{"id":2880,"date":"2014-04-01T01:48:14","date_gmt":"2014-04-01T01:48:14","guid":{"rendered":"http:\/\/periodicoelamanecer.wordpress.com\/?p=2880"},"modified":"2014-04-01T01:48:14","modified_gmt":"2014-04-01T01:48:14","slug":"como-vivir-solos-filosofia-de-la-desercion-por-peter-pal-pelbart","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elamanecer.noblogs.org\/?p=2880","title":{"rendered":"Como vivir solos, Filosof\u00eda de la deserci\u00f3n por Peter Pal Pelbart"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align:justify\"><a href=\"http:\/\/periodicoelamanecer.files.wordpress.com\/2014\/04\/0078_beingkeeper_hires.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-2881\" src=\"http:\/\/periodicoelamanecer.files.wordpress.com\/2014\/04\/0078_beingkeeper_hires.jpg?w=208\" alt=\"0078_Beingkeeper_hires\" width=\"208\" height=\"300\" \/><\/a>Este t\u00edtulo es un juego de palabras a partir del <em>C\u00f3mo vivir juntos<\/em> de <em>Roland Barthes<\/em>, e inspirado en una escena de la que fui testigo, a comienzos de los a\u00f1os ochenta, en una clase de <em>Deleuze<\/em> en Par\u00eds. En una de tantas, uno de los asistentes, tal vez un paciente de <em>Guattari<\/em> de la cl\u00ednica La Borde, interrumpi\u00f3 la disertaci\u00f3n para preguntar por qu\u00e9 hoy en d\u00eda se dejaba a las personas tan solas, por qu\u00e9 era tan dif\u00edcil comunicarse. <em>Deleuze<\/em> respondi\u00f3 gentilmente:<strong> el problema no es que nos dejan solos, es que no nos dejan lo suficientemente solos<\/strong>. No puedo imaginarme qu\u00e9 provoc\u00f3 esta respuesta zen al afligido interlocutor. Venida, por otro lado, de alguien que defini\u00f3 el trabajo del profesor como el de reconciliar al alumno con su soledad. De cualquier modo, <em>Deleuze<\/em> no se cans\u00f3 de escribir que sufrimos un exceso de comunicaci\u00f3n, que estamos <em><strong>\u201catravesados de palabras in\u00fatiles, de una cantidad demente de palabras e im\u00e1genes\u201d<\/strong><\/em>, y que ser\u00eda mejor crear <em>\u201cvacuolas de soledad y de silencio\u201d<\/em> para que por fin se tenga algo que decir.(1)<!--more--> El hecho es que <em>Deleuze<\/em> nunca dej\u00f3 de reivindicar la soledad absoluta. Incluso en los personajes que privilegia a lo largo de su obra, vemos con cu\u00e1nta insistencia vuelve este tema. Tomemos el caso de Bartleby, el escribiente descrito por Melville, que ante cada orden de su patr\u00f3n, responde: <em>I Would prefer not to, \u201cPreferir\u00eda no hacerlo\u201d<\/em>. Con esta frase lac\u00f3nica alborota su entorno. El abogado oscila entre la piedad y el rechazo frente a este empleado plantado detr\u00e1s del biombo, p\u00e1lido y flaco, hecho un alma en pena, que por poco no habla, ni come, que nunca sale, al que es imposible sacar de ah\u00ed, y que s\u00f3lo repite: preferir\u00eda no hacerlo. Con su pasividad desmonta los resortes del sentido que garantizan la dial\u00e9ctica del mundo y hace que todo se ponga a correr, en una desterritorializaci\u00f3n del lenguaje, de los lugares, de las funciones, de los h\u00e1bitos. Desde el fondo de su soledad, dice <em>Deleuze<\/em>, tales individuos no revelan s\u00f3lo el rechazo de una sociabilidad envenenada, sino que son un llamado a una solidaridad nueva, invocaci\u00f3n de una comunidad por venir.