{"id":616,"date":"2012-02-02T21:01:35","date_gmt":"2012-02-02T21:01:35","guid":{"rendered":"http:\/\/periodicoelamanecer.wordpress.com\/?p=616"},"modified":"2012-02-02T21:01:35","modified_gmt":"2012-02-02T21:01:35","slug":"el-sindicato-o-la-muerte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elamanecer.noblogs.org\/?p=616","title":{"rendered":"El sindicato o la muerte"},"content":{"rendered":"<div style=\"text-align:justify\"><a href=\"http:\/\/periodicoelamanecer.wordpress.com\/2012\/02\/02\/el-sindicato-o-la-muerte\/albert-libertad\/\" rel=\"attachment wp-att-617\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-617\" title=\"Albert-Libertad\" src=\"http:\/\/periodicoelamanecer.files.wordpress.com\/2012\/02\/albert-libertad.jpg?w=225\" alt=\"\" width=\"225\" height=\"300\" \/><\/a>Dicen que los lobos no se devoran entre s\u00ed.<\/p>\n<p>Tengo muy pocos conocimientos personales sobre las costumbres de tales bestias como para permitirme creer que este dicho es menos idiota que la mayor\u00eda de los dichos.<\/p>\n<p>Si, por casualidad, fuese exacto, para nosotros no probar\u00eda m\u00e1s que una cosa: <strong>que entre los hombres y los lobos hay, amen de las disparidades zool\u00f3gicas, una fenomenal diferencia de apetitos<\/strong>.<!--more--><\/p>\n<p>Es probable, y hasta seguro, <strong>que la civilizaci\u00f3n, tan maravillosamente favorable al desarrollo de nuestros m\u00e1s salvajes instintos, haya destruido en nosotros los escr\u00fapulos que nuestra ferocidad acaso ten\u00eda en com\u00fan, en mejores tiempos, con la de los lobos.<\/strong><\/p>\n<p>Ya no nos hallamos, ay, en la antropofagia vulgar; aquella que se contenta precisamente con degollar, trinchar, cocinar y digerir carne humana. Tales procedimientos simplistas han quedado relegados a ciertas latitudes tropicales, en las cuales, aunque al parecer cada vez menos, siguen aplic\u00e1ndose.<\/p>\n<p>En nuestro caso, en los buenos pa\u00edses privilegiados, donde el progreso se ha abierto paso, nos devoramos con una glotoner\u00eda tanto menos escrupulosa cuanto que podemos cocinarnos de mil f\u00e1ciles maneras, por no decir de lo m\u00e1s agradables.<\/p>\n<p>Pero, naturalmente y como en las dem\u00e1s manifestaciones del ya mentado progreso,<strong> es el obrero, el proletario, el que marcha siempre a la cabeza<\/strong>. <strong>Soberanos, financieros y burgueses no desde\u00f1an devorarse entre s\u00ed<\/strong>. Sin embargo, sea porque un gusto poco glot\u00f3n por una alimentaci\u00f3n que est\u00e1n expuestos a proveer una vez se han servido de ella, sea porque comerse al pueblo tiene para ellos un mayor atractivo, es \u00e9ste el r\u00e9gimen alimentario por el que los susodichos, casi de manera general, muestran su preferencia.<\/p>\n<p>El proletario, por su parte, carece de tales remilgos. Se gusta con todas las salsas y, bien o mal sazonado, joven o viejo, tierno o correoso, macho o hembra, se devora con un apetito que es pr\u00e1cticamente adem\u00e1s el \u00fanico testimonio creciente de estima del que dispone.<\/p>\n<p>Id a la ciudad o al campo, entrad en la f\u00e1brica, en el taller, en la oficina, en cualquier lugar, en fin, <strong>en el que los pobres forzados trabajan obstinadamente para engrosar la fortuna de un amo cualquiera, en todos lados constatar\u00e9is que, tras el ardiente deseo de conquistar y mantener la estima del patr\u00f3n<\/strong>, el sentimiento m\u00e1s extendido es el encarnizamiento en la lucha contra los compa\u00f1eros de trabajo o de miseria.