{"id":629,"date":"2012-02-03T06:19:33","date_gmt":"2012-02-03T06:19:33","guid":{"rendered":"http:\/\/periodicoelamanecer.wordpress.com\/?p=629"},"modified":"2012-02-03T06:19:33","modified_gmt":"2012-02-03T06:19:33","slug":"la-quimera-del-poder-popular-una-forma-de-integracion-al-sistema","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elamanecer.noblogs.org\/?p=629","title":{"rendered":"La quimera del poder popular: una forma de integraci\u00f3n al sistema"},"content":{"rendered":"<div style=\"text-align:justify\">Al menos como es entendido en general por la izquierda, el \u201cpoder popular\u201d ser\u00eda una propuesta para construir el socialismo mediante un modelo de democracia participativa, que reestructurar\u00eda la organizaci\u00f3n sobre la que se sustenta el Estado. El poder popular estar\u00eda fundado en la vieja idea de <strong>Rousseau<\/strong> de voluntad general, transfiriendo las atribuciones del gobierno al pueblo, instituido en organizaciones asamblearias de base y eligiendo mediante el voto a los representantes en el <strong>gobierno popular<\/strong>.<!--more--><\/p>\n<p>Esta pol\u00edtica requiere la toma del gobierno para impulsar la transferencia antes mencionada, pero de forma gradual para transformar la democracia representativa en participativa, y alcanzar el socialismo por el camino del poder popular. Es decir, se plantea un objetivo supuestamente revolucionario por un camino reformista, aderezado de jerga nacionalista, socialista y antiimperialista. Este fue un experimento que qued\u00f3 trunco en Chile en 1973 por el golpe de Pinochet contra el gobierno de <strong>Salvador Allende<\/strong>, y forma parte del canon ideol\u00f3gico de la Venezuela de <strong>Hugo Ch\u00e1vez<\/strong> y la Cuba post-bloque socialista, que recupera la consigna guevarista de desarrollar en el pueblo los \u201cg\u00e9rmenes de socialismo\u201d. <strong>Este tipo de proyectos reformistas y autoritarios, defendido por la izquierda nacionalista y burguesa, han sido repudiados desde siempre por los anarquistas y sus te\u00f3ricos m\u00e1s influentes, Bakunin y Malatesta, entre otros.<\/strong><\/p>\n<p>Sin embargo, desde hace un tiempo muchos compa\u00f1eros libertarios latinoamericanos (argentinos, uruguayos, colombianos y brasile\u00f1os) han publicado declaraciones acerca de la necesidad de que los anarquistas \u201cconstruyamos el poder popular\u201d luchando por la socializaci\u00f3n del poder a fin de que no se convierta en la posesi\u00f3n de unos pocos. La idea que se propone apuntar\u00eda a construir un movimiento libertario anti-dogm\u00e1tico, aterrizado en la realidad y conectado con las luchas populares.<\/p>\n<p>Estas formulaciones, como bien presuponen sus autores, podr\u00edan parecer \u201c<strong>una contradicci\u00f3n irresoluble<\/strong>\u201d a todo \u201c<strong>luchador o luchadora de la libertad<\/strong>\u201d. En realidad no lo parece, sino que es una contradicci\u00f3n irresoluble. Pero antes de responder por qu\u00e9 lo es, veamos en qu\u00e9 consiste esta propuesta.<br \/>\nEn un documento titulado \u201cAnarquismo y Poder Popular\u201d, de la \u201cRed Libertaria Mateo Kramer\u201d de Colombia, se hace la siguiente pregunta:<\/p>\n<p>\u00bfDebe el poder ser entendido \u00fanicamente como una imposici\u00f3n autoritaria, como un poder sobre? \u00bfNo se puede comprender el poder de otra forma, es decir, como un poder-hacer colectivo, un poder-construir en conjunto? Son los de arriba, aquellos que mandan, los que nos han hecho creer que el poder es un \u201cobjeto\u201d del cual ellos tienen posesi\u00f3n, una \u201ccosa\u201d despegada de las relaciones sociales, un aparato trascendente de sujeci\u00f3n. Pero, en cambio, nosotros y nosotras, los y las de abajo, concebimos el poder de otra forma: no como una \u201ccosa\u201d, sino como una \u201crelaci\u00f3n\u201d, como un poder social alternativo y liberador. As\u00ed, nuestro poder es principalmente una capacidad colectiva de imaginar y de crear en el aqu\u00ed y ahora una nueva sociedad.\u201d<\/p>\n<p>Aqu\u00ed surge una confusi\u00f3n en la pregunta que va a afectar a todo el an\u00e1lisis posterior. El t\u00e9rmino \u201cpoder\u201d tiene m\u00faltiples acepciones, significados e interpretaciones, por su car\u00e1cter polis\u00e9mico. Podemos hablar de poder como una relaci\u00f3n de dominio, como la capacidad de hacer, como posesi\u00f3n de algo, fuerza, capacidad de provocar efectos de verdad, mando, coerci\u00f3n, y finalmente, el gobierno de un pa\u00eds.