, calcul\u00e1ndoos tras la sonrisa vitrificada de la Jovencita, reclamando la transparencia de todo, prometiendo el encuadramiento del mundo. Quiere mostrarlo todo y que todo sea mostrado. Es hora, dice, de que todo el mundo sepa. Cada uno debe ser consciente cada instante, desde el fondo de su soledad at\u00f3mica, de cu\u00e1n dif\u00edcil es mantener en vida una maquinaria tan polic\u00e9fala, tan perfeccionada, tan considerable y tan contradictoria como esta \u201cdemocracia\u201d que amenaza en todo momento con dejarse hundir o volar en pedazos si tratamos de modificarla en un s\u00f3lo detalle. Pues all\u00ed donde toda comunidad ha sido liquidada y, por tanto, toda praxis se ha hecho imposible, la consciencia deja de ser una amenaza para el poder: se transforma en factor de producci\u00f3n.<br \/>\nVivir\u00edamos pues, desde el hundimiento del bloque sovi\u00e9tico, \u201cen la hora de la globalizaci\u00f3n\u201d. Comprended: trabaja tanta gente para hacer posible nuestro bienestar que ser\u00eda indecente privarles de nuestra comprensi\u00f3n, discutirles nuestra solicitud. Aqu\u00ed reside la cuesti\u00f3n: arrastrarnos al rango \u00ednfimo que supuestamente ser\u00eda el nuestro: el de una rueda min\u00fascula en un mecanismo gigantesco y de una complejidad inalcanzable. Ciertamente, se nos ruega que juguemos con nuestros juguetes sin hacer preguntas, pero en compensaci\u00f3n hemos ganado el derecho a \u201cexplorar el ciberespacio\u201d, a \u201cpasarlo bomba\u201d de mil maneras o a desplazarnos a los cuatro confines del globo en algunas horas. Se pretende incluso que los \u201cexcluidos\u201d, los \u201crebeldes\u201d y otros inadaptados formar\u00edan a fin de cuentas parte del \u201csistema\u201d, puesto que el biopoder, caritativo con los ingratos, estar\u00eda bien dispuesto a encargarse de ellos.<br \/>\nDecididamente, creemos en las f\u00e1bulas. M\u00e1s exactamente, querr\u00edamos creer en ellas. No es por descuido o por desgracia por lo que hemos olvidado la infinita posibilidad de sabotaje que contiene cada instante de nuestra existencia, sino por cobard\u00eda. Por esa cobard\u00eda de buena calidad que la dominaci\u00f3n mercantil llama \u201clibertad\u201d y que no recubre sino una confortable ausencia del mundo. Los espacios que la mercanc\u00eda se apresura a colonizar se reconocen en que en ellos se prodiga en primer lugar un concepto determinado de la libertad que tiene por vocaci\u00f3n hacerla imposible. La libertad designar\u00eda, se dice, la facultad de un sujeto para elegir soberanamente entre varios objetos equivalentes, la igual posibilidad de estar aqu\u00ed o all\u00ed, de hacer esto o aquello. Todo compromiso, todo v\u00ednculo la disminuir\u00eda. Es esta idea de la libertad la que susurra al o\u00eddo de sus v\u00edctimas que ciertamente est\u00e1n con tal persona, pero que podr\u00edan igualmente estar con tal otra, que no se encuentran verdaderamente donde est\u00e1n, puesto que podr\u00edan igualmente encontrarse en otra parte. As\u00ed, se hace que todas las prisiones resulten tolerables procurando a cada uno la ilusi\u00f3n de que podr\u00eda cambiar de celda. Poniendo el mundo a distancia, se nos anestesia contra sus suplicios y, tal y como ocurre siempre con la anestesia, se nos paraliza. Porque se ha empezado por liquidar ese otro lugar al que huir.<br \/>\nAs\u00ed, la b\u00fasqueda de la libertad, en el mundo de la mercanc\u00eda, reviste la forma de una b\u00fasqueda de la indeterminaci\u00f3n. se flota en medio de mil solicitudes sin contenido. Todo vale para mantenerse por debajo de la cuesti\u00f3n de los fines, por debajo del momento en el que habr\u00e1 que asumir una forma. se prefiere esperar pacientemente ese momento que no viene. A partir de ah\u00ed, se trabaja sin trabajar, se participa sin participar, se lucha sin luchar. Y mientras tanto, nuestra simple existencia le hace los honores al biopoder.