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Cu\u00e1ntos lo intentaron, y por las v\u00edas m\u00e1s tortuosas. Dado que <em>Roland Barthes<\/em>, en su texto <em>C\u00f3mo vivir juntos<\/em>, se permiti\u00f3 revelar su fantas\u00eda personal de comunidad, a saber, el monasterio en el monte Athos, yo tambi\u00e9n me permito tomar un ejemplo demod\u00e9, venido del campo psiqui\u00e1trico. Reclusi\u00f3n por reclusi\u00f3n, cada uno con su fantas\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Pues bien, <em>Jean Oury<\/em>, que dirigi\u00f3 junto con <em>F\u00e9lix Guattari<\/em> la cl\u00ednica La Borde, pr\u00e1cticamente se intern\u00f3 con sus pacientes en ese castillo antiguo y decadente. La cuesti\u00f3n que lo asedi\u00f3 por el resto de su vida no es indiferente a los Bartlebys que cruzamos en cada esquina, este gran manicomio posmoderno que es el nuestro:<em> \u00bfC\u00f3mo sostener un colectivo que preserve la dimensi\u00f3n de la singularidad?<\/em>(2) <em>\u00bfC\u00f3mo crear espacios heterog\u00e9neos, con tonalidades propias, atm\u00f3sferas distintas, en los que cada uno se enganche a su modo? \u00bfC\u00f3mo mantener una disponibilidad que propicie los encuentros, pero que no los imponga, una atenci\u00f3n que permita el contacto y preserve la alteridad? \u00bfC\u00f3mo dar lugar al azar, sin programarlo? \u00bfC\u00f3mo sostener una \u201cgentileza\u201d que permita la emergencia de un hablar all\u00ed donde crece el desierto afectivo?<\/em><br \/>\nCuando describi\u00f3 <em>La Borde, Marie Depuse<\/em> se refiri\u00f3 a una comunidad hecha de suavidad, no obstante macerada en el roce con el dolor.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Estos sujetos necesitan hasta del polvillo para protegerse de la violencia del d\u00eda. Por eso, cuando se barre, es preciso hacerlo despacito. <em>\u201cEs mientras se gira en torno a sus camas, que se recogen las migas, que se tocan sus s\u00e1banas, su cuerpo, que tienen lugar los di\u00e1logos m\u00e1s suaves, la conversaci\u00f3n infinita entre aquellos que temen la luz y aquellos otros que toman sobre s\u00ed la miseria de la noche.\u201d<\/em> Ninguna utop\u00eda as\u00e9ptica, tal vez porque el psic\u00f3tico est\u00e1 ah\u00ed, feliz o infelizmente, para recordarnos que hay algo en el mundo emp\u00edrico que gira en falso (Oury).(3) Es verdad que todo esto parece pertenecer a un pasado casi proustiano. Pero el propio <em>Guattari<\/em> nunca dej\u00f3 de reconocer su deuda para con esa experiencia colectiva y su esfuerzo por conferir la <em>\u201cmarca de singularidad a los m\u00ednimos gestos y encuentros\u201d<\/em>.(4) Hasta confiesa que, a partir de ese momento, pudo \u201cso\u00f1ar con aquello en lo que podr\u00eda convertirse la vida en los conglomerados urbanos, en las escuelas, en los hospitales\u201d,(5) si los agenciamientos colectivos fuesen sometidos a un \u201ctratamiento barroco\u201d semejante. Pero nuestro presente est\u00e1 lejos de seguir tal direcci\u00f3n, incluso y sobre todo en este capitalismo en red que enaltece al m\u00e1ximo las conexiones y las monitorea y modula con finalidades vampirescas. A\u00fan as\u00ed, deber\u00edamos poder distinguir estas toneladas de \u201csoledad negativa\u201d producidas en gran escala, de aquello que <em>Katz<\/em> llam\u00f3 <em>\u201csoledad positiva\u201d<\/em>, que consiste en resistir a un socialitarismo desp\u00f3tico, y desafiar la tiran\u00eda de los intercambios productivos y de la circulaci\u00f3n social. En estos desenganches se esbozan, a veces, subjetividades precarias, m\u00e1quinas c\u00e9libes, gestos adversos a cualquier reinscripci\u00f3n social.