<\/p>\n<p>Claramente en la pregunta se confunde la acepci\u00f3n de relaci\u00f3n de dominio (primera pregunta) con la acepci\u00f3n capacidad de hacer (segunda pregunta). Para mayor embrollo, el razonamiento prosigue proponiendo dejar de ver al poder como un objeto o instrumento y tomarlo como una relaci\u00f3n, pero desde\u00f1ando que las relaciones de poder sean relaciones de dominio, y nuevamente proponiendo un poder como \u201ccapacidad colectiva de imaginar\u201d (es decir, una competencia y no una relaci\u00f3n).<\/p>\n<p>Luego de semejante enredo, que no por enmara\u00f1ado deja de ser de una simpleza y una frivolidad pasmosa, ser\u00eda l\u00edcito preguntarse si todo se reduce a preferir una acepci\u00f3n por otra o a considerar que los anarquistas siempre han sido tan obtusos como para haber confundido siempre el poder con una \u201ccosa\u201d y nunca haberse percatado de que era una relaci\u00f3n de dominio. Como si el hecho de pensar al poder en su aspecto relacional lo convirtiera en \u201cun poder social alternativo y liberador\u201d, y no en una relaci\u00f3n asim\u00e9trica de dominio. El capitalismo, entre otras cosas, tambi\u00e9n es una relaci\u00f3n social asim\u00e9trica (de explotaci\u00f3n y dominio), y seguramente a estos compa\u00f1eros no se les ocurrir\u00eda olvidar este aspecto para proponer un \u201ccapitalismo social alternativo y liberador\u201d.<\/p>\n<p>En realidad, <strong>los anarquistas negamos el poder pol\u00edtico, la capacidad de dominio de una instituci\u00f3n,<\/strong> un grupo o un individuo sobre otras personas, el poder como sin\u00f3nimo de gobierno. Es decir, <strong>toda la teor\u00eda anarquista se funda sobre una cr\u00edtica al poder<\/strong> y los efectos que produce, expresado objetivamente en los medios, instituciones, dispositivos e instrumentos materiales a trav\u00e9s de los que se ejerce el dominio, pero tambi\u00e9n subjetivado en relaciones asim\u00e9tricas donde unos deciden y mandan mientras que otros obedecen y ejecutan. <strong>Los anarquistas nunca propusieron el poder popular, ni el poder para una clase, precisamente porque apuntaban a ese aspecto relacional del poder, donde si una clase o un grupo (aunque fuese mayoritario) ejercieran poder sobre otro, se convertir\u00eda en otra relaci\u00f3n de dominio (asim\u00e9trica). Quien posee el poder ejerce control sobre la conducta de quien los sufre. No existen relaciones de poder sim\u00e9tricas, porque cuando existe simetr\u00eda y reciprocidad en una relaci\u00f3n social, es porque la relaci\u00f3n de poder ha dejado de existir.<\/strong><\/p>\n<p>En el documento tambi\u00e9n se afirma que, \u201cpara que este poder colectivo sea popular, el agente no puede ser otro que el pueblo, ese sujeto plural que se define por la reuni\u00f3n de las clases subalternas, de los marginales, de los despose\u00eddos, de los excluidos\u201d. M\u00e1s all\u00e1 de la obviedad de la proposici\u00f3n, se percibe una valoraci\u00f3n de lo popular como positivo per s\u00e9, lo cual puede ocasionar ciertos conflictos. Lo popular no est\u00e1 exento de acarrear ciertas lacras sociales, como el sexismo, el nacionalismo o el racismo, por mencionar las m\u00e1s habituales. Si algo fuese definido como popular tan solo porque lo produce el agente \u201cpueblo\u201d, y si definimos al pueblo gramscianamente como clases subalternas, deber\u00edamos tambi\u00e9n aceptar que dentro de ese pueblo hay gran cantidad de elementos sociales, culturales, pol\u00edticos y econ\u00f3micos burgueses incrustados, que incluyen tanto al ama de casa, al vendedor ambulante y al obrero, como al polic\u00eda de la esquina, al due\u00f1o de una verduler\u00eda o a un barrabrava futbolero. La esencia popular es precisamente ese car\u00e1cter policlasista, que conjuga elementos revolucionarios y conservadores, proletarios y burgueses, libertarios y autoritarios.