<br \/>\nAhora bien, es necesario un gesto. Un gesto de sabotaje. Un gesto de ruptura con aquello que en el fondo recusamos.<br \/>\nSer libre no significa desarrollar todas nuestras virtualidades, sino ir hasta el final de un posible. La libertad se concibe \u00fanicamente a partir de mi situaci\u00f3n hic et nunc, en el itinerario que hay entre mi determinaci\u00f3n y la sustracci\u00f3n a esta determinaci\u00f3n.<br \/>\nSobrecogidos por una par\u00e1lisis de masas, los hombres viven en el terror. Bajo la forma de angustias diversas, que exigen cada temporada cambiar de monstruo, nos tememos los unos a los otros. Y se conjura en vano la culpabilidad encerr\u00e1ndose en complejos residenciales privados o en un cuidado man\u00edaco de su cuerpo y de sus neurosis. Pues la falta es objetiva aunque sea muda, omnipresente aunque cautiva: quien es culpable sabe que tiene buenas razones para tener miedo.<br \/>\nTambi\u00e9n, a pesar de los \u201cprogresos de la medicina\u201d, las enfermedades dan pruebas de una rara inventiva y, curiosamente, la muerte no deja de sobrevenir en versiones a menudo in\u00e9ditas. Si las razones de vivir faltan cada vez m\u00e1s visiblemente, las razones de morir todav\u00eda no faltan. El \u00fanico rasgo verdaderamente nuevo, entre tanto desamparo, es que el capitalismo ha renunciado a cubrir con un velo p\u00fadico su rostro criminal y can\u00edbal.<br \/>\nEn este punto, ya no podemos permitirnos ignorar cu\u00e1l es la suerte reservada a quienes no hayan sabido adherirse al desprop\u00f3sito general sin haber sabido sin embargo rechazarlo: ser\u00e1n liquidados por un sistema hecho para los Hombres-m\u00e1quina que aquellos no han llegado a ser.<br \/>\nQuiz\u00e1 no se habr\u00e1n dado cuenta, hasta el final, de que el mundo se ensombrec\u00eda poco a poco, de que la luna nadaba en las \u201cfalsas brumas de la poluci\u00f3n\u201d, de que el agua se volv\u00eda densa y opaca, y de que nuestras comidas estaban hechas de venenos. Una debilidad comprensible puede habernos conducido a soportar una educaci\u00f3n que se fijaba como tarea hacernos desconocer nuestros deseos. Pero si hemos cambiado toda libertad por un porvenir radiante retocado con Photoshop, o m\u00e1s com\u00fanmente por la supervivencia en un mundo que se hunde, esto solamente significa que hemos sido demasiado cobardes y demasiado esc\u00e9pticos para abrazar una rebeli\u00f3n en la que no ten\u00edamos nada que perder, que otra vez hemos preferido depender centralmente del Espect\u00e1culo y poder en todo momento traicionar a nuestros amigos, en lugar de establecer con ellos relaciones tales que hagan otra cosa posible. O que simplemente est\u00e1bamos demasiado fatigados para recordar que ten\u00edamos fantas\u00eda.<br \/>\nPero ser mediocre es un derecho que se acompa\u00f1a de servidumbres. Un d\u00eda, es el h\u00edgado lo que revienta, otro es la cabeza, tomamos un comprimido, despu\u00e9s dos, est\u00e1 esa peque\u00f1a neuralgia, esos trastornos aqu\u00ed y all\u00e1, todas esas disfunciones \u00ednfimas que no sabemos de d\u00f3nde vienen. El m\u00e9dico, adem\u00e1s, tampoco lo comprende: somatizamos, dice. Tenemos el mal de mundo: insensiblemente, la vida se ha vuelto t\u00f3xica. Llegados aqu\u00ed, si todav\u00eda tenemos la fuerza de no querer morir, hemos de admitir que nos hemos equivocado. No habr\u00eda que haberse resignado, aceptarlo todo y creer tantas pamplinas, incluso aunque lo necesit\u00e1ramos. Habr\u00eda que haberse opuesto, negarse a esto, a aquello\u2026 pero la cadena de causalidades es entonces demasiado larga para remontarla y, por a\u00f1adidura, no coincide con las posiciones pol\u00edticas que hemos podido tomar. Ahora bien, el \u201cpaso al noroeste\u201d no est\u00e1 oculto en otra parte: llegar a concebir que lo que es verdaderamente pol\u00edtico es la manera en que vivimos, la dosis de verdad que nuestra existencia puede soportar y, por tanto, irradiar. En este caso, nuestro cuerpo hace el efecto de una piedra de toque, pues en nuestra experiencia indescifrable y dislocada, este se mide s\u00f3lo con nuestras contradicciones, que se hallaban en nuestras elecciones antes de estar en nuestra carne.