<\/p>\n<p><strong>\u00bfDe verdad est\u00e1 el proletario orgulloso de su esclavitud?<\/strong> <strong>\u00bfFeliz con su mezquindad?<\/strong> A saber. En todo caso, el obrero se muestra m\u00e1s y m\u00e1s ferozmente celoso de cualquiera que, en su mismo rango, condenado a la misma cadena, intent\u00e9 romper las ataduras y ganar algo de bienestar o libertad.<\/p>\n<p>\u00bfQue hay alguno que reh\u00fasa alojarse en un barrio sucio o en un apestoso cuartel? \u00bfQue prefiere ropas buenas o hermosas de su elecci\u00f3n a los uniformes de trabajo? \u00bfQue material e intelectualmente eleva sus deseos, refina sus gustos? \u00bfQue sobre todo, en fin, procura liberarse de toda dominaci\u00f3n patronal para trabajar solo y a voluntad? Inmediatamente, casi desde cualquier parte entre las filas de sus hermanos, se alza un grito de furioso odio.<\/p>\n<p>\u00bfQue hay otro, al contrario, que, queriendo protestar por otros medios contra la labor impuesta o dar testimonio de su asco por la vida dom\u00e9stica, se refugia en la privaci\u00f3n de todo para no trabajar, y se condena a las noches sin techo, a los d\u00edas sin alimento, a las intemperies sin ropa? Contra ese que escapa por una carretera en sentido opuesto sus propios compa\u00f1eros de cadena lanza furiosamente el mismo grito.<\/p>\n<p>No es cosa, en suma, para el obrero, de buscar un principio de libertad o de tomar un adelanto de felicidad ni en el trabajo libre ni en la franca ociosidad; ni en lo mejor ni en lo peor. Debe quedarse donde est\u00e1; en la fila, bajo la mirada y la mano del amo, d\u00f3cil, pacientemente, como los camaradas\u2026 \u00a1y no d\u00e1rselas de listo!<\/p>\n<p>De buena gana podr\u00eda uno imaginarse todav\u00eda que la servidumbre aceptada, el trabajo asalariado admitido, el com\u00fan yugo soportado sin respuesta; que el obrero, en fin, en tales condiciones encuentra entre sus semejantes una cierta simpat\u00eda, una mayor solidaridad, una compensaci\u00f3n m\u00e1s o menos grata a su parte consentida de miseria.<\/p>\n<p style=\"text-align:center\"><strong>\u00a1Ingenua suposici\u00f3n!<\/strong><\/p>\n<p>Los trabajadores son inmisericordes no s\u00f3lo con quien deserta de sus filas para elevarse o apartarse, para gozar o para sufrir, sino sobre todo con quien pena y se mantiene entre ellos.<\/p>\n<p><strong>\u00bfTienen el amo o el capataz necesidad de guardia, de vigilancia, de polic\u00eda, de defensa contra uno o varios de sus esclavos?<\/strong> <strong>Nueve de cada diez veces, no encontrar\u00e1n guardianes m\u00e1s fieles, vigilantes m\u00e1s activos, agentes m\u00e1s celosos, defensores m\u00e1s ardientes que los propios compa\u00f1eros de esos desgraciados.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Se denuncian cada d\u00eda<\/strong>, adem\u00e1s con raz\u00f3n, aunque por ciento muy poco <strong>violentamente<\/strong>, a la administraci\u00f3n y a la compa\u00f1\u00eda que cesan a los empleados, a los patrones que despiden, a los propietarios que desalojan, a los enriquecidos que marginan.<\/p>\n<p>Las canalladas de tales bribones no resultan atenuadas por la cobard\u00eda de aquellos que los sirven. Pero dicha cobard\u00eda tampoco tiene excusa.<\/p>\n<p>En ocasiones se oye decir que el desgraciado amargado por su impotencia, el trabajador irritado por su continuo e in\u00fatil esfuerzo, conciben malos pensamientos cuyos retorcidos caprichos pagan sus semejantes, y no los amos, que se sit\u00faan demasiado alto como para ser alcanzados.<\/p>\n<p>\u00a1Se puede ir muy lejos con una teor\u00eda as\u00ed!