<\/p>\n<p>Si -como sostienen- el poder popular es una nueva forma de relaci\u00f3n, y apunta a poner \u201cen marcha un nuevo ethos\u201d, creando \u201cotro mundo posible, un mundo distinto que se enfrenta al que ya conocemos\u201d, y al mismo tiempo \u201ces una praxis que en la misma medida en que va transformando los lugares de vida de las personas crea un bloque contrahegem\u00f3nico, un bloque que entra en confrontaci\u00f3n directa con el orden imperante\u201d, entonces el poder popular planteado de esta forma comienza a tener puntos en com\u00fan con el poder popular seg\u00fan lo ha entendido hist\u00f3ricamente la izquierda. Este poder se presenta como una anticipaci\u00f3n de la sociedad futura, como una pr\u00e1ctica gradualista, que apunta a reemplazar al Estado y al capital. Lo que no se explica es c\u00f3mo una cultura horizontal y libertaria, participativa e incluyente pueda tener cabida en una sociedad que es su negativo rotundo, en que los medios de comunicaci\u00f3n, educaci\u00f3n, explotaci\u00f3n y represi\u00f3n est\u00e1n en manos de quienes detentan realmente el poder. Claro que existen pr\u00e1cticas solidarias, ayuda mutua, cooperaci\u00f3n, altruismo y actitudes libertarias en el seno del pueblo, pero esto es m\u00e1s inherente a la condici\u00f3n humana que al ethos popular. Es sencillamente una ilusi\u00f3n creer que por propugnar el poder popular (como quiera que esto se entienda) vamos a estar m\u00e1s cerca de la auto-liberaci\u00f3n de las masas. El sistema capitalista ha demostrado una gran capacidad de absorci\u00f3n de todos los movimientos populares, de todo signo: Venezuela y Cuba son un muy buen ejemplo de esto. Cuando excepcionalmente los gobiernos que realmente ejercen el poder conceden la posibilidad de que la gente practique alguna forma de autogesti\u00f3n, siempre es bajo el permiso y supervisi\u00f3n directa o indirecta, cuando no el inter\u00e9s, del Estado.<\/p>\n<p>Es un error plantear que, \u201cel anarquismo que quiere socializar los medios de producci\u00f3n, tambi\u00e9n quiere socializar el poder y evitar que \u00e9ste se convierta en el privilegio de unos pocos\u201d, precisamente porque eso ser\u00eda socializar la asimetr\u00eda, haciendo del poder el \u201cprivilegio de la mayor\u00eda\u201d, y donde aquello que una mayor\u00eda denominada \u201cpopular\u201d imponga al resto \u201cmenos popular\u201d su particular visi\u00f3n de lo que debe ser. Es una peligrosa ingenuidad suponer que dicho poder popular crear\u00eda \u201cespacios alternativos de vida colectiva, lugares materiales y virtuales que escapan al control del capitalismo y de la autoridad\u201d. M\u00e1s a\u00fan cuando todas las experiencias hist\u00f3ricas han demostrado exactamente el contrario, y nunca pudo coexistir un espacio libertario por mucho tiempo en una sociedad estatal sin enfrentarse con ella (como en Ucrania o Kronstadt y la revoluci\u00f3n espa\u00f1ola), o siendo absorbido por el capitalismo y el Estado, como en Cuba o en la Venezuela bolivariana, donde el poder popular funciona como un mecanismo de autorregulaci\u00f3n capitalista.<\/p>\n<p>Contrariamente a los que sostiene la Red Libertaria Mateo Kramer, los anarquistas debemos aspirar a destruir toda forma de poder, sin dejar de organizarnos igualitaria y libremente, propugnando que el pueblo se autolibere. Porque las perspectivas pol\u00edticas del populismo y el socialismo antiburgu\u00e9s siempre ser\u00e1n reformistas, aspirando a lo sumo a un capitalismo gestionado por la clase obrera, mediante cooperativas, sindicatos, partidos pol\u00edticos o el \u201cEstado popular\u201d.<\/p>\n<p><strong>Ser anarquista implica estar en contra del poder en todas sus formas, no solamente en contra de \u201calgunas formas de poder\u201d.<\/strong> El poder colectivo no es ausencia de poder, del mismo modo que un capital colectivo no es ausencia de capital. El ser anarquista no puede reducirse a enfrentarse al poder burgu\u00e9s, sus agentes econ\u00f3micos, culturales y pol\u00edticos. No podemos hacer del pueblo o el poder popular un adorado fetiche, del que presuponemos revolucionario per s\u00e9. De lo contrario, pondremos al pueblo en el trono, para ser su propio opresor, alienado de s\u00ed mismo. Un poder popular negador de la liberaci\u00f3n humana y que, parafraseando a Bakunin, no va a ser menos prepotente porque lleve inscrito el r\u00f3tulo de \u201cpoder del pueblo\u201d.<\/div>\n<p style=\"text-align:right\"><strong><em>Publicado en el peri\u00f3dico anarquista \u201cLibertad!\u201d N\u00b0 52 (Julio\u2013Agosto del 2009).<\/em><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Al menos como es entendido en general por la izquierda, el \u201cpoder popular\u201d ser\u00eda una propuesta para construir el socialismo mediante un modelo de democracia participativa, que reestructurar\u00eda la organizaci\u00f3n sobre la que se sustenta el Estado. 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