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Me permito mencionar una an\u00e9cdota de la Compa\u00f1\u00eda Teatral Ueinzz, integrada por pacientes de salud mental y en ese momento de gira en el Festival de Teatro de Curitiba. Uno de los actores, instalado en el sof\u00e1 del sal\u00f3n del lujoso hotel, posa su taza de caf\u00e9 en la mesa y abre el diario. Yo lo observo de lejos, en ese contexto poco habitual de un Festival Internacional, y me digo: podr\u00eda ser Artaud, o alg\u00fan actor polaco leyendo en el diario la cr\u00edtica sobre su obra. En eso, miro para abajo y veo en el dedo gordo de uno de sus pies un bloque de u\u00f1a amarilla retorcida saltando fuera de la chancleta. Como quien dice: <em>\u201cno se acerquen<\/em>\u201d. Quiz\u00e1s quepa aqu\u00ed la bella definici\u00f3n de <em>Deleuze-Guattari<\/em>: el territorio es primeramente la distancia cr\u00edtica entre dos seres de la misma especie; marcar sus distancias.(6) El bloque animal y monstruoso, la u\u00f1a indomable, signo de lo inhumano, es su distancia, su soledad, pero tambi\u00e9n su firma. Dejo para otro momento, claro, las u\u00f1as de Deleuze.<br \/>\nEl dramaturgo argentino <em>Eduardo Pavlovsky<\/em> cre\u00f3 un personaje que ilustra con humor esta misma reivindicaci\u00f3n. La preocupaci\u00f3n constante de Poroto es saber c\u00f3mo va a escapar de las situaciones que se presentan: d\u00f3nde se va a sentar en una fiesta para poder escabullirse sin ser visto, qu\u00e9 coartada va a inventar para deshacerse de un conocido.(7) Y llega a exclamar esta frase implacable, verdadero pu\u00f1etazo al est\u00f3mago de muchos psicoanalistas: <em>\u201c&#8230;basta de v\u00ednculos, s\u00f3lo contig\u00fcidad de velocidades\u201d<\/em>. \u00bfNo tendremos ah\u00ed el esbozo de algo propio de nuestro universo, tan lejos de aquel otro en que todos interrump\u00edan sus cosas para \u201cdiscutir la relaci\u00f3n\u201d? Una subjetividad m\u00e1s esquizo, fluida, de vecindad y resonancia, de distancias y encuentros, m\u00e1s que de vinculaci\u00f3n y pertenencia. M\u00e1s propia, tal vez, de una sociedad de control y sus mecanismos flexibles de monitoreo, que de una sociedad disciplinaria y su l\u00f3gica r\u00edgida de pertenencia y filiaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">En un peque\u00f1o libro titulado <em>La comunidad que viene<\/em>,(8) <em>Agamben<\/em> recoge un efecto de esta mutaci\u00f3n. Evoca una resistencia proveniente, no como antes, de una clase, de un partido, de un sindicato, de un grupo, de una minor\u00eda, sino de una subjetividad cualquiera, de cualquiera, como aquel que desaf\u00eda un tanque en la Plaza Tiananmen, que ya no se define por su pertenencia a una identidad espec\u00edfica, sea de un grupo pol\u00edtico o de un movimiento social. Es lo que el estado no puede tolerar, dice, es la singularidad cualquiera, que no hace valer un lazo social, que declina toda pertenencia, pero que justamente por eso manifiesta su ser com\u00fan. Es la condici\u00f3n, seg\u00fan Agamben, de toda pol\u00edtica futura. Tambi\u00e9n <em>Chatelet<\/em> reivindicaba el hero\u00edsmo del individuo cualquiera, el gesto excepcional del hombre com\u00fan que impulsa en el colectivo individuaciones nuevas, en contraposici\u00f3n a la mediocridad del hombre medio, que Zizek llama Homo Otarius.<br \/>\n\u00bfO habr\u00eda que acompa\u00f1ar a Lazzarato en la definici\u00f3n que hace de nuestro presente no tanto por la hegemon\u00eda del trabajo inmaterial, como por la difusi\u00f3n, por la contaminaci\u00f3n de los comportamientos minoritarios, de las pr\u00e1cticas de contra-conducta?