<br \/>\nNing\u00fan saber del presente o del pasado puede ya ayudarnos: lo que nos hace falta es un saber de lo posible que de nuevo haga existir la historia. No se trata aqu\u00ed de la expresi\u00f3n de un anhelo, sino de una exigencia que se busca por todos lados. El famoso \u201cfin de la Historia\u201d es de hecho el fin de algo: de una concepci\u00f3n de la historia que era precisamente su glaciaci\u00f3n. Incluso si las palabras para expresar nuestro estupor por no estar ya en el mundo nos faltan horriblemente, incluso si los sonidos que salen de nuestras bocas est\u00e1n m\u00e1s gastados que cantos rodados, no es un nuevo lenguaje lo que nos hace falta inventar, para a\u00f1adirlo a la lista ya demasiado larga de malentendidos, sino una nueva pr\u00e1ctica. La libertad por venir comienza a existir cuando nosotros existimos, cuando un gesto, un movimiento separa en forma de fractura el presente del pasado y el futuro. Se trata de hacer irrupci\u00f3n en el curso vaciado del tiempo.<br \/>\nLejos de marginarnos de la humanidad, el acto de sabotaje es lo que permite a nuestros hermanos reconocernos, lo que nos une a ellos. Una constelaci\u00f3n legible de acciones rel\u00e1mpago dibuja as\u00ed, para quien sabe adivinar aquello de lo que son el rastro, el \u00e9xodo general fuera del mundo de la mercanc\u00eda autoritaria. Este \u00e9xodo es el \u00faltimo espacio habitable, como tambi\u00e9n la condici\u00f3n primera de toda amistad, de toda cooperaci\u00f3n. En \u00e9l se descubre la lengua extranjera, la lengua sensible en la que estamos escritos. Pues hemos de perdernos por completo para finalmente reencontrarnos.<br \/>\nPor lo dem\u00e1s, el sabotaje que viene es silencioso, pues no es sino el otro nombre de la vida.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">* * *<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Pero todo lo que precede todav\u00eda forma parte de la trampa si no lo comprend\u00e9is como un llamamiento a disolverlo en un gesto pr\u00e1ctico, como un llamamiento a sumarse al Partido Imaginario. Adem\u00e1s, lo que acab\u00e1is de leer se resumir\u00eda con gusto, si hubiera que ser completamente grosero, en el proyecto contagioso de organizar nuestra propia deserci\u00f3n, desde ahora, y en el desprecio de la \u201csociedad\u201d.<br \/>\nDejar de defender la sociedad significa tambi\u00e9n: comenzar a concebir la posibilidad de comunidades, comenzar a inventar la libertad a partir de nuestra situaci\u00f3n propia. Por eso, la ruptura con el Espect\u00e1culo y el biopoder no se opera en un gesto, sino sometiendo de manera met\u00f3dica el conjunto de relaciones que mantenemos a dosis crecientes de verdad, a una elucidaci\u00f3n a\u00fan m\u00e1s rompedora de miles de peque\u00f1as comodidades, de las cobard\u00edas innumerables qu\u00e9 las marcan. Igual que ser\u00eda absurdo y falso negar que las relaciones que tenemos en el seno de esta sociedad nos determinan \u00edntimamente, ser\u00eda insensato no ver lo que, en esas relaciones, nos limita y nos encierra. La experimentaci\u00f3n de la que hablamos no es otra cosa que la prueba de esos l\u00edmites, de ese encierro. En el curso de este proceso de separaci\u00f3n, se constatar\u00e1 r\u00e1pidamente en qu\u00e9 reside la mentira central de las relaciones sociales: la cooperaci\u00f3n entre los hombres excluye en su principio, por una denegaci\u00f3n fan\u00e1tica, la afecci\u00f3n entre ellos, de manera que el trabajo designa justamente un instrumento