<\/p>\n<p><strong>Los trabajadores no se ayudan, se perjudican incluso; es innegable. Al menos as\u00ed ocurre en la pr\u00e1ctica, lo que es esencialmente grave.<\/strong><\/p>\n<p>Para defender una actitud tal, todas las razones imaginadas son malas.<\/p>\n<p>Bajo el <strong>pretexto<\/strong> de la liberaci\u00f3n, el proletariado da en el momento actual un penoso ejemplo de su empecinamiento en la servidumbre y de su feroz voluntad de mantener aprisionado en ella al mayor n\u00famero posible de sus propios hijos.<\/p>\n<p><strong>El proletariado se forja una cadena nueva y m\u00e1s pesada, inventa para su uso personal una patronal m\u00e1s intratable, una autoridad m\u00e1s tir\u00e1nica que todo lo que se le hab\u00eda impuesto en el pasado.<\/strong><\/p>\n<p><strong>El sindicato es, por el momento, la \u00faltima palabra de la imbecilidad y, a la vez, de la ferocidad proletaria.<\/strong><\/p>\n<p>Este nuevo sistema de deg\u00fcello mutuo se propaga por el mundo de los trabajadores. Y la complacencia de los poderes p\u00fablicos o privados al no oponerle m\u00e1s que resistencias hip\u00f3critas es de una l\u00f3gica perfecta.<\/p>\n<p><strong>Los sindicatos disciplinar\u00e1n con mayor fuerza que nunca a los ej\u00e9rcitos del Trabajo y los convertir\u00e1n, por las buenas o por las malas, en aun mejores guardianes del Capital.<\/strong><\/p>\n<p>En un reciente berreo electoral, un obrero tip\u00f3grafo vino a proclamar, desde lo alto de una tribuna, que todos los obreros no sindicados eran lo enemigos del proletariado, falsos hermanos con los cuales no deb\u00eda haber ning\u00fan miramiento ni piedad.<\/p>\n<p>Y la multitud de los sindicados aplaudi\u00f3 fren\u00e9ticamente.<\/p>\n<p><strong>Los dem\u00e1s trabajadores pueden morirse de hambre, de enfermedad, de miseria.<\/strong><\/p>\n<p>Los patrones o los compa\u00f1eros que acudan en su ayuda ser\u00e1n, por la misma raz\u00f3n, expuestos a la indignaci\u00f3n p\u00fablica.<\/p>\n<p><strong>El sindicato o la muerte.<\/strong><\/p>\n<p>Todav\u00eda no hemos llegado del todo a esto, pero poco m\u00e1s o menos, en realidad. Y con poco que esta monstruosa ceguera se agrave, la alternativa se impondr\u00e1 sin remisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Es lo que faltaba, en verdad, para completar la siniestra farsa de emancipaci\u00f3n con la que se nos habr\u00eda enga\u00f1ado desde hace m\u00e1s de cien a\u00f1os.<\/p>\n<p>Por otro lado, lo menos que puede uno esperarse al decir hoy en d\u00eda algo as\u00ed es ser calificado de cretino en materia de historia o de ac\u00e9mila en materia de econom\u00eda social.<\/p>\n<p><strong>O bien dejarse devorar por el Capital o bien devorarse entre ellos (y, por el momento, ambos se complementan)<\/strong>; puede preverse sin gran fatuidad hacia qu\u00e9 especie de liberaci\u00f3n se encaminan los proletarios.<\/div>\n<p style=\"text-align:center\"><strong>\u00bfSe decidir\u00e1n a probar otra cosa?<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align:right\"><strong>Escrito por <a href=\"http:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Albert_Libertad\">Albert Libertad<\/a> en 1906.<\/strong><br \/>\n<em>Traducido por Diego L. Sanrom\u00e1n.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dicen que los lobos no se devoran entre s\u00ed. Tengo muy pocos conocimientos personales sobre las costumbres de tales bestias como para permitirme creer que este dicho es menos idiota que la mayor\u00eda de los dichos. 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