(9) Lo cual engendra procesos de bifurcaci\u00f3n en relaci\u00f3n con la subjetividad dominante: singularizaciones inauditas, agenciamientos ins\u00f3litos, tanto dentro como fuera de la red. Visto as\u00ed, la naturaleza de la resistencia ser\u00eda indisociable de la cooperaci\u00f3n productiva contempor\u00e1nea y de su proceso colectivo. En este sentido, puede tener raz\u00f3n Sloterdijk cuando sugiere que ya no giramos en torno a los t\u00e9rminos de soledad y alistamiento, como hace unas d\u00e9cadas, sino a los de cooperaci\u00f3n y comunicaci\u00f3n. Es una l\u00e1stima que cuando cuestiona nuestro solipsismo antropol\u00f3gico con su teorizaci\u00f3n de las esferas, para contestar al primado del individualismo ontol\u00f3gico, recurra a una metaf\u00edsica del doble, del ser-dos.(10) <em>Barthes<\/em>, en el texto al que hice referencia antes, al menos deja su reflexi\u00f3n en suspenso, aunque siga siendo dicot\u00f3mico. Puesto que cuando evoca lo colectivo, incluso depurado de colectivismo, recurre a la soledad que nos salvar\u00eda de la opresi\u00f3n comunitarista. Y cuando se apresta al escape solitario, evoca lo colectivo como una protecci\u00f3n compensatoria:<em> \u201cSer extranjero es inevitable, necesario, deseable, salvo cuando cae la noche\u201d<\/em>.(11) Como si el vivir-juntos sirviese s\u00f3lo \u201cpara afrontar juntos la tristeza de la noche\u201d. \u00bfSer\u00e1 as\u00ed?<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Es hora de volver a <em>Deleuze<\/em>. \u00bfQu\u00e9 soledad absoluta es esa que reivindica, por ejemplo, cuando se refiere a <em>Nietzsche, a Kafka, a Godard<\/em>? Es la soledad m\u00e1s poblada del mundo.(12) Lo que importa es que desde el fondo de ella se puedan multiplicar los encuentros. No necesariamente con personas, sino con movimientos, ideas, acontecimientos, entidades. <em>\u201cSomos desiertos, pero poblados de tribus\u2026 Pasamos nuestro tiempo acomodando esas tribus, disponi\u00e9ndolas de otro modo, eliminando algunas de ellas, haciendo prosperar otras. Y todas estas poblaciones, todas estas multitudes no impiden el desierto, que es nuestra propia ascesis; al contrario, ellas lo habitan, pasan por \u00e9l, sobre \u00e9l [\u2026] El desierto, la experimentaci\u00f3n sobre s\u00ed mismo, es nuestra \u00fanica identidad, nuestra \u00fanica alternativa para todas las combinaciones que nos habitan.\u201d<\/em>(13)<br \/>\nCu\u00e1nta fascinaci\u00f3n ejerc\u00edan sobre \u00e9l estos tipos solitarios, y al mismo tiempo hombres de grupo, de banda\u2026 A\u00fan cuando lleven un nombre propio, este nombre designa primero un agenciamiento colectivo. El punto m\u00e1s singular abri\u00e9ndose a la mayor multiplicidad: rizoma. Por eso cabe salir del <em>\u201cagujero negro de nuestro Yo\u201d<\/em> donde nos alojamos con nuestros sentimientos y pasiones, deshacer el rostro, tornarse imperceptible, y pintarse con los colores del mundo(14) (Lawrence)&#8230; La soledad m\u00e1s absoluta, a favor de la despersonalizaci\u00f3n m\u00e1s radical, para establecer otra conexi\u00f3n con los flujos del mundo\u2026 <em>\u201cEl m\u00e1ximo de soledad deseante y el m\u00e1ximo de socius\u201d<\/em>.(15) O como en Godard: estar solo pero ser parte de una asociaci\u00f3n de malhechores; en cualquier caso, la deserci\u00f3n, la traici\u00f3n (a la familia, a la clase, a la patria, a la condici\u00f3n de autor), se sirve de la soledad como de un medio de encuentro, en una l\u00ednea de fuga creadora.