de tortura; la afecci\u00f3n ignora la exigencia de la cooperaci\u00f3n, de manera que las \u201camistades\u201d y los \u201camores\u201d nombran en este mundo la cosa m\u00e1s irreal, la m\u00e1s vac\u00eda y por tanto la m\u00e1s falsa. La comunidad, entonces, significa: realizar el potencial de insurrecci\u00f3n y de invenci\u00f3n de los mundos subyacentes a todo v\u00ednculo verdadero entre seres humanos, instaurar modos de ser tales que la afecci\u00f3n y la cooperaci\u00f3n se fundan sin confundirse nunca. La comunidad no es lo que vamos, en el futuro, a construir. Es lo que se encuentra siempre-ya aqu\u00ed, en todas nuestras relaciones, pero en una forma alienada. Detr\u00e1s de cada mirada de amor u odio, entre colegas de oficina, entre pasajeros de metro o simples desconocidos en la calle, se ocultan mundos, se asfixian mundos para que toda esta vida en potencia confluya en el espacio estrecho y mezquino de las relaciones compatibles con la dominaci\u00f3n mercantil. Es la enormidad de esta mutilaci\u00f3n social lo que nos aplasta y nos corroe. Finalmente, es la ignorancia de lo posible lo que anula el presente.<br \/>\nLentamente, nos encaminamos hacia un conflicto abierto, a todas luces necesario, entre el mundo de la mercanc\u00eda autoritaria y los \u201cmundos de verdades\u201d en formaci\u00f3n. S\u00f3lo este enfrentamiento final podr\u00e1 dar plena fuerza a los diversos ethos de la libertad. En este camino, nada es m\u00e1s dudoso que aquellos a los que Musil llama los \u201chombres del por\u201d, aquellos que viven \u201cpor su ideal\u201d porque no tienen la valent\u00eda de imaginar un ideal en el que pudieran vivir. Esos hombres que \u201cprefieren querer ser buenos, bellos y ver\u00eddicos, a serlo\u201d, que disimulan, con el pretexto de que el ideal es inaccesible por naturaleza, la dif\u00edcil cuesti\u00f3n de saber por qu\u00e9 es as\u00ed, esos hombres llevan vidas de traidores a la sombra de la revuelta. El asunto ya no es por tanto convertirse en \u201cmilitante\u201d, \u201crebelde\u201d o \u201crevolucionario\u201d: hay que ser libre primero para volverse cualquier cosa.<br \/>\nLa reanimaci\u00f3n de la historia no depende m\u00e1s que de nosotros, de la fuerza de nuestros cuerpos vivos, de la intensidad de nuestros deseos. Si hemos desaprendido el amor, el lenguaje f\u00edsico y agridulce de la pasi\u00f3n, el \u00fanico que cuenta lo que las palabras no saben decir, ninguna invenci\u00f3n milagrosa de la qu\u00edmica nos lo devolver\u00e1.<br \/>\nAqu\u00ed comienza.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><em>De la traducci\u00f3n de Carmen Rivera Parra, publicada en Acuarela Libros.<br \/>\n1 L&#8217;hypoth\u00e8se stup\u00e9fiante es el t\u00edtulo de una obra de Francis Crickm, traducida al franc\u00e9s por H\u00e9l\u00e8ne Prouteau. Su versi\u00f3n original llevaba por t\u00edtulo The Astonishing Hypothesis (NdE).<br \/>\n2 \u201cUna sociedad californiana, la Health Network, exige un informe m\u00e9dico que confirme los trastornos de la erecci\u00f3n; la Cigna Healthcare, grupo de aseguradoras al que est\u00e1n afiliados 15 millones de estadounidenses, exige documentos que no s\u00f3lo describan el s\u00edntoma, sino que confirmen su aparici\u00f3n antes de la llegada del Viagra al mercado; la Kaiser Permanente pide una documentaci\u00f3n cl\u00ednica y de todas formas reembolsar\u00e1 del Viagra el 50% o 70% como para los dem\u00e1s medicamentos\u201d (L&#8217;Espreso, n\u00b0 19.)<br \/>\n3 \u201cSea fea o sea hermosa, con tal de que lleve enaguas ya sube usted lo que ella hace\u201d (Mozart, Da Ponte, Don Giovanni).<br \/>\n4 Autora de la novela-biblia de la revoluci\u00f3n sexual femenina, El miedo a volar.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>ADVERTENCIA El Esp\u00edritu se proletariza. 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