(16) As\u00ed, tal soledad es cualquier cosa menos un solipsismo: es la forma por la cual se deserta a la forma del yo y sus compromisos infames, a favor de otra conexi\u00f3n con el socius y el cosmos. De modo que el desaf\u00edo del solitario, contrariamente a cualquier reclusi\u00f3n autista, a\u00fan cuando se llame Poroto o Bartleby, incluso cuando termine en un hospicio, es siempre encontrar o reencontrar un m\u00e1ximo de conexiones, extender lo m\u00e1s lejos posible el hilo de sus \u201csimpat\u00edas\u201d vivas (Lawrence).(17)<br \/>\nTal vez todo esto dependa, en el fondo, de una rara teor\u00eda del encuentro. Incluso en el extremo de la soledad, encontrarse no es chocar extr\u00ednsecamente con otro, sino experimentar la distancia que nos separa de \u00e9l, y sobrevolar esta distancia en un ir-y-venir loco: <em>\u201cYo soy Apis, Yo soy un egipcio, un indio piel-roja, un negro, un chino, un japon\u00e9s, un extranjero, un desconocido, yo soy un p\u00e1jaro del mar y el que sobrevuela tierra firme, yo soy el \u00e1rbol de Tolstoi con sus ra\u00edces\u201d<\/em>,(18) dice Nijinski. Encontrar puede ser, tambi\u00e9n, envolver aquello o a aqu\u00e9l que uno se encuentra, de donde la pregunta de <em>Deleuze: \u201c\u00bfC\u00f3mo puede un ser apoderarse de otro en su mundo, conservando o respetando, sin embargo, las relaciones y mundos que le son propios?\u201d<\/em>.(19) A partir de esta distancia, que <em>Deleuze llam\u00f3 \u201ccortes\u00eda\u201d, Oury \u201cgentileza\u201d, Barthes \u201cdelicadeza\u201d, Guattari \u201csuavidad\u201d<\/em>, hay al mismo tiempo separaci\u00f3n, ir-y-venir, sobrevuelo, contaminaci\u00f3n, envolvimiento mutuo, devenir rec\u00edproco.(20) Tambi\u00e9n podr\u00eda llam\u00e1rsela simpat\u00eda: una acci\u00f3n a distancia de una fuerza sobre otra.(21) Ni fusi\u00f3n, ni dial\u00e9ctica intersubjetiva, ni metaf\u00edsica de la alteridad, sino distancias, resonancias, s\u00edntesis disyuntivas. Con esto <em>Deleuze<\/em> relanza el vivir-solo en una direcci\u00f3n inusitada. Una ecolog\u00eda subjetiva precisar\u00eda sostener tal disparidad de mundos, de puntos de vista, de modo tal que cada singularidad preservase, no s\u00f3lo su inoperancia, sino tambi\u00e9n su potencia de afectar y de envolver en el inmenso juego del mundo. Sin lo cual cada ser zozobra en el agujero negro de su soledad, privado de sus conexiones y de la simpat\u00eda que lo hace vivir.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\">Como se ve, a pesar de lo extravagante del t\u00edtulo de este texto, no pretend\u00ed presentar un manual de autoayuda sobre c\u00f3mo vivir solos en tiempos sombr\u00edos. Quer\u00eda partir de las vidas precarias, de los desertores an\u00f3nimos, de los suicidados de la sociedad para problematizar sus soledades y tambi\u00e9n, desde el fondo de \u00e9stas, los gestos evanescentes que inventan una simpat\u00eda y hasta una solidaridad, en el contexto biopol\u00edtico contempor\u00e1neo. Entre un Bartleby, un Poroto o uno de nuestros locos, veo a veces esbozos de lo que podr\u00eda llamarse una comunidad incierta, no sin conexi\u00f3n con eso que obsesion\u00f3 a la segunda mitad del siglo XX, de Bataille a Agamben, a saber: la comunidad de los que no tienen comunidad, la comunidad de los solteros, la comunidad inoperante, la comunidad imposible, la comunidad del juego, la comunidad que viene. Lo que <em>Barthes<\/em> llam\u00f3 \u201csocialismo de las distancias\u201d, o un socialismo (palabra ca\u00edda en desuso) tal como <em>Chat\u00ealet<\/em> redefini\u00f3: <em>\u201c&#8230;a cada cual seg\u00fan su singularidad\u201d<\/em>. Una cosa es segura: frente a la comunidad terrible que se propag\u00f3 por el planeta, hecha de vigilancia rec\u00edproca y frivolidad, estos seres necesitan de su soledad para ensayar su bifurcaci\u00f3n loca, y conquistar el lugar de sus simpat\u00edas.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><strong>Notas:<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align:justify\"><em>(1). Gilles Deleuze, Conversaciones, Valencia, Pre-Textos, 1995, p. 275.<br \/>\n(2). Jean Oury, Seminaire de Sainte Anne, Par\u00eds, Du Scarab\u00e9e, 1986, p. 9.<br \/>\n(3). J. Oury, Seminaire, op. cit., p. 41.<br \/>\n(4). F\u00e9lix Guattari, Caosmosis, Buenos Aires, Manantial, 1996: \u201cEst\u00e1 claro, ac\u00e1, que no propongo la Cl\u00ednica La Borde como un modelo ideal. Pero creo que esa experiencia, a pesar de sus defectos y sus insuficiencias, tuvo y todav\u00eda tiene el m\u00e9rito de colocar problemas y de indicar direcciones axiol\u00f3gicas por las cuales la psiquiatr\u00eda puede redefinir su especificidad\u201d.<br \/>\n(5). F. Guattari, Ib\u00edd.<br \/>\n(6). G. Deleuze y F. Guattari, Mil Mesetas, Valencia, Pre-Textos, 2002.<br \/>\n(7). Eduardo Pavlovsky, Poroto, Buenos Aires, B\u00fasqueda de Ayllu, 1996.<br \/>\n(8). Giorgio Agamben, La comunidad que viene, Valencia, Pre-Textos, 2006.<br \/>\n(9). Maurizio Lazzarato, Pol\u00edticas del acontecimiento, Buenos Aires, Tinta Lim\u00f3n, 2006.<br \/>\n(10). Peter Sloterdijk, Esferas I, Madrid, Siruela, 2009.<br \/>\n(11). Roland Barthes, C\u00f3mo vivir juntos, Buenos Aires, Siglo XXI, 2003.<br \/>\n(12). G. Deleuze, Di\u00e1logos, Valencia, Pre-Textos, 1980, p. 10.<br \/>\n(13). G. Deleuze, Ib\u00edd., pp. 15-16.<br \/>\n(14). G. Deleuze, Ib\u00edd., pp. 55-56.<br \/>\n(15). F. Guatari, \u00c9crits pour l\u2019Anti-Oedipe, Par\u00eds, Lignes &amp; Manifestes, 2004, p. 446.<br \/>\n(16). G. Deleuze, Di\u00e1logos, op. cit., p. 14.<br \/>\n(17). G. Deleuze, Cr\u00edtica y cl\u00ednica, Barcelona, Anagrama, 1996, p. 67. [Traducci\u00f3n ligeramente modificada].<br \/>\n(18). Vaslav Nijinsky, Diario, citado en El Anti-Edipo, Barcelona, Paid\u00f3s, 1995, p. 83.<br \/>\n(19). G. Deleuze, Spinoza: filosof\u00eda pr\u00e1ctica, Buenos Aires, Tusquets, 2004.<br \/>\n(20). Fran\u00e7ois Zourabichvili, Deleuze, una filosof\u00eda del acontecimiento, Buenos Aires, Amorrortu, 2004, p. 138. \u201cDevenir\u201d: \u201cLa gran idea es, por lo tanto, que los puntos de vista no divergen sin implicarse mutuamente, sin que cada uno \u2018devenga\u2019 el otro en un intercambio desigual que no equivale a una permutaci\u00f3n\u201d.<br \/>\n(21). M. Lazzaratto, Puissances de l\u2019invention, Par\u00eds, Seuil, 2002, p. 98.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align:right\"><em><strong>Peter P\u00e1l Pelbart<\/strong><br \/>\nComo vivir solos. \u00abFilosof\u00eda de la deserci\u00f3n. Nihilismo, locura y comunidad\u00bb 43-50 pag. <\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este t\u00edtulo es un juego de palabras a partir del C\u00f3mo vivir juntos de Roland Barthes, e inspirado en una escena de la que fui testigo, a comienzos de los a\u00f1os ochenta, en una clase de Deleuze